Erik
Ya vestido para el que era su primer evento y cita con su mujer, este se volvió a mirar en el espejo con su traje hecho a medida Brioni, color negro y no pudo evitar pensar como se vería Naomi. Miro el reloj para saber la hora y cogió el gran ramo de rosas que le compró. Al llegar a su complejo de apartamentos, saludo a doña Gladys, la cual ya tenía a la manada con ella y lo elogio por su apariencia.
—¡Válgame Dios, Erik! Si no fuera porque ya tengo mis años, te robaba yo misma —exclamó la anciana, dándome una palmadita en el brazo—. Vas impecable, hijo.
También, vio a su perrihija Paris que lo analizó como si entendiera que no podía verse peor que su madre y se dirigió a tocar la puerta de su mujer. Al entrar noto el caos, que entendía que Stella envío y vio descender a su mujer en un vestido dorado que resaltaba sus curvas, sus rizos estaban más definidos que nunca y ese maquillaje que al final de la noche acabaría quitando en su loft :
—Cierra la boca, oso rojo, o vas a arruinar el traje y mi esencia —susurró ella, acercándose para que pudiera entregarle las rosas.
—Estás... peligrosa, mujer —logré decir, mi voz sonando más ronca de lo habitual—. No sé si voy a poder mantener las manos en su sitio durante toda la gala o la cita.
También imagino la ropa interior o la escasez del mismo, por lo que se ganó un guiño de su mujer, que lo miraba como si fuera el último chocolate del mundo. Al salir, vieron a su majestad Paris y a la manada, y a doña Gladys que saco su celular y tomo una foto de recuerdo.
—¡Quietos ahí! ¡Esta foto va para el Instagram ! —gritó emocionada.