El silencio recorrió el pasillo como una sombra.
Nadie se movió.
Los segundos pasaban lentos, pesados, casi insoportables.
La mirada del doctor no buscaba a nadie en particular; estaba fija en un punto vacío, como si lo que sabía no quisiera ser nombrado.
Tragó saliva.
En sus ojos se mezclaban el temor, el asombro… y algo peor.
Peligro.
—La causa fue una sustancia que no debería estar en el cuerpo de nadie —dijo al fin, en voz baja—. Esto no fue un error común. No fue accidental.
Hizo una pausa.
Como si medir las palabras pudiera cambiar lo ocurrido.
—Dentro de su cuerpo encontramos Noctyrel. Un veneno leve en dosis mínimas, pero mortal en la mayoría de los casos.
No es casero.
No se vende.
Se hace.