Erik
Después del desastre de la fiesta donde perdió el control al ver a otro hombre con su mujer y el estar en todas las noticias y revistas de chismes, habiendo pasado ya cuatro días del evento, recibió una reprimenda de su entrenador, su publicista y obvio las posibles repercusiones legales de tal acto. La única respuesta que esperaba era la de su mujer que lo había estado evitando , por lo que no quedó de otra que llamar a Stella y doña Gladys que estaban obviamente del lado de ella.
Así que decidí tomar la situación en mis manos, después de su suspensión y de estar exiliado esos días , fue a buscarla .
La vi salir por las puertas principales, con el uniforme puesto y ojeras que delataban que tampoco había dormido bien. En cuanto me vio parado junto a mi auto, sus pasos se detuvieron en seco. Su rostro se endureció por completo.
—Naomi, por favor —le dije, dando un paso hacia ella —. Necesitamos hablar. No podemos seguir así.
—¿Hablar, Erik? ¿Ahora sí quieres hablar? —su voz era un susurro afilado.
—¡Ese tipo te estaba faltando al respeto! —me defendí
—¡Y tu brillante solución fue darle exactamente lo que quería! —exclamó Naomi, dando un paso al frente, con los ojos encendidos. Rhode quería destruir tu reputación, quería que el mundo te viera como un loco violento que no sabe controlarse, ¿Tienes idea de lo que ha sido mi semana en el hospital? Todo el mundo me mira, murmuran a mis espaldas, los periodistas me siguen... Nos convertiste en un circo.
—No me toques, Erik. Estoy harta —sentenció, y la frialdad de sus palabras me congeló.
—Naomi, soy tu hombre. Déjame arreglar esto...
—No se puede arreglar ahora. Vete a casa, cumple tu suspensión y piensa en lo que hiciste. No me busques.
Sin darme tiempo a replicar, Naomi dio media vuelta, levantó la mano para detenerme y se subió sin mirar atrás en su coche.