Cómo encontrar el amor en un solo paso

Capítulo 9: El club de los corazones no correspondidos

Esa misma tarde descubro que Liz puede llegar tarde todos los días a la escuela, pero jamás a una cita con sus amigos para armar un plan de conquista.

Como acordamos, Damián viene directamente conmigo cuando salimos de la escuela. Mientras esperamos a que Elizabeth regrese de su casa con todo lo que necesita, comemos con Julie y Santiago y después subimos a mi habitación, donde nos sentamos en mi cama, uno frente al otro con la revista en el centro con las páginas de Cómo encontrar el amor en 10 simples pasos. No la leemos, en realidad, solo la contemplamos como si los dos estuviéramos esperando que alguna fuerza sobrenatural nos dé una clave cualquiera.

—Si piensan invocar a un demonio —nos dice Julie al pasar frente a mi puerta abierta— al menos tengan la decencia de invitarme.

Nos aburrimos de ver la revista después de un rato, entonces decidimos bajar a ver la tele, donde están pasando uno de esos programas de asesinos seriales y casos sin resolver. Estamos tan concentrados escuchando la historia del asesino del Zodiaco que pegamos un brinco en nuestro asientos cuando escuchamos el timbre de la entrada.

Y Dios, a la Liz que me encuentro cuando le abro la puerta me recuerda demasiado a uno de esos asesinos seriales de la tele, sobre todo por la sonrisa de loca que está dibujada en su cara. Sin poder evitarlo, mi cuerpo entero se estremece.

Apenas la veo, me dan ganas de cerrarle la puerta en la cara y esconderme en la seguridad de mi habitación, porque todo lo que lleva Liz no pueden ser más que herramientas de tortura: su mochila a punto de explotar por tantas cosas que lleva, un maletín y un portafolio lleno de papeles.

Cuando cruza la puerta con todo y su cabello esponjado y descontrolado, me pregunto si no ha sido ella el demonio invocado.

Mierda.

Al contrario de su cara, la mía está seria, aterrada mientras la dejo pasar. Nos observa con esa sonrisa espeluznante parecida a la del gato de Alicia en el país de las maravillas; uno de sus ojos se entrecierra al darse cuenta de que estamos en la sala tratando de descifrar un crimen y no analizando los posibles desenlaces de cada paso en la revista Only4Men.

—¿Por qué no están con la revista? —nos cuestiona con voz pausada.

—Me sentí abrumado —confieso encogiéndome de hombros.

He estado toda la tarde nervioso, expectante ante las locuras que debo hacer para tener al menos una posibilidad con Alina. Tengo un temblor en mi pierna, el cual intento disimular caminando de un lado a otro.

En realidad ambos –Damián y yo– estamos nerviosos desde que nuestra amiga nos mostró la revista, tan nerviosos que mi hermana y su esposo no dejaron de preguntar si estábamos bien e intercambiaban miradas entre ellos, sin duda para hacer el intento de descubrir nuestros males.

Con un gesto de desaprobación, Liz empieza a caminar rumbo al segundo piso, como si estuviera en su propia casa, la muy confianzuda. No me queda de otra más que seguirla y rezar por sobrevivir a esta reunión.

—Muy bien —nos dice ya dentro de mi habitación—, me tomé la libertad de hacer unas notas antes de darles la revista.

Pone ante mí una libreta que, en efecto, está llena de notas con especificaciones de cada uno de los diez pasos, así como una lista de pros y contras de las diferentes formas de llevarlos a cabo. También esparce una serie de post–it de diferentes tamaños y colores con consideraciones especiales por todo el piso a nuestro alrededor. El portafolio con hojas sigue siendo un misterio, pues Liz lo aleja de nuestras manos hasta que, según ella, estemos listos para ver su contenido.

—Antes de empezar —me quito el cabello que cae sobre mis ojos— me gustaría llamar a alguien más.

Me encamino hasta la habitación de Julie, a quien encuentro sentada codo con codo a lado de Santiago. Los dos están revisando algunos bocetos de un nuevo proyecto en su computadora, tan concentrados que no escuchan mi llegada.

Carraspeo para llamar la atención de mi hermana, pero es Santiago quien voltea.

—¿Puedo ayudarte en algo, amigo? —su cara amable sigue causándome revuelo. Estar acostumbrado a la fisonomía despiadada de Matías y después ver el rostro amable de su hermano mayor…

—Necesito a Julie.

No espero su respuesta, camino de regreso a mi habitación seguido por sus pasos. La primera en reaccionar al verla aparecer en mi habitación es Liz, de ahí la escena se vuelve ruidosa, llena de abrazos y risitas. Estas dos mujeres se tienen el cariño típico de las mejores amigas incluso con la diferencia de edad.

Ruedo los ojos ante su emoción, aunque en el fondo me siento igual que ellas. La verdad es que nadie, ni siquiera yo, ve muy seguido a Julie. Mis amigos han convivido con ella tanto como yo, considerándola una más de nuestro círculo a pesar de su traición al casarse con el hermano de nuestro enemigo.

Las veo chismear, Julie haciéndole preguntas a Liz sobre su nuevo proyecto de escritura cuando Damián me da un codazo y se acerca para susurrarme una pregunta:

—¿Leíste la carta?

Aunque intento negarlo, aquello fue lo primero que hice al llegar a casa. Como no quería a nadie cerca de mí cuando me decidiera a abrirla, me encerré en el baño y la leí una y otra vez, buscando alguna señal de una broma. Pero parecía tan real…Tan verdadera que algo en mi pecho se expandió, me gritó algo que había estado en el olvido por mucho tiempo: también es posible que yo –sí, yo, Nicolás Sebastián– le pueda gustar a alguien. Me sentí extraño cuando salí del baño, la carta de nuevo en mi bolsillo.

Asiento, pero solo eso hago. Damián me escanea todo el cuerpo, esperando más detalles por mi parte. Probablemente está tan interesado porque es la primera carta anónima que recibo, pero sigo sin comprender por qué luce tan inquieto.

—Entonces, hermanitos —nos lanza una mirada Julie que me hace sonreír. El simple hecho de que nos llame hermanitos me recuerda que mi amigo también es parte de mi familia— ¿Por qué he sido convocada a esta reunión del Club de los corazones no correspondidos?




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