Collided With Sunshiness

Capitulo 14: After - Party

Erik

Erik no perdió el tiempo. Con un movimiento muy fluido y cargado de una fuerza animal, la afianzó contra su pecho. Naomi sintió el mundo girar hasta que sus piernas quedaron envueltas firmemente alrededor de la cintura de él. Mientras avanzaban por el pasillo hacia la habitación, Erik no dejó de besarla; cada paso era firme, haciendo que el cuerpo de ella rebotara contra su pecho. Ella se sentía pequeña, casi frágil, pero con esa sensación de ser reclamada por la fuerza bruta de su hombre, que era exactamente lo que deseaba.

Al cruzar el umbral del dormitorio, Erik hizo un barrido visual. Los colores pasteles de las paredes contrastaban violentamente con la tormenta que él traía. Al ver la enorme cama, una idea posesiva cruzó su mente: ella ya era suya.

—Esta es tu última oportunidad para echarme, Naomi —gruñó él, su voz vibrando contra el cuello de ella mientras la sostenía—. Porque si me quedo, voy a deshacer cada uno de tus pensamientos hasta que yo sea el único que quede en tu cabeza.

Naomi le sonrió,

—No quiero pensar, Erik —susurró, tirando de su cabello para obligarlo a mirarla—. ¿Y quién te dijo que yo quiero que te vayas? Eres mío desde que te derribamos en aquel parque.

Erik soltó un gruñido que fue puro deseo primitivo. Se deshizo de lo que quedaba de ropa con una paciencia casi salvaje. La acomodó en la cama y se posicionó entre sus piernas, separándolas con sus rodillas, que eran casi tan anchas como los muslos de ella. La imagen era impactante: ella, delicada y radiante, atrapada bajo la sombra imponente del "Drakkar nórdico".

—Mírame —ordenó él, clavando sus ojos verdes en los castaños de ella—. Mira exactamente lo que me has hecho hacer. Mira cómo te voy a reclamar.

—Erik... por favor —suplicó ella, con la voz rota por la anticipación.

Él la recorrió con la mirada, devorando cada curva antes de poseerla.

—Eres tan pequeña... —gruñó, su pecho vibrando directamente contra el esternón de Naomi—. Podría romperte si no tuviera cuidado, y te necesito entera para lo que te voy a hacer sentir.

Sin más advertencias, la tomó. La estabilidad del colchón le permitió empujar con toda su potencia, llenándola por completo. Naomi se arqueó violentamente, sus dedos enterrándose en los bíceps de Erik como si fueran anclas. Su melena roja, finalmente libre del moño, se desparramó sobre las sábanas como fuego.

Erik enterró el rostro en el hueco de su cuello, inhalando su aroma antes de volver a devorar su boca con la desesperación de quien encuentra agua en el desierto del Sahara. Esa noche, el apartamento de Naomi dejó de ser un refugio de paz para convertirse en el escenario de una colisión inevitable.




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