Collided With Sunshiness

Capitulo 33: La Gran Cita

San Francisco, California
Restaurante La Belle Nuit

Erik

Salido del evento al que tuvo que acudir y dar a entender a todos que era un hombre comprometido con su rayo de sol, decidió dirigirse hacia el restaurante francés, con el cual había podido modificar la hora de la cita, Llegó como todo un caballero y abrió la puerta del carro para ella, la tomo de la mano y se dirigió a la entrada , agradeció que Liam tuviera tantos contactos y sitios que ir. Coloco a su mujer en la mesa y procedió a sentarse de frente a ella, con la vista de San Francisco como marco de su primera cita.

Al sentarnos frente a frente, la luz de las velas comenzó a jugar con el dorado del vestido y las facciones duras de su rostro.

Naomi

La luz de las velas proyectaba sombras alargadas sobre el mantel, y el murmullo del restaurante francés se sentía como un eco lejano frente a la intensidad silenciosa de Erik.
Estaba hipnotizado por la forma en que ella movía las manos al hablar, relatando historias sobre ella y sus pacientes, también sobre la manada y doña Gladys, hasta sus salidas con Sam y Stella.
A él le encantaba oírla hablar , ya que apagaba el ruido que siempre escuchaba dentro de los vestidores antes de cada partido. Él le hablo del juego a su manera, de su rutina. Aún así ella prosiguió:
-Eres un hombre de pocas palabras, capitán, pero cuando decides usarlas... —ella suspiró, jugueteando con el tallo de su copa—. A veces me pregunto si no te aburro. Hablo por los dos, literalmente. Te cuento desde el color de las cortinas del hospital hasta lo que desayunó mi vecina.
Erik extendió su mano, una mano que triplicaba el tamaño de la de ella:
No me aburres —afirmó él, bajando la voz hasta que solo ella pudo oírlo
¿Eso significa que habrá una segunda cita ? —preguntó Naomi , arqueando una ceja.
—Naomi , por ti aguantaría otras diez galas benéficas, encontronazos con esa mujer y venir a mil citas más . Pero no dejes de ser tú. —Eres un hombre de pocas palabras, capitán, pero cuando decides usarlas... —suspiró.
El restaurante pareció desvanecerse. En ese rincón, Naomi no sabía callar y él que solo hablaba con la mirada encontraron el equilibrio perfecto. Ella le regaló la sonrisa más brillante de la noche.




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