Colores de mi propio arcoiris

Descubriendo colores

Mientras iba a clases, encontré un cartel en un muro. Era pequeño y decía: “Club de Artes: Expresa lo q sientes sin miedo” Me gustaba la idea de dibujar, pintar, leer… sentía que esos eran mis hobbies, que me hacían sentir viva, el arte era mi vida. *¿Y si voy?* Tomé el cartel y lo metí en mi mochila.
Durante las clases, no dejaba de pensar en el club de artes. Qué fantástico sería pintar, dibujar y mucho más… pero también tenía miedo. *¿Y si me molestan? ¿Y si me dicen cosas hirientes?*
Cuando llegué a casa, me esperaba mi hermana mayor.
—Vale, llegaste —dijo mientras preparaba la cena.
—Sí —le respondí, cansada. Lo único que quería era acostarme y no hacer nada.
—¿Cómo te fue en el cole? —ella siempre sonreía, aunque estuviera pasando un mal momento. La admiraba con todo mi ser. Quería ser como ella. Era una artista callejera; hacía arte en las calles. Un día, un amigo de mi hermana vio su talento y se lo dijo a un gerente, y así consiguió trabajo en una galería llamada *Las Artes Bellas*. La admiraba porque siempre hacía todo por sacarnos adelante.
—Me fue bien, hermana, lo mismo de siempre. Las clases de matemáticas las odio, no entiendo para qué sirven —dije. Mi hermana solo se rió.
Al día siguiente, me desperté, bajé a desayunar, ordené mis cosas y me fui en el colectivo al colegio. Durante el camino seguía pensando en el club de artes, pero me armé de valor. Cuando llegué, fui a la sala donde se hacía el club. Era muy lindo: las paredes estaban coloreadas con dibujos de todo tipo. Era un paraíso.
—Hola —me saludó una niña de mi edad, con pelo castaño, del mismo tamaño que yo.
—Hola —respondí, asustada, pensando que podían hacerme una broma.
—Soy Antonia, ¿y tú? —me preguntó.
—Soy Valentina.
—Un gusto, Valentina. No suelo hablar mucho con la gente, pero parecías una persona agradable.
—Yo tampoco hablo con mucha gente —me reí por los nervios, y ella también se rió.
Nos sentamos en un banco esperando a la profesora. Mientras hablábamos, me di cuenta de que Antonia era como yo: sufrió bullying desde chica porque usaba lentes. No entiendo por qué la gente es así…
Mientras seguíamos conversando, llegó la profesora.
—Hola, chicos. Me alegro mucho de que estén aquí. Me llamo Camila, pero me pueden decir *Profe Cami*. Hoy vamos a conocernos, y en la próxima clase empezaremos con los lienzos, ¿de acuerdo? —dijo con una voz tan suave como las olas del mar. Todos asentimos y dijimos que sí.
Al día siguiente fuimos a la sala de artes, y allí estaba la Profe Camila.
—Hola, profe —le dije tímidamente.
—Hola, Valentina, qué gusto que vengas un día más —dijo sonriendo. Ella era tan amable; transmitía tranquilidad con solo estar ahí.
Mientras mis compañeros llegaban, la Profe Camila comenzó a repartir lienzos.
—Chicos, estos lienzos son suyos. Todos sus sentimientos tienen que plasmarlos en él, y al final hablaremos sobre lo que significa cada uno de sus lienzos. ¿Les parece la idea?
Todos dijimos que sí, y comenzamos la actividad.
Me senté frente a mi lienzo y empecé a pintar. Inicialmente, utilicé gris, negro y azul… colores que representaban tristeza y miedo. Luego añadí rosa, amarillo y verde, símbolos de esperanza y alegría.
Mientras pintaba, alguien se acercó: era mi compañero Diego.
—Nunca imaginé que la tristeza pudiera ser tan hermosa —dijo él.
—No sé si es hermosa, pero eso es lo que siento —respondí.
—Eso es lo que la hace hermosa. Sentir es un acto valiente.
Yo solo sonreí; él entendía exactamente lo que pensaba y sentía




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