Alguna persona que presenció el accidente realizó la llamada a los servicios de emergencia, llegaron en cuanto les fue posible y me trasladaron a la clínica más cercana, fueron varios los huesos rotos y desacomodados, por esa razón estuve bastantes horas en la sala de cirugía, en la sala de espera mi madre estaba hecha un mar de lágrimas y un manojo de nervios mientras mi padre intentaba mantenerla calmada y en sus cabales.
Una vez terminaron los procedimientos pertinentes, los doctores informaron a mis parientes que al parecer me encontraba fuera de peligro, que era cuestión de esperar cómo reaccionaba a los medicamentos pero sobre todo que debían esperar a que despertara del estado de coma en el que me encontraba, al escuchar al doctor mi madre rompió en llanto, mi padre intento tranquilizarle diciendo que lo importante era que estaba vivo y que en cualquier momento despertaría, era solo cuestión de paciencia y de mucha fe, pero que él estaba seguro que me levantaría muy pronto, así permanecieron un largo rato hasta que los nervios y el impacto de la noticia cedieron y mi madre recuperó gradualmente la calma.
Momentáneamente comencé a percibir el sonido de todo cuanto a mi alrededor ocurría, creo que comencé a recobrar la consciencia, si es que a ese estado se le puede catalogar como estado de consciencia, todo seguía siendo oscuro, al comienzo me invadía el terror ya que tengo, o quizás tenía un grado leve de claustrofobia, escuchar pero no ver me daba la sensación de estar en un cuarto muy reducido sin nada que iluminara y me permitiera ver mi entorno, adicionalmente intenté moverme, quise ponerme en pie pero por más que lo pensaba, a pesar que mi concentración estaba completamente enfocaba en realizar el movimiento, no lo conseguía, es una sensación difícil de asimilar y completamente aterradora.
─¡Dios mío!, ¿Qué me está ocurriendo?, no puedo ver, no puedo moverme, ¿Qué me pasó?, ¿Acaso quede en tan malas condiciones?
Intenté visualizar como me encontraba en aquel instante, la única imagen que a mi mente llegaba del posible estado de mi cuerpo era funesta, mi cuerpo completamente mutilado, sin brazos ni piernas, quizás con el rostro completamente destruido, por esa razón no percibía olores y mucho menos podía ver, ¿sería posible que estuviera en un estado tan lastimero?, el desespero fue aún mayor así que intenté gritar con todas mis fuerzas, pedir ayuda, llamar a alguien que viniera a explicarme, a comentarme sobre mi situación real, lo intenté muchas veces pero al parecer el sonido no salía de mi cuerpo, no percibía ni siquiera las cuerdas bucales vibrar, era terrible, persistentemente seguí intentando llamar a alguien, moverme, hacer algo para llamar la atención de alguien que por casualidad se encontrara cerca de mí, pero los esfuerzos eran vanos y solamente lograban hacer que mi desespero y mi frustración creciera de manera exponencial, no valía orar, tampoco suplicar a la vida, al universo, a Dios, mi desesperación no daba tregua y me sentía como suspendido en el aire o peor aún en el espacio exterior en donde no puede viajar el sonido, en un sitio en el que ni siquiera la luz lo hace, era terrible pensar que quizás estaba muerto, me cuestionaba si esto era la muerte, estar suspendido en la nada, sin saber si existes o no, sin tener conciencia de sí posees forma física, un cuerpo , algo tangible y que brinde una forma a tu ser, muchas cosas pasaban por mi cabeza, muchas dudas, pero todo era simple incertidumbre y temor, por momentos trataba de acallar mi mente, me sumergía en la nada, no habían imágenes, ni pensamientos, menos sensaciones, tampoco olores, de hecho no se percibía clima o temperatura, nada, y mientras sentía que no había nada mis pensamientos nuevamente se apagaban, perdía cualquier foco de recuerdo o de aprendizaje, no sé por cuánto tiempo permanecía inmerso en la nada, quizás hasta que algún evento lograba despertar alguno de mis sentidos, en ocasiones eran luces… unas luces pequeñas y de colores que podía ver por momentos, a veces intermitentes, otras veces fijas, en ocasiones silenciosas, en otras con sonidos extraños, a veces molestos, todo era tan extraño, ilógico e incomprensible desde cualquier punto de vista.
Un día logré escuchar la voz de mi madre
─Hijo, te extrañamos mucho, es muy doloroso verte ahí en esa cama, inmóvil, sin reacción alguna, como si estuvieras muerto, sin tus risas, tu humor y las constantes bromas que solo a ti se te ocurren, tu tía Luisa se encuentra muy enferma, le descubrieron una enfermedad cardiaca y tratan de controlarla, pero se ha deteriorado mucho, está muy mal, han pasado tantas cosas desde que estas en esa cama.
No lo podía creer, mi tía siempre fue una mujer fuerte, era difícil para mí imaginar que estuviera mal, quisiera visitarla, darle un abrazo, ella siempre fue muy especial conmigo, cariñosa y cómplice, “pensé”, cuando me levante la visitare, esa debía ser una razón de muchas para hacerlo, un motivo más. Me alentaba escuchar a mi madre que aunque desesperada y triste me daba indicios que aún había esperanza de vida, aun había oportunidad de ponerme en pie.
De nuevo silencio, luces, ruidos extraños, ese profundo limbo en el que parezco no existir, que molesto, es desesperante, irritante,─¿alguien puede escucharme?, ¿nadie?, Dios necesito levantarme,─ pero mi plegaria parecía no ser escuchada, el silencio y la oscuridad me consumía y nuevamente parecía no tener consciencia.
De nuevo escucho la voz de mamá, más que su voz es su sollozo, intenta articular palabras pero el llanto le ahoga, la escucho, la siento en su profundo desespero.
─Mamá, no te preocupes viejita, todo estará bien.
Y como si me hubiera escuchado la escucho acallar el llanto y hacer un esfuerzo para decir:
─Nada está bien, nada es como solía ser, tu tía después de una larga lucha claudicó, murió.
─¿Murió?, como que una larga lucha si apenas hace un rato me contaste, que estaba enferma, no entiendo lo que está sucediendo, mamá, ¿Qué ocurre?