Come back to me

¿Why do you do it?

El vapor del estofado dejó de subir, convirtiéndose en una capa de grasa fría que flotaba sobre la superficie.

Katsuki estaba sentado a la mesa, con los cubiertos dispuestos y la mirada clavada en el reloj de la cocina. Habían pasado cuarenta minutos.

—Maldito Deku... —gruñó entre dientes.

La furia de Katsuki no era solo el resultado de su mal carácter; era una reacción defensiva ante la decepción. Se había tomado la molestia de cocinar, de cuidar los cortes de la carne, de esperar. En su mente retorcida, ese era un acto de generosidad suprema que Izuku debía agradecer con su presencia.

El hecho de que Izuku no bajara, de que prefiriera el sueño antes que el tiempo con él, se sentía como una bofetada.

Se levantó de un salto, haciendo que la silla chirriara violentamente contra el suelo. Por un momento, pensó en subir, derribar la puerta de Izuku y obligarlo a comerse cada bocado. Pero el orgullo le ganó. Si ese idiota quería morir de hambre, que lo hiciera.

Cubrió la olla con una fuerza innecesaria, guardó los platos en el fregadero con estrépito y apagó las luces de un golpe. Subió las escaleras pesadamente, deteniéndose solo un segundo frente a la puerta de Izuku. Escuchó el silencio absoluto desde el otro lado.

—Mañana verás, nerd de mierda —susurró para la oscuridad antes de encerrarse en su propio cuarto.

A la mañana siguiente, Katsuki se despertó antes de que saliera el sol. Su humor era incluso peor que la noche anterior. Se vistió mecánicamente, tomó su mochila y salió de la casa sin hacer el menor ruido, evitando deliberadamente pasar por la habitación de Izuku.

Normalmente, Izuku lo esperaba en la puerta principal, con los zapatos puestos y una sonrisa nerviosa, listo para seguirlo tres pasos por detrás. Hoy, Katsuki se aseguró de que eso no sucediera. Quería que Izuku sintiera el vacío. Quería que entendiera que su existencia dependía de la gracia de Katsuki, y que esa gracia podía retirarse en cualquier momento.

Caminó hacia la secundaria Aldera solo, con las manos en los bolsillos y pequeñas explosiones saltando de sus dedos debido a la irritación.

Cuando las clases comenzaron, el asiento detrás de Katsuki estaba vacío. Los profesores pasaron lista y marcaron la ausencia de Midoriya. Katsuki mantenía la vista fija en la pizarra, ignorando la punzada de inquietud en su pecho. "Seguro se quedó dormido por no cenar, es un debilucho", pensaba, tratando de convencerse de que no le importaba.

Diez minutos después de sonar el timbre, la puerta del salón se abrió de golpe.

Izuku apareció jadeando, con el uniforme mal puesto y el cabello más desordenado de lo habitual. Tenía ojeras marcadas bajo los ojos y una expresión de puro pánico.

—¡Lo siento! ¡Siento llegar tarde! —exclamó, inclinándose repetidamente ante el profesor.

Después de recibir una reprimenda, Izuku se dirigió a su asiento, pero antes de sentarse, se inclinó hacia Katsuki. Su voz, aunque baja, fue perfectamente audible en el silencio sepulcral del aula.

—Kacchan... ¿por qué saliste de casa tan temprano? —preguntó con un tono de angustia infantil, casi al borde del llanto — ¿Por qué no me esperaste? Me desperté y ya no estabas... tuve que correr todo el camino.—

El tiempo pareció detenerse. Los amigos de Katsuki, un par de chicos con quirks de dedos largos y alas, se giraron con expresiones de absoluta incredulidad. El resto de la clase comenzó a susurrar.

—¿"Saliste de casa"? —repitió uno de los lacayos de Katsuki, soltando una risotada —Oye, Bakugo, ¿qué está diciendo este raro? ¿Ahora viven juntos o qué?—

—"¿Por qué no me esperaste?" —se burló el otro, fingiendo una voz aguda y llorosa —¡Parece una esposa abandonada! ¡Qué asco, Midoriya! ¿Desde cuándo eres la mascota de Bakugo fuera de la escuela también?—

Katsuki sintió que la sangre se le subía a la cabeza. El secreto de su convivencia (que sus padres habían acogido al "niño de la calle") era algo que Katsuki mantenía bajo llave para proteger su imagen de superioridad. No quería que nadie supiera que su familia tenía una "obra de caridad" viviendo en el cuarto de al lado. Y mucho menos quería que lo asociaran con la debilidad de Izuku de forma tan íntima.

La humillación de ser cuestionado por sus propios seguidores fue el detonante.

Katsuki se levantó, su silla volando hacia atrás. Se giró y agarró a Izuku por el cuello de la camisa, levantándolo parcialmente del suelo. Sus ojos rojos brillaban con una intención asesina.

—¿De qué mierda estás hablando, Deku asqueroso? —rugió Katsuki, haciendo que pequeñas chispas saltaran cerca de la cara de Izuku.

—K-Kacchan, solo preguntaba...—

—¡Cierra la maldita boca! —Katsuki lo empujó con fuerza contra la pizarra, haciendo que Izuku soltara un quejido de dolor —¡No sé de qué alucinas! No vivo con un residuo social como tú. ¿De verdad crees que alguien como yo esperaría a un inútil que ni siquiera tiene un quirk?—

Los amigos de Katsuki rieron más fuerte, alentados por la violencia del rubio.

—¡Mírenlo, está temblando! —gritó uno. —¡Oye, Midoriya, deja de inventar fantasías! Bakugo nunca tocaría a alguien tan patético como tú ni con un palo.—

Katsuki apretó más el agarre, ignorando el brillo de dolor y confusión en los ojos verdes de Izuku.

—Escúchame bien, Deku. Eres un error. Un estorbo que encontré en un callejón y que debería haberse quedado ahí para que las ratas lo terminaran de comer. Si vuelves a decir una estupidez así, si vuelves a sugerir que tú y yo somos algo más que un genio y la basura que pisa... te juro que te borraré del mapa.—

Lo soltó con un desprecio absoluto. Izuku cayó de rodillas, con las manos temblando sobre el suelo frío del aula. No se defendió. No gritó. Simplemente se quedó ahí, aceptando cada palabra cruel como si fuera una verdad absoluta.

Su falta de amor propio era tan profunda que, en ese momento, Izuku no sentía odio hacia Katsuki.



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En el texto hay: bl, apego emocional, bakudeku

Editado: 24.01.2026

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