Era dulce, calmada, y tan linda. Aún no puedo creer por todas las cosas que ha pasado en esta vida, ella no se lo merecía. Y aún peor en el lugar donde termino.
La conocí desde el primer día que nació. Recuerdo sus ojos verdes brillantes cómo las manzanas frescas de un manzano, y su sonrisa tan bonita como la de una princesa de Disney. Se veía tan feliz en su niñez: en sus cuatro años jugando a las muñecas, en los nueve ayudando a su madre a hornear galletas, a los quince comprando en el Shopping... bueno, si, todo era tan hermoso hasta que la vida dió un giro inesperado, de esos giros que a veces nos destruyen y hay que usar todas laa fuerzas para levantarse.
Todo comenzo en una tarde que habíamos dejado a Narria con su abuelo, porque íbamos a comprar las cosas para el cumple de él. Era una sorpresa que planeamos desde que comienzó del año, nos hacía muy feliz, especialmente porque después iriamos al parque acuático que queda algo lejos de nuestra casa, dónde el siempre pidió ir pero no hemos podido por el tiempo disponible. Todo sería según lo planeado...
Luego de largos minutos caminando hasta casa súper entusiasmados, llamamos por telefono a Narria para que llevará al abuelo al patio trasero para poder decorar todo, pero no hubo respuesta. Entramos a la casa con cautela para disimular, pero en ese instante nuestras sonrisas rápidamente se dieron vuelta. Quedamos impactados por lo que vimos: las manos se me abrieron lentamente dejando caer las bolsas al suelo, mis piernas temblaban, apenas me podía mantener de pie, mis ojos se inundaron, mi cabeza me ardía, y mi mente quedó paralizada, lo mismo le sucedió a los demás.
El abuelo estaba tirado en suelo como un árbol viejo que entregaba su última savia, pero una savia intensa, una que no se podría regresar.
—Él entro por la ventana de está sala, por ahí entro un hombre encapuchado a robar, mi abuelo intento defender las cosas pero el hombre agarro el cuchillo que estaba arriba de la mesa que yo había puesto para cortar la torta... intenté defenderlo pero no pude... él.... él... —dijo ella con lágrimas callendo de sus ojos, deslizándose por sus mejillas, y su voz rota en mil pedazos sin poder contestar.... hasta que la interrumpi. Sus palabras, sus ojos, su rostro, me rompía el corazón, no sabía que hacer pero haría lo posible para apoyarla, era la persona más pegada a él. Ver como asesinan a tu persona favorita no es nada fácil. La lleve para afuera, la abrace mientras rompiamos en llanto. La abuela y sus padres se destrozaban lentamente mientras llamaban a la ambulancia, sabiendo que no habría marcha atrás, pero con una oportunidad de esperanza.
Los gritos de su madre se escuchaba desde afuera, desesperada, triste, sin saber que hacer; y el ruido de las sirenas que nunca llegaron a tiempo, y aunque así huebiera sido el resultado hubiera sido el mismo. Narria con la mirada perdida, apretando mis manos con tanta fuerza me hacía sentir como se derrumbaba su mundo. Al verla tan destrozada prometí intentar encontrar al asesino yo misma, no haría que el abuelo regresara pero si que el culpable pagara el precio ddsu acto. Pero no fue tan facil como pense: los días se hicieron semanas, las semanas meses, y la esperanza se fue apagando, hasta que no hubo caso.
Con el paso del tiempo la familia estaba recuperandose, tuvieron que olvidar al asesino para poder vivir, y a la muerte del abuelo... aunque, bueno, Narria no era la misma, quería encontrar al criminal sin detenerse, hasta había días que no paraba de llorar o de gritar pidiendo por favor que encontrarán al asesino, o incluso habia días que perdía la cabeza diciendo que le regresaran a su abuelo. Empezo a ir al psicólogo y luego de unos meses se había "recuperado", no digo que haya vuelto a ser la misma, solo esperaba que con el paso del tiempo su grieta se cerrara del todo, o que por lo menos el dolor disminuyera.