Cómo hacer las prácticas de verano en otro mundo

Capítulo 15: ¿Macho o hembra? He ahí el dilema

La fresca brisa vespertina, el canto de los grillos y los truenos acompañados de relámpagos a lo lejos me transmitían una paz inusitada. Especialmente si lo comparaba con el torbellino de emociones que había vivido durante la última semana.

Ya llevaba ocho días en este otro mundo, ocupando el lugar de una princesa fallecida a la que asesinaron las personas que más quería. Es precisamente cuando te pones en los zapatos de aquellos cuyas vidas son, por decirlo suavemente, una auténtica tragedia, cuando te das cuenta de que tus propios problemas y preocupaciones no son nada en comparación. La educación híbrida, la angustia por las prácticas profesionales e incluso los exámenes finales de la universidad son mil, no, un millón de veces mejores que morir calumniada por tu propio padre.

Un relámpago iluminó el cielo, esta vez mucho más cerca, pero no sentí miedo ni ganas de volver adentro. En este preciso instante, hasta una serpiente pitón envidiaría mi profunda calma. Pero ¿era calma de verdad?

¡Ya basta! Muy bien, Milana, relájate. ¡Que te relajes, te digo! ¿A qué vienen estos lloriqueos? ¿Por qué tanto pesimismo? ¡Es que ni te reconozco! A ver, te ha pasado algo que definitivamente no te esperabas, de acuerdo, has ido a parar a otro mundo... ¿A quién no le pasa?

¡Sí, claro! Como si le ocurriera a uno de cada dos.

Pero, qué demonios, de ninguna manera puedo desmoronarme y caer en una depresión. ¡En cuanto te dejas arrastrar una sola vez por ese torbellino, ya no hay quien salga! Como ejemplo, solo hace falta recordar cierto par de encantadores ojos verdes. Basta con ceder ante ellos un solo segundo y... ¡listo! Prepárate para el clásico: «¡Hola, mamá! Traigo una sorpresita en la barriga».

— Milana, ¿pero en qué demonios estás pensando? —me regañé a mí misma.

Al menos ese vacío creciente había desaparecido. En su lugar, comencé a llenarme de vergüenza y a sentirme como una mujer terriblemente ligera. ¡Ah! Y para colmo, la lluvia empezó a caer sobre mí, haciendo que mi vestido a la hada mostrara su cara más desagradable: el tul celeste y vaporoso se transformó en un ancla pegajosa que me arrastraba hacia abajo, directo a un torbellino de lodo digno del fondo de un pantano.

Acelerar el paso no ayudaba demasiado, pero al final logré alcanzar un lugar resguardado de las gélidas gotas. Nota mental: tener un techo sobre la cabeza no te protege del viento helado.

¿Cómo no me di cuenta de que refrescaría tanto? ¿Tanto me había ensimismado en mis pensamientos?

Es muy probable. Además, el día de hoy había estado de lo más cargado, y eso que todavía no sabíamos si es normal que los dragones salten y usen magia de camuflaje antes de conocer el mundo exterior más allá del cascarón.

«¿Los dragones dominan la magia de las ilusiones?» —recordé la pregunta que hizo Judit después de que Belinda y yo les contáramos lo que habíamos presenciado.

Una nueva ráfaga de viento, aún más fuerte, me arrancó de mis recuerdos, obligándome a encogerme más y a rodearme el cuerpo con los brazos. No ayudó contra el frío, pero sirvió para que una oleada de escalofríos me recorriera la espalda de arriba abajo.

— ¿Milady? —se dirigió a mí alguien justo cuando pasaba por delante de una de las tantas puertas—. ¿Lady Emeibilum?

¿Y si no me daba la vuelta y hacía como si no hablasen conmigo? ¿Se vería demasiado grosero?

— Sí...

¡Maldita sea! ¿Y cómo se llamaba este hombre? Juraría que ya nos habíamos cruzado unas tres veces. ¿Por qué se me borraban los nombres de la cabeza? Recuerdo que tenía una letra «t», pero no estaba segura de dónde.

— ¿Por qué está empapada?

¿Y a ti qué te importa?

— Está lloviendo afuera.

— ¿Estaba paseando bajo la tormenta?

— Quería despejarme un poco. ¿Por qué demonios tengo que rendirle cuentas y darle explicaciones?

— La estaba buscando Cornelio, y después Dinar. Pero antes que ellos, su tía y las princesas tampoco daban con usted. ¿Y a qué venía todo ese informe?

— Se lo agradezco, de verdad, pero me retito.

— Vaya, milady. Tenga cuidado.

— ¿Mmh?

— Buenas noches.

— Igualmente.

¿Qué le pasaba? Un tipo de lo más extraño. Aunque, pensándolo bien, todavía no me había topado con nadie normal por aquí. Y no me refería solo a los hombres, sino a la gente en general. ¿O será simplemente que cierta persona aún no ha asimilado del todo que esto es otro mundo y no un simple sueño?

¡Ya me acordé! Se llama Kilian. ¡El apellido no lo recuerdo ni aunque me apunten con una espada! ¡Milana, como siempre, acordándote justo a tiempo!

Me faltaban solo unos pasos para llegar a la puerta cuando me percaté de que había regresado sola, sin mapas, pistas ni acompañantes. ¿Será posible que el cretinismo topográfico se cure a base de terapia de choque? Espero que las secuelas de este tratamiento no afecten a mi salud mental y no termine tartamuda o paranoica.

— ¿Señora? —surgió una voz desde el lado derecho, haciéndome dar un brinco, soltar un hipo y llevarme la mano directo al corazón.

— ¡Gayane, no me pegues esos sustos!

— La estaba buscando Madame Vintelmand, Lady Vesta, Ovidia, Belinda, Judit, Liliana, el señor Cornelio y Su Majestad.

¡Madre mía! Como dice el refrán: si quieres volverte la persona más solicitada del mundo, solo desea pasar un momento a solas y en paz.

— ¿Ha ocurrido algo malo?

— Que yo sepa, no, pero todos ellos me pidieron que, en cuanto la viera, le exigiera presentarse ante ellos de inmediato.

¡Me cachis en los mengues! ¿Qué demonios habrá pasado?

— ¿Qué hora es?

— Las doce y media, señora.

— Ajá, lo que significa que ¡solo puedo ir a ver a uno!

A ver a dos hombres preocupados y con segundas intenciones a estas horas de la noche, desde luego que no iba a ir. Así que me quedaban mi tía y las niñas. Como entre dos males siempre se elige el menor, nos vamos con las princesas.



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En el texto hay: maldicion, isekai, ninera

Editado: 09.07.2026

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