Cómo encontrar el amor en un solo paso

Capítulo 2: Una revista para conquistar

Villa de los Fundadores es un pueblo sumamente tranquilo por las mañanas, sobre todo cuando solo queda una semana para el final del descanso y solo hay pocos turistas visitando los ríos y la cascada.

Las calles tienen un ambiente lleno de vida, acompañado de los casuales gritos de niños jugando en las banquetas con las pelotas y los ciclistas recorriendo los parques con tranquilidad. Mientras nos acercamos al centro de Villa, los árboles de bugambilias adornan con sus bonitas hojas moradas y demás colores las principales zonas naturales.

Gran parte de los adultos salieron a trabajar a Ciudad de las Flores, una de las ciudades vecinas de Villa, por eso el tráfico no es ningún problema para llegar a la tienda de juegos y videos.

Los ancianos cuentan que en el pasado, cuando era difícil viajar a las ciudades vecinas, la Plaza del Centro estaba hasta el tope de gente. No es un lugar grande, tan solo es una edificación de un solo piso con alrededor de veinticuatro tiendas ordenadas en el rectángulo que forman todas ellas.

Si me preguntan ahora, la Plaza me parece el lugar más anticuado de Villa de los Fundadores, pero tiene la mejor tienda de helados, entonces gozo con venir algunas veces con Damián cuando salimos de las clases. Además, en el corazón de la plaza hay un jardín hermoso con la bugambilia más grade del pueblo, la única que mezcla tres colores de flores en un solo árbol. Es del tamaño suficiente para cubrir unas cuantas bancas con su sombra, ideal para los días calurosos.

Damián estaciona el auto sin ningún problema; hay apenas otros dos automóviles en el lugar y probablemente sean de personas ancianas, lo cual me alivia porque nadie de mi edad va a verme vestido con la ropa que lleva semanas sin lavarse.

Cuando me bajo del auto, me encamino a un espacio donde hay sombra y Damián me alcanza en seguida.

—Gracias por acompañarme —su voz es baja, casi íntima entre nosotros.

—Me debes una —finjo estar molesto y cruzo mis brazos, pero es imposible no sonreír con Damián a mi lado.

—Nico, yo te debo mi vida entera —suena serio mientas lo dice. Por un momento siento que hay un mensaje oculto en sus palabras, pero antes de poder decir algo me da un empujoncito. Vamos, la tienda debe estar más fresca.

Nos movemos juntos pasando un local tras otro hasta que llegamos a la puerta de la tienda de juegos y videos, donde una campana anuncia nuestra llegada cuando cruzamos el umbral. Generalmente siempre nos recibe un anciano llamado Rogelio, viejo amigo del papá de Damián; a veces hasta nos regala un caramelo que comemos mientras buscamos una película interesante. Hoy, en cambio, solo nos recibe un indiferente Patrick, el nieto de veinte años del anciano. Está sentado detrás del mostrador, leyendo una revista.

—Buenos días, Patrick —saluda Damián sin obtener respuesta.

Yo no me tomo las mismas molestias que mi amigo, simplemente paso de largo el mostrador y pongo manos a la obra. Yo voy por el lado izquierdo —como siempre— buscando alguna película que nos traiga buenos recuerdos. Las de terror están descartadas por nuestro propio bien porque, aunque disfruto ver el miedo que se dibuja en la cara de Damián y su proximidad cuando se asusta demasiado, siempre terminamos en mi habitación con las luces encendidas y sin pegar un ojo durante toda la noche.

Al final, cuando ya he recorrido los estantes cuatro veces, me decido por tres de las mejores películas que hemos visto juntos y voy a nuestro punto de encuentro: la repisa de revistas, cerca de la puerta abierta que lleva al patio central.

Me concentro en dar vueltas de un lado a otro mientras llega Damián, quien sigue dando vueltas entre las películas con aire concentrado. Su tiempo de demora depende de su nivel de estrés. No intento apresurarlo porque sé que es una actividad que lo relaja y distrae de sus problemas. Además, ¿qué son unos minutos cuando lo he esperado hasta por una hora? No es que tenga mucha cosas que hacer en casa, para ser sincero.

Me doy la vuelta hacia la repisa, buscando algo entretenido. Casi nadie se acerca a comprar revistas, ¿quién las quiere cuando ahora todo está en internet? Por eso una fina capa de polvo cubre las portadas, excepto las pornográficas que, aunque lo niega, todo mundo sabe que pertenecen a Patrick. Ignorando las de contenido inapropiado, voy tomando una por una y soplo para desempolvarlas; me doy cuenta de que son revistas viejísimas, muchas de ellas ni siquiera existen ya.

Cuando me aburro de ver las imágenes de los últimos descubrimientos arqueológicos, dejo la revista en su lugar y mis manos se encuentran con una portada con letras grandes y fotos en blanco y negro, pero antes de tomarla me detengo cuando Damián se acerca a mi lado, extendiendo hacia mí dos estuches con películas. Con una sola mirada los dos sabemos cuál debemos llevar: La espada en la piedra, de Disney.

—Sigue dándome escalofríos la escena donde aparece Madame Mim aunque lo digo para sacarle una sonrisa, ambos sabemos que es cierto.

Antes de irnos al mostrador para llenar la hoja con nuestros datos y llevarnos la película, mi amigo dirige su atención a las revistas, visiblemente curioso igual que yo. Hemos venido infinidad de veces en los últimos cinco años, pero nunca le prestamos atención al estante de revistas.

Él agarra una infantil, con 1001 datos interesantes sobre los dinosaurios, según el título. Yo, en cambio, regreso a la que había visto hace unos minutos. Las letras rojas en el centro anuncian el título: Only4Men.




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