Erik
Al llegar al hospital donde trabajaba mi mujer para empezar con su terapia de rehabilitación del hombro , este se percató del caos del hospital , doctores corriendo, enfermeras susurrando, alarmas y monitores, todo lo que él detestaba, pero del mundo médico que no entendía y del cual sabía que formaba parte del día a día de su mujer. Llegó con el cabestrillo puesto, para su primera sesión con el fisioterapeuta Marcus O'conner, siendo recomendado por su equipo, como uno d ellos mejores en el campo, ya que había trabajado antes con atletas. Una enfermera me guió amablemente hasta el área de fisioterapia. Al cruzar la puerta del consultorio, lo vi allí sentado detrás de un escritorio escribiendo, estaba detrás de la computadora dicho hombre.
—Erik Vancey ,¿cierto? Soy Marcus O'Conner. Un gusto —dijo con voz engolada , pero ni por cortesía me ofreció asiento.
—Hola —respondí, seco, quedándome de pie.
Mientras empezaba a explicarme los tecnicismos de mi lesión y el enfoque de la rehabilitación, no pude evitar detallarlo: figura alta pero no más que la de él , cabello sedoso tipo comercial de champú, rubio castaño con su uniforme. En resumen: era un maldito muñeco Ken, y no en el buen sentido. Era la definición gráfica de un ególatra. Mientras el fisioterapeuta seguía hablando de una supuesta rutina que lo hizo famoso para su lesión , lo que rompió el vaso fue cuando menciono a su mujer dando entrever que la conocía de antes y que fue más que amistad.
-Aunque, bueno... ya me habían advertido que eres un paciente difícil.- Dijo Marcus.
Fruncí el ceño.
—¿Ah, sí? ¿Quién?
Marcus soltó una risita cómplice, esa clase de risa que te da ganas de estampar a alguien contra la pared o darle hasta que caiga inconsciente.
—Naomi, por supuesto. Me crucé con ella en el pasillo ayer. Sigue igual de hermosa que siempre. Trabajamos juntos hace un tiempo, ¿sabes? —Hizo una pausa dramática, pasándose la mano por el cabello por quinta o décima vez—. Aunque, en realidad, compartimos mucho más que turnos. Fuimos... bastante cercanos en su momento. Digamos que la conozco muy bien.
Antes de que pudiera hacer algo , apareció su mujer Naomi, a aliviar la situación, teniendo que escuchar los intentos del bromas del sujeto para luego agárralo de su mano buena ,
—¿Cómo va todo por aquí? —preguntó ella, mirándonos a ambos —¡Naomi! Qué milagro mujer —exclamó Marcus, cambiando su tono a uno ridículamente coqueto—. Justo le decía aquí al campeón que está en las mejores manos. Le estaba prometiendo que lo cuidaré también como tú lo cuidas en casa... o incluso mejor. Si recuerdo bien.
Naomi ni parpadeó ante su comentario, manteniendo una expresión profesional.
¿Ya terminaron con la evaluación?- Dijo ella, viéndolo a los ojos a él.
—Sí, ya tengo el plan —respondió el rubio, levantando las manos en señal de paz, aunque con una sonrisa burlona.
—Perfecto. Nos vamos oso —sentenció Naomi.
Después de finalizada la consulta e irse con su mujer, supo que esa era la primera y última vez que vería a aquel imbécil, el cual su mujer solo miraba como un idiota.