Collided With Sunshiness

Capitulo 41: Gruñón

Naomi

Al llegar al segundo mes desde el accidente y de tener una rutina hecha con su hombre sobre las terapias en casa, sus reuniones con el equipo ( las cuales hacia virtuales) , sus turnos en el hospital y la manada. Ella no podía sentirse más que estresada, ya que no había recibido la visita trimestral de Stella en eso meses, ya que su hombre estaba en el apartamento hasta sanar y cuando no estaba, doña Gladys se quedaba a intentar hacerle compañía junto con el cuidado de la manada y las constantes llamadas de Liam, para saber cómo iba su mejor amigo. Ni siquiera los masajes que ella le daba o las noches de sexo. Él vivía con su ceño ahora más pronunciado. Ahora, no se encontraba en el apartamento porque había salido con la manada al parque central a correr, eso le dio un tiempo a solas para organizar y beber una copa de vino, antes de que él caos llegará a su vida nuevamente.
Decidió darle una llamada a sus dos mejores amigos: Sam y Stella.

—¡Hola, mi Nao! —saludó Stella, acomodándose el cabello—. Mírate esa cara, Naomi. Estás a un turno de hospital de parecer un zombie.

—Gracias por el subidón , Stella —dije, dando otro trago al vino—. Hola, Sam.

—Hola, Naomi —sonrió Sam desde lo que parecía ser el hospital—. Ignora a Stella, aunque tiene un punto. Te ves agotada. ¿Cómo va nuestro paciente estrella?

—Ese es el problema. —suspiré, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá—. Chicos, ya no sé qué hacer con mi oso rojo. Está insufrible, bueno un poco más de lo normal . Su ceño fruncido ya tiene su propio código postal. Entiendo que odie estar lesionado, pero su humor está insoportable y tengo miedo de que se coma a alguien, y no hablo de los perros. Necesito ideas para desestresar a mi oso rojo antes de que cometa un crimen.

Stella soltó una carcajada y se acercó a la cámara con una mirada pícara.

—A ver, querida. Los hombres son criaturas simples. Si los masajes no funcionan, tienes que sacar el armamento pesado. Mi recomendación: Lencería.

Sam rodó los ojos, pero terminó asintiendo con una sonrisa cómplice.

—Aunque el plan de Stella suena muy... de ella, admito que tiene lógica. Pero Nao, el problema principal es que están encerrados en la rutina del apartamento y el hospital. Cambien de aire.

—¿Cambiar de aire? ¿Cómo? —pregunté, interesada.

—Váyanse un fin de semana solos —propuso Sam.

—Eso, ¡un retiro express! —secundó Stella, aplaudiendo.

Miré el líquido rojo en mi copa, procesando la idea. Un retiro. Dos días a solas con él, lejos de las preocupaciones del día a día.

Justo cuando me reía de las ocurrencias de mis amigos, escuché el sonido de las llaves dentro de la cerradura.

—Tengo que colgar, ya llegó el dueño del ceño —susurré con una sonrisa—. Gracias, los amo.

Corté la llamada justo a tiempo para ver abrirse la puerta. Entró la manada jadeando y, detrás de ellos, mi oso rojo de ceño fruncido, sudado y con esa energía contenida que parecía hacer vibrar las paredes.

Guardé el teléfono, le di el último trago a mi copa y sonreí. El plan de rescate para mi oso acababa de comenzar.




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