Al día siguiente, le dije a la Profe Cami que sí haría el discurso. Pasé toda la tarde trabajando en él, pero estaba en blanco y no sabía por dónde empezar. Por suerte, mis amigos y Diego me ayudaron a organizar mis ideas y darle forma al discurso.
Llegó el día. Mientras me estaba cambiando de ropa, llegó Diego.
—Hola, Vale. ¿Cómo estás? ¿Preparada? —me preguntó.
—Hola… estoy un poco nerviosa —le dije mientras me tocaba el pelo para controlar mis nervios.
—Lo vas a hacer muy bien, y el discurso quedó perfecto —se acercó y me dio un beso.
Mientras nos besábamos, de repente se me ocurrió algo para el final del discurso. Me separé de Diego, tomé la hoja donde estaba escribiendo y añadí mi frase final. Después de eso, lo abracé de nuevo y pasamos un rato así, llenos de nervios y emoción.
Llegó la hora de presentar. Estábamos en una galería de pinturas, y toda la escuela me miraba, murmurando entre ellos: *“¿Y ella qué va a hacer?”*
Yo estaba muy nerviosa, pero mis amigos estaban a mi lado, diciéndome que todo iba a salir bien. Subí al escenario, puse mi lienzo sobre un mostrador y me preparé para hablar