Querido Nicolás:
Me gustas.
Me gustas desde el primer día que te vi, cuando sentía que mi vida era solo tinieblas y oscuridad… Luego apareciste y encendiste mi universo entero.
Desde entonces me has gustado. No recuerdo una existencia en la que no estés presente en mis pensamientos.
Me gusta tu cabello negro despeinado y la forma distraída en la que lo peinas hacia atrás si te estorba. Me gustan tus ojos, a veces tan expresivos en comparación con tu cara casi siempre seria. Tu sonrisa, aunque no muy seguido la muestras en público, me enloquece, me hace descubrir nuevas maneras de hacer que mi corazón se estremezca.
Tú haces que me estremezca de pies a cabeza.
Y aun así, sabiendo lo bien que me hace sentir el simple hecho de verte, he luchado contra todos estos sentimientos por mucho tiempo.
¿Has tenido alguna vez una guerra interna? Las mías suelen ser peleas entre la mente y el corazón; la mente quiere superarte, olvidar y avanzar, pero el corazón quiere sentir sin importar qué tan lastimado pueda salir. Si gana la mente, sabré que me estoy obligando a renunciar a mis sentidos; en cambio, si gana el corazón puede que sufra, pero al menos soy sincero con mis sentimientos.
Todo este tiempo he insistido miles de veces para seguir adelante, encontrar otra persona y enamorarme de la misma manera que de ti, pero mi débil corazón —o fuerte, quizá— insiste en arriesgarse y dejarse sentir cada parte de mi interior, sin miedo a perderlo todo, porque si te olvido estaré perdiendo lo mejor de mí.
Porque este sentimiento no es un simple enamoramiento, es algo más grande. Mucho más.
Creo que es amo
No, no solo lo creo, lo sé.
Te amo a ti, Nicolás. Sé que es incorrecto pero, Dios, se siente tan bien hacer lo incorrecto si se trata de ti.
A veces me sigue dando miedo sentir tanto, sobre todo cuando no es recíproco. No quiero lastimarme, pero es imposible no hacerlo contigo brillando siempre que te veo.
¿Sabes lo que se siente tener un amor no correspondido?
Lo sabes, por supuesto. Todo mundo lo ha experimentado por lo menos una vez en su existencia, lo puedo apostar.
Si la vida fuera fácil, nos ahorraría el sufrimiento de fijarnos en las personas incorrectas, o al menos nos darían algún tipo de llave para abrir las puertas de sus corazones. Pero las llaves no tienen ese propósito, solo abren las puertas físicas, no las metafóricas. Aunque, si lo pienso bien, también hay acciones que sirven como llaves, solo que debemos intentar una y otra vez hasta hallar la correcta y eso, para mi gusto, le quita lo fácil a la situación.
¿Qué tendría que hacer yo para gustarte aunque sea un poquito, Nicolás?
Si tuviera la respuesta a esa pregunta, no me cabe duda de que mi existencia sería más fácil. Aun así, soy fiel creyente de que hay cierta atracción en lo difícil y resulta que tú eres atractivamente imposible para mí. Nadie dijo que el amor fuera sencillo.
Aun así, mi mente siempre vuelve a la llave mágica. No paro de desear que todo sea más fácil
¿Tú a quién le darías la llave de tu corazón si existiera?
Yo te daría la mía.
Te doy la llave de mi alma y de mi vida. Guárdala, úsala, piérdela, escóndela, rómpela si quieres. Haz lo que quieras con ella, de todos modos, mi alma ya es tuya.

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Editado: 05.06.2026