Collided With Sunshiness

Capitulo 42: El Retiro

San Francisco, California

Retiro ¨ The Great Reset: For Couples Only)

Viernes

Erik

Desde el día en que mi mujer me miró a los ojos y me exigió —porque no fue una petición, fue una orden directa— que limpiara mi agenda por completo, supe que no tenía opción. Coordinó todo a mis espaldas con sus mejores amigos, con doña Gladys para los perros, con Liam, y hasta con mi nuevo fisioterapeuta. Si me hubiera negado, estaba seguro de que me asesinaba, y la verdad es que con Naomi prefiero no jugar.

Ya era el día de ellos irse por tres días y dos noches a dicho lugar el cual solo ella sabía , empacaron todo , y ella habiendo dejado todo preparado cuando decidió conducir , ya que él llevaba el cabestrillo por la lesión. . Al ir en el carro, el la miraba esperando que le dijera hacia donde irían pero su mujer era igual o más terca que él,

—Ni lo intentes, oso rojo —me dijo, regalándome una sonrisa de medio lado sin apartar los ojos de la carretera—. Necesitamos irnos lejos del mundo. Solos.

Al llegar, entramos a un complejo privado que de inmediato cambió el ánimo. El panorama era increíble: parecía una cabaña de diseño ultra moderno convertida en un hostal boutique de lujo. En el front desk dimos nuestros nombres y nos entregaron la llave de la suite. Según Naomi,¨mi mejor amigo¨ Liam se había encargado de reservar la mejor habitación del sitio.

Lo primero que vieron al llegar fue la vista hacia un lago, luego un jacuzzi donde ella seguro planearía seducirlo, la cama de gran tamaño para ambos y el gran regalo envuelto mandado por su mejor amigo.

Al abrirlo, nos encontramos con una colección de juguetes sexuales de diferentes tamaños y formas.

—Voy a matar a mi mejor amigo. Juro que lo voy a colgar de un puente en cuanto lo vea —gruñí, sintiendo el calor subirme a la cara.

Naomi soltó una carcajada haciendo que la tensión bajara. Mientras, Naomi se movía con total fluidez, le pidió que llamara al Room Services , dando así inicio a su viaje.

Naomi

El plan de rescate para mi oso rojo estaba oficialmente en marcha, estructurado en mi mente en cinco pasos infalibles.

Primero:Mientras él intenta leer un libro (y probablemente frunce el ceño porque no entiende a los personajes), yo empiezo a darle un masaje relajante , así que comienzo a sacar las diferentes cremas y a ambientar la habitación, después de comer. Aunque no funciono porque se quedo dormido.

Segundo : Le preparo un baño en la tina con Sales Epson para relajar músculos, poniéndome el traje de baño más corto en la bolita del mundo. Eso solo hizo que se recostará y me jalara con él evitando el lado sexual.

Tercero: Decidir sacarlo del cuarto y dar varias caminatas juntos frente al lago y al complejo. Solo hizo que el creyera que era un entrenamiento.

Cuarto: Cenar juntos en los restaurantes del hostal , con vestidos súper cómodos pero ella viéndose sexi. Él solo la apreció, y comió como nunca antes.

Cómo ningún paso conseguía bajar el aura de estrés de él, decidió llevarlo a las aguas termales como quinto y último paso porque se estaba cansada de su actitud todavía más gruñona.

No es que el sexo enojado no fuera bueno, pero quería a su hombre de regreso , por eso recurrió a esto último. Se decanto por ponerse la bata e intentar sacarle una conversación verdadera. Llegaron a las aguas termales del retiro. Me crucé de brazos dentro del agua y nadé hasta quedar justo frente a él. Lo miré con total seriedad.

—Ya basta, Oso —le dije, plantándole cara—. Hasta aquí llegué. He intentado de todo desde que llegamos: masajes, baños, caminatas, lencería... y tú sigues metido en ese caparazón. No voy a aguantar ni un solo ceño fruncido más en este viaje. Extraño a mi hombre, no al ogro/oso que tengo al lado. Habla conmigo de una maldita vez.

Erik parpadeó, sorprendido por mi firmeza. —Lo siento, Naomi ... De verdad lo siento —confesó, y su voz sonó rota, vulnerable—. Es que... me duele el brazo. No solo físicamente. Me duele sentirme un inútil.

Me vuelves loco, Naomi. Mis intenciones de conquista están intactas, te deseo cada segundo. Pero me frustra no poder darte el cien por ciento de mí porque estoy roto. Me da miedo no volver a ser el mismo de antes.- Termino de decir él.

Me acerqué más, rodeando su cuello con mis brazos, cuidando de no presionar su hombro lesionado.

—Oso... —le susurré, pegando mi frente a la suya—. Nunca vas a ser una carga para mí.

Erik cerró los ojos, aliviado, y me dio un beso suave, lleno de una ternura que me devolvió el alma al cuerpo. Su rostro finalmente se relajó. La línea de su frente se borró por completo.

—Gracias por no rendirte conmigo.




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