Naomi
Al salir del restaurante, el aire fresco de la noche golpeó a Naomi , recordándole que sus pies ya no daban más de sí. Tras horas de gala y una cena llena de anécdotas, el cansancio empezaba a ganarle la batalla a su entusiasmo.
Erik que caminaba a su lado con ese andar pesado y protector de quién protegía un balón con su vida, decidió que al verla ya cansada pasarían a lo último de la noche y lo que más estaba esperando, llevarla a su loft para estar con ella de la manera más íntima posible.
—La noche no ha terminado,rayito de sol —susurró mientras arrancaba el carro—, pero el resto será a nuestra manera.
Llegaron a la que sería la guinda del pastel, ya que al saber que la iba a llevar a su apartamento, dejo preparado un surtido de postres y champagne, sabiendo que no iba a pedir postre en el restaurante francés por las pequeñas porciones. Cosa que la emociono:
—Eres increíble, ¿lo sabías? —murmuré, tomando una fresa bañada en chocolate y llevándola a sus labios.
—A la mierda el postre —gruñó él contra mis labios, levantándome como si no pesara nada.
Ella no pudo dejar pasar la ocasión de besarlo y que empezará a fluir lo que sería el resto de esa maravillosa noche.