Como en los cuentos de hadas

Prefacio

Se podría considerar que no soy el tipo de mujer común según las estadísticas. Cada mañana me levanto, peino mi cabello, lavo mi rostro, cepillo mis dientes, me visto con el mismo estilo de ropa, desayuno una taza de café negro y salgo a trabajar. Al llegar a mi oficina, saludo a mi asistente; quien estoy casi segura de que me odia, por ser una bruja mandona cada vez que el trabajo abunda; pongo atención mientras me pone al día con mis citas y pendientes; así es como mi faena de ir y venir de un tribunal a otro comienza.

Me llaman “la abogada de hierro”, supongo que se debe a que jamás he perdido un caso desde que comencé a litigar hace casi ocho años, y ahora, a mis treintas, soy socia de una prestigiosa firma de abogados y muchos hacen fila para pedir que tome sus casos y los represente. Pero esa es solo una parte de lo que soy o, mejor dicho, lo que demuestro ser, pues hay una faceta de mí que no suelo mostrar ante nadie. Dentro de la mujer segura de sí misma, poderosa y exitosa que soy se esconde una romántica empedernida con el corazón roto que aún ahora continúa pasando la mayor parte de su tiempo libre con la nariz entre las páginas de los libros, escuchando óperas y disfrutando de cuanto musical clásico y nuevo se pone en escena.

Resumiendo, soy una abogada exitosa y famosa, con un relleno muy diferente. Pero… ¿Por qué soy como soy? ¿Cómo solía ser antes? Mejor aún… ¿por quién me convertí en lo que soy ahora?



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar