Collided With Sunshiness

Capitulo 49: Comeback Drakkar Nórdico

Erik

Veintiún días. Quinientas cuatro horas. Treinta mil doscientos cuarenta minutos. Ese era el conteo exacto que llevaba grabado a fuego en el cerebro desde la última vez que había escuchado la voz de mi rayo de sol. Liam, le había dado ideas sobre como recuperar a su mujer pero ninguna lo convenció, desde un gesto romántico hasta serenata , aunque no hablara mucho , así que harto de la situación decidió ir a por su mujer aunque acabará en orden de arresto y/o orden de alejamiento.
Eran pasada la medianoche noche , sabía que ella salía de turno a esa hora y que ya no tenía reporteros esperando afuera del hospital, la sintió desde millas de distancia, como una brisa potente o una sensación cálida y decidió que era ahora o nunca. Bajo el cristal del carro, vio como se despedía de Sam e hizo acto de presencia, cosa que solo le ganó el hecho de que ella lo mirara enojada y cruzándose de brazos.

—¿Qué quieres, Erik? —preguntó ella, con una voz que intentaba sonar fría, pero que delataba el cansancio.

No respondí. Simplemente caminé hacia ella con paso firme, me planté enfrente y, antes de que pudiera parpadear o protestar, la levanté en vilo y la acomodé sobre mi hombro como si de un saco de papas.

—¡Erik! ¿Pero qué demonios te pasa? ¡Suéltame ahora mismo! —empezó a gritar, propinándome una serie de golpes en la espalda con sus puños. Sabría que serían titular matutino pero no le importo, la subió al auto y arranco para su loft. Al llegar, y con ella todavía cargada, saludaron al conserje y subieron al elevador. Ella enojada y el con toda la calma del mundo.

Dentro del loft ella hizo la cosa más sensata que encontró que fue tirarle lo primero que encontró, obviamente no su Stanley cup rosa, eso era un sacrilegio sino una de sus crocs rosas también. Él no esquivo ninguno de los golpes solo espero que ella se desahogara para poder agarrarla de la cintura y empezar con su monólogo de perdón :

—. Escúchame bien, porque no te voy a hablar como siempre. No vengo a darte excusas, Naomi. Tienes toda la maldita razón. Me volví un imbécil amargado desde el accidente, me dejé consumir por el miedo de perder lo que hago y terminé desquitándome con el mundo y arriesgándote a ti. Fui un cavernícola en esa fiesta y no medí las consecuencias.

—Pero estos veintiún días sin ti han sido el peor maldito infierno de mi vida. Me di cuenta de que el rugby se puede acabar mañana, Naomi, pero mi vida contigo no. No quiero ser ese tipo peligroso que te asusta. Quiero ser el hombre del que te enamoraste. Perdóname. Déjame volver a casa.

Cosa que la fue suavizando en la mirada porque no le estaba hablando como siempre. Al final, viendo que él había empezado la charla, ella lo beso y lo amenazó.

—Estamos juntos en esto, Erik. Somos una pareja, pero bajo una condición innegociable: vas a ir a clases de manejo de la ira. Mañana mismo te inscribes, o te juro que la próxima vez uso la Stanley cup en tu cabeza. ¿Queda claro?

—Queda perfectamente claro—respondí.

Sin darle tiempo a replicar, la cargué una vez más, pero esta vez con delicadeza, acomodándola en mis brazos para caminar en dirección a mi habitación.




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