Faltaban apenas tres días para el examen de ingreso de la UA. La tensión en la casa de los Bakugo se podía cortar con un hilo. Aunque Izuku y Katsuki habían tenido aquel momento de quiebre y reconciliación silenciosa, la dinámica seguía siendo extraña. Izuku ahora tenía una confianza que no terminaba de encajar en el molde que Katsuki conocía, y Katsuki... Katsuki estaba recuperando su fuego, pero era un fuego que quemaba hacia adentro.
Esa noche, el reloj de la cocina marcó las 10:30 p.m. Izuku no había regresado de su entrenamiento nocturno.
—Mocoso, Izuku se está demorando demasiado —dijo Mitsuki, mirando con preocupación la puerta de entrada mientras secaba un plato.
—Nunca llega tarde sin avisar.—
Katsuki, que estaba sentado en el sofá fingiendo leer una revista de héroes, sintió un pinchazo de ansiedad que le recorrió la espina dorsal. Desde la mentira de la "novia", su mente no dejaba de imaginar escenarios donde Izuku encontraba a alguien que lo tratara mejor que él.
—Tsk, iré a buscarlo —soltó Katsuki,levantándose de golpe —Solo para que dejes de quejarte, vieja. Seguro el idiota se quedó dormido en algún parque.—
Katsuki salió a la calle con el corazón martilleando. No fue a los lugares habituales; sus pies lo guiaron por puro instinto hacia la zona comercial que Izuku solía cruzar para volver de la playa.
Caminó durante quince minutos, con el ceño fruncido y las manos soltando pequeñas chispas de puro nerviosismo, hasta que llegó a un minimarket de 24 horas. Las luces de neón blancas del establecimiento cortaban la oscuridad de la calle.
Katsuki se detuvo en seco frente al gran cristal del local.
Allí estaba Izuku.
Pero no estaba solo. Estaba de pie cerca de las neveras, hablando con una chica castaña, de mejillas redondas y expresión amable. Izuku se reía, una risa limpia y genuina que Katsuki no había escuchado en meses. El peliverde tenía las mejillas teñidas de un rojo brillante y gesticulaba con entusiasmo mientras sostenía dos botellas de té helado.
La chica le sonreía de vuelta, con una cercanía que a Katsuki le pareció insoportable. Parecían... normales. Parecían dos adolescentes compartiendo un momento dulce, sin gritos, sin deudas de sangre, sin el peso del pasado.
Katsuki sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. Ver a Izuku feliz con alguien que no era él, alguien que no lo hacía llorar, fue una revelación dolorosa. "Es verdad", pensó con amargura. "Él está mejor sin mí".
No pudo soportarlo. Dio media vuelta y se marchó a paso rápido, desapareciendo en la oscuridad antes de que Izuku pudiera notar su presencia. No quería ser el villano que arruinara esa sonrisa.
Dentro del minimarket
—¿Eh? —Izuku parpadeó, confundido por el repentino cambio de tema.
Ochako Uraraka, a quien Izuku había conocido por accidente durante sus entrenamientos en la playa (ella solía practicar allí para fortalecer su resistencia a las náuseas de su quirk), señaló con el dedo hacia el cristal empañado por el frío exterior.
—¿Ese es el chico del que tanto hablas? —preguntó ella con curiosidad.
—¿Cuál chico? —Izuku se giró, pero solo vio la calle vacía y el reflejo de las luces de neón.
—Un rubio alto, ojos carmesí y cara de querer explotar todo— describió Ochako, ladeando la cabeza —Nos acaba de ver por el cristal y decidió marcharse. Parecía... no sé, como si hubiera visto un fantasma. O como si estuviera muy triste.—
El corazón de Izuku dio un vuelco. Solo había una persona en el mundo que encajaba con esa descripción. Su mente conectó los puntos de inmediato: Katsuki lo había buscado, lo había visto con Uraraka y probablemente había malinterpretado todo (otra vez).
—¡Lo siento, Uraraka, debo irme! —exclamó Izuku, haciendo una reverencia rápida
—¡Gracias por los consejos de estiramiento! ¡Te veo en el examen!—
Sin esperar respuesta, Izuku salió disparado del minimarket.
Izuku corrió como nunca antes. El "Instinto" se activó de forma natural, permitiéndole bombear sangre a sus piernas con una eficiencia sobrehumana. No tardó mucho en divisar la silueta de Katsuki un par de calles más adelante. Caminaba con los hombros hundidos, una imagen que rompía el alma de Izuku.
—¡Kacchan! —gritó Izuku, alcanzándolo y poniéndose frente a él, obligándolo a detenerse.
Katsuki no se detuvo por voluntad propia; casi choca contra Izuku. Levantó la vista y sus ojos estaban inyectados en sangre, no de ira, sino de una frustración profunda.
—Quítate, Deku. Ve con tu noviecita —masculló Katsuki, intentando rodearlo. —No sé qué haces aquí. Deberías estar aprovechando que encontraste a alguien que no es un monstruo como yo.—
—¡No es mi novia, Kacchan! —Izuku lo agarró de los hombros, obligándolo a mirarlo —Se llama Uraraka. Es una amiga que conocí entrenando. Me estaba ayudando con unos ejercicios de gravedad. ¡Eso es todo!—
Katsuki se rió, una risa amarga.
—¿Y a mí qué mierda me importa? No me des explicaciones. Me habías dicho que ya no eras de nadie, ¿no? Pues vive tu vida.—
—¡Me importa a mí! —rugió Izuku, sorprendiendo a Katsuki por su volumen.
—Me importa porque viniste a buscarme! Me importa porque no quiero que me mires así, como si te estuvieras despidiendo.—
Katsuki guardó silencio, apretando los dientes.
—Te veías... feliz —susurró Katsuki, casi inaudible —Te veías como si no tuvieras miedo de que te explotara algo en la cara. Y me di cuenta de que yo nunca podré darte esa paz, Deku. Solo sé darte cicatrices.—
Izuku suavizó su agarre. Sus manos bajaron por los brazos de Katsuki hasta entrelazar sus dedos con los de él. Estaban fríos.
—Kacchan... las cicatrices ya están ahí. No podemos borrarlas —dijo Izuku con una ternura que desarmó al rubio —Pero esa chica es solo una amiga. Tú eres... tú eres mi Kacchan. El único que ha estado ahí desde el principio. No necesito que seas "paz". Necesito que seas tú, pero que lo seas conmigo, no contra mí.—