Como la primera vez

1. Volvemos al inicio

Katherine

Si alguien alguna vez me hubiera advertido sobre todo lo que tendría que sufrir por mantener mi beca universitaria, probablemente lo hubiera pensado un poco más antes de aceptarla. Sí, lo más seguro es que estuviera muy lejos de ahí, tal vez en otro país o continente. Hasta una isla desierta sonaba más tentadora.

Caminé con desgane hasta la oficina de la directora, mientras me frotaba los rasguños del brazo con recelo. ¿Por qué siquiera me habían citado a  eso? Si solamente fui una víctima más de aquel altercado. Al alzar mi mirada lo primero que noté fue a una Sarah despeinada y furiosa. Hacía bastante tiempo que no la veía de esa manera, y aunque esta fuese una heredera mimada, no podía negar que por lo menos todo el tiempo que compartimos habitación se comportó muy bien conmigo. 

— ¡Kathy!—gritó cuando me miró acercarme. Su bonita ropa estaba hecha pedazos, tenía un moretón en la mejilla y se veía más cansada de lo normal. Probablemente había discutido con su padre de nuevo, lo que me hizo sentir un poco más de empatía con ella y casi la suficiente para apaciguar mi enojo. Casi. 

— ¿Has hablado ya con la directora?—fue lo único que pensé en aquel momento. Esbozó una mueca y negó con la cabeza.

—No, no me han llamado. La maldita de Victoria sigue ahí dentro y en serio me hierve la sangre de pensar las cosas que ha de estar diciendo de mí. Sobre todo como ha de estar mintiendo acerca de lo que acaba de suceder.

Suspiré. En verdad aquella ridícula rivalidad entre Sarah y Victoria ocurría desde el jardín de infantes. Pero entre más pasaba el tiempo, más problemas generaban cada vez que se encontraban. Por eso es que su pelea pasó de ser un chisme divertido a algo molesto y en lo que nadie deseaba entrometerse, justo como lo que yo intentaba siempre, simplemente hacerme de la vista gorda y continuar con mi vida; sin embargo existían ocasiones en las que uno no puede ignorar cuando una extraña se mete en tu cuarto y arruina tus cosas pensando que eres su más grande enemiga.

—Espero reciba el castigo que merece—murmuré.

Aunque tampoco es que esperara demasiado de parte de ellos, sabía a la perfección lo que el dinero era capaz de hacerle a las personas y lo mucho que podía cambiarlas. Sentí un nudo en el estómago al recordarlo. Aquel chico al que amé muchísimo en mi época de adolescente, pero que me rompió el corazón de la manera más cruel posible. Pensé en lo mucho que le lloré y sufrí por su traición, y lo mucho que reconsideré aceptar la beca completa en esta universidad. Él tenía todo el dinero que a mí me faltaba. Yo no era rica como Sarah tampoco, ni siquiera elegante o sofisticada. No sentía que tuviera más presencia que otras chicas ni que tampoco destacara de una manera excepcional. Sólo era una persona que se esforzaba mucho para lograr lo que quiere. Había superado muchísimas trabas, soportado miles de humillaciones por personas con más poder y que se creían con el derecho de hacerme menos, lidié con tantas diferentes situaciones que cuando creía que lo malo ya había pasado llegaba otra cosa más difícil. Como lo que estaba viviendo en este preciso momento.

—Vas a ver que todo saldrá bien—dijo Sarah intentando consolarme. Supuse que se dio cuenta de mi preocupación y sólo asentí con la cabeza, esperando que todo saliera de la mejor manera posible.

Pero que equivocada estaba.

***

— ¡Es que no puedo creerlo!—exclamó Sarah mientras tiraba todas las prendas de su closet a la cama—. ¡En serio no puedo creer que esa maldita haya convencido a la directora de que ella era la victima! 

Observé la escena sentada desde la orilla de mi cama, demasiado cansada como para refutar. La espera en el pasillo de dirección fue muy larga, más porque al salir Victoria de la oficina, no se veía para nada abatida como imaginábamos que saldría. Nos dedicó una mirada triunfante, cargada de desprecio y salió con la cabeza en alto del edificio.

—Kate, esto no me da buena espina—Sarah me tomó del brazo y me sacudió—. Es mi turno, nos vemos en un momento.

Y aquel momento se convirtió en una hora. Aquella sonrisa que antes Sarah había tenido se había convertido en la reencarnación misma de la ira y su lindo celular rosado había terminado estrellado en la acera del edificio de coordinación.

Y cuando fue por fin mi turno, solamente la directora necesitó diez minutos para deshacerse de mí.

—Todo es muy sencillo Kate, entiendo tu postura y sé que no eres realmente responsable de lo ocasionado pero debes entender que para mantener la paz en toda la residencia deberás abandonarla junto con Sarah.

Estaba acostumbrada al trato injusto, a que me pisotearan y pasaran por encima de mí solo por no ser de su misma clase social, pero nunca dejaba de molestarme, y el shock de sus palabras me había dejado sin habla.

Tuve que pellizcarme con fuerza los muslos para obligarme a responder.

— ¿Entonces significa que ya no estaré en la universidad?

Mi voz salió como un pequeño murmullo, casi imperceptible. La directora me dedicó una mirada empática y negó suavemente.

—Por supuesto que no, Katherine. Nosotros conocemos muy bien tu situación y de igual manera sabemos de tu grandioso potencial, nunca desecharíamos a un talento como el tuyo de esta manera, simplemente dije que no podrás estar más tiempo en el dormitorio de chicas.



Laisha Vega

Editado: 07.12.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar