Coma

4

Habían transcurrido varios días y tenía prácticamente todas las cosas listas para iniciar con mi negocio, solo era cuestión de esperar las cotizaciones restantes para decidir con quién compraría las maquinarias y suministros necesarios, escoger un buen lugar y comenzar a pagar la renta, de manera tal que en cuanto comenzara a recibir los insumos tener el lugar adecuado en donde almacenarlos, pero para ello debía tener efectivo, así que decidí ir al cajero automático para retirar una buena suma, de manera tal que el dinero no fuera una limitante el cajero estaba relativamente libre, la fila para acceder realmente era corta, por esa razón no tardé, al salir, decidí dar un pequeño paseo y tal vez ir a comer algo, me dirigí a un restaurante de comida mexicana, recordé que me gustaban mucho los burritos y las quesadillas, había un sitio que frecuentaba y quise ver si se encontraba aun funcionando, fue grato ver que no solo aún existía, lo habían ampliado y estaba mucho más colorido y cómodo, pude recordar que cuando lo frecuentaba era bastante pequeño, pero no me importaba por que la comida era realmente deliciosa. Una vez revise con calma la carta, me decidí por unas quesadillas acompañadas de una cerveza fría, hice el pedido con la mesera que tan amablemente me atendió, en cuanto la orden llegó a la mesa me dispuse a disfrutar, era sublime, me deleité con el sabor tal como la primera vez, en cuanto terminé me dirigí a la caja, en ella se encontraba el dueño, don Pedrito, apenas me vio me reconoció.

─Muchacho ese milagro de verlo, llevaba tiempo sin venir por acá, era de mis mejores clientes y de repente no volvió, ¿estaba de viaje?, ¿o es que acaso algo le había molestado?

─No don Pedrito, nada de eso, me ausenté porque desgraciadamente tuve un aparatoso accidente y me encontraba en un prolongado estado de coma.

─No me diga, entonces debió ser muy grave para que haya estado en estado de coma y por tanto tiempo, ¿cuánto fue?, ¿tres años tal vez?

─Siete aproximadamente don Pedrito.

─Santa madre de Dios, ─dijo mientras se persignaba ─ ¿y eso cómo fue?

─En mi motocicleta, un auto me rozó y bueno, el resto es historia.

─Esas motocicletas son muy peligrosas yo siempre lo he dicho, por eso a mí no me gustan.

─Es un concepto bastante común ─. Dije mientras sonreía.

─Lo importante mijo es que ya está bien, mi Dios es grande y bondadoso y lo tenemos otra vez por acá, enterito y sano.

─Es verdad soy muy afortunado por estar bien y por haber tenido de nuevo la oportunidad de comer sus quesadillas ─. Dije mientras sonreía.

─Si mijo, ojala con lo ocurrido se aleje de esos aparatos tan peligrosos.

─No le puedo garantizar nada mi don, soy un fanático de las motos y la adrenalina.

─Ay estos muchachos que no aprenden, ven que la muerte está lejos, dan por sentado que es así y juegan con la vida, no la aprecian como se debe.

─No señor, no es eso, por lo menos no en mi caso, lo que ocurre es que disfruto tanto de la vida que quiero vivirla con emoción, hacer cada cosa que me recuerde precisamente eso, que en un instante se puede apagar y que por tanto debo disfrutarla, vivirla, sin temor, sin dudas ni remordimientos.

─Que extraña forma de pensar, pero como todo punto de vista es respetable ─. Dijo con una sonrisa amable.

Me despedí con total gratitud por la atención, la breve pero grata charla, la buena comida y sobre todo, por el detalle de recordarme aun después de tanto, me fui de allí como dice el dicho, con mi barriga llena y mi corazón contento.

Salí caminando con una maravillosa sensación, y con una paz interna inigualable, desafortunadamente no perduró mucho tiempo puesto que a pocas cuadras al girar en una esquina, tres hombres me rodearon, me invadió una sensación de pánico, quise correr pero era imposible, estaba rodeado así que huir no era opción, miré a mi alrededor y no había quien me pudiera dar auxilio, no sabía qué hacer, mi mente se nubló completamente y el pánico e incertidumbre me invadieron.

─Quédese quietico y verá que no le va a pasar nada, no vaya a hacer pendejadas porque ahí si es que lo podemos estar jodiendo─. Dijo uno de los asaltantes mientras me miraba de manera amenazante.

En cuanto terminó la frase, los tres sujetos me enseñaron unos cuchillos bastante grandes e intimidantes, por mi parte obviamente sentí miedo, acababa de regresar de la muerte y nadie que pase por eso quiere volver a ella tan pronto.

─No señores, llévense lo que quieran, pero no me hagan nada─. Dije completamente aterrado.

Entre risas sardónicas e incluso sádicas comenzaron a buscar en mis bolsillos, en los del pantalón inicialmente, el dinero lo había guardado en un bolsillo interno que tenía la chaqueta, al ver que en la billetera y en los bolsillos del pantalón no tenía dinero comenzaron a agredirme verbalmente, creo que todas las palabras soeces existentes las dirigieron hacia mí, el desespero comenzó a invadirme, ya comenzaban a buscar en mi chaqueta era inminente que hallarían el dinero y se lo llevarían, la adrenalina comenzó a invadir mi cuerpo, sentía como mi ritmo cardiaco se aceleraba y como el flujo de sangre aumentaba en cada uno de mis músculos, una sensación de calor invadió mi cuerpo junto con la de ardor en el estómago, de repente un fuerte mareo nubló todo, escucho mi entorno lejano y con eco, sentí como si el universo y el tiempo se hubieran detenido allí.

─Debo calmarme, vamos David, respira… cálmate… respira.

Comencé a repetirlo una y otra vez como si de un poderoso mantra se tratara, creo que por lo menos funcionó, mi corazón comenzó a bajar el ritmo, el ardor en el estómago gradualmente se hizo más tenue hasta desaparecer la adrenalina que invadía mi cuerpo junto a la congestión sanguínea dejaron de causar temblores y comenzaron a darme una sensación de fuerza, de repente estaba tranquilo y tenía plena confianza en mí, mire a los tres hombres y note que percibía absolutamente todos sus movimientos como si se tratara de un efecto de cámara lenta, mi reacción a partir de ese instante comenzó a ser fluida y natural, tal como si fuera poseedor de un excelente estilo de combate y llevara años de riguroso entrenamiento comencé a moverme de forma fluida, parecía una danza defensiva, mi cuerpo actuaba por sí solo, mi pierna derecha en un movimiento triple y sin apoyarse nuevamente en el piso se desplazó despojando a los sujetos de sus respectivas armas, en un movimiento rápido, detuve al hombre frente a mí, en su intento por asestar un puño y con gran facilidad disloqué su hombro, dejándolo fuera de combate y sumergido en gritos de dolor, el sujeto que se dirigía por mi derecha intento patearme y con mi mano detuve su pierna levantándola más alto y pateando sus bajos, por ultimo al otro sujeto no le di tiempo de reaccionar y con una patada descendente le fracturé la rodilla, justo en ese instante la percepción que tenia del mundo y del tiempo regresó a la normalidad, el tiempo ya parecía correr a su velocidad habitual y los gritos de dolor que emitían aquellos hombres se escuchaban claramente, eran desgarradores y estridentes, invadían el ambiente, por mi parte me eché a correr rumbo a mi casa, con una mezcla de sentimientos, entre sorpresa, miedo y satisfacción, era difícil dar crédito a lo que había ocurrido, no entendía como había reaccionado de esa manera y mucho menos de donde había salido a relucir ese espíritu de combate, jamás había sido agresivo, nunca había peleado con nadie, desconocía un aspecto de ese tipo en mí, de hecho en mi época de secundaria solía ser el chico al que todos molestaban y en ocasiones golpeaban, por mi temperamento pasivo y mi carencia de fuerza o de estilo para combatir, recordé como en diversas ocasiones fui golpeado por el bravucón de turno, fueron muchas veces en las cuales me llevaron a la enfermería del colegio porque alguien me había roto la nariz, de hecho también fueron varias veces en las que llamaron a alguien en mi casa para que pasara por mí ya que me habían golpeado y no era conveniente que me fuera solo para casa, fueron diversos los recuerdos que invadieron mi mente en ese instante, durante todo el camino a mi casa no me detuve, me mantuve corriendo y repasando mentalmente cada segundo, cada sensación y cada reacción de aquel incidente, no era yo definitivamente, era como si alguien completamente diferente se hubiera posesionado de mi cuerpo por unos minutos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.