Cómo Matar A Un Héroe

Capítulo 69

No había día, mañana, tarde o noche en la que él no la pensara. Podríamos hacer un recuento de todo lo que hemos visto, de todo lo que pasó, lo que fue y simplemente se perdió, pero no hace falta. Las cartas se pusieron sobre la mesa desde un principio, desde el comienzo se supo que esta iba a volverse una historia con nombre por delante, con sentimientos, dudas, peleas y muchos, pero muchos gritos que más tarde se volvieron declaraciones de felicidad.

—¡Hija de mi vida, mi amor! —el señor Julio llegó corriendo. Incluso antes de llegar a ella soltó la maleta y corrió a su encuentro.

Estaba en el aeropuerto Adolfo Suárez en Madrid.

Su madre y dos de sus hermanos se aferraban al hombro de Olivia, quien, con numerosas lágrimas en los ojos, estrelló su cuerpo con el de su padre apenas lo vio llegar. Palabras harían falta para explicar el enorme calvario de sufrimiento por el que, incluso, el señor Julio había perdido gran parte de su cabello rubio.

Durante todo ese tiempo, las cosas se pusieron de cabeza. Julio buscó ayuda desesperada, buscó, buscó y buscó, pidió ayuda a diferentes personalidades importantes del país, pero ni siquiera estos pudieron ayudarle. Le pidió ayuda al señor empresario Miller, sin embargo esta fue descartada cuando la esposa de uno de sus hijos, fue atacada por un miembro de la familia Jacobsen.

—¿Liv, te sientes bien? —el hombre la obligó a mirarlo—. ¿Quieres que te lleve a un hospital?

—Tranquilo, papá, la abuela y mis tíos ya se han encargado de eso —la muchacha le sonrió, y al descubrir que uno de sus dientes estaba partido a la mitad, el coraje le hundió el pecho.

—¿Te hizo algo ese maldito? Amor, mi Livia, yo sé que es difícil, pero ya no llores, ya pasó. No sientas deseos de suicidarte, y si los sientes, búscame, habla conmigo, podremos comprar libros de auto ayuda, contactar a un psicólogo, un brujo, o a un buda, si quieres te llevo a China para que te hagan una limpia purificadora, lo que sea, pero por lo que más quieras, Olivia, no vayas a Japón al bosque de los…

—Basta, papá —Olivia y el resto de la familia se comenzaron a reír—. Estoy bien. No tengo deseos de terminar con mi vida, y no necesito ninguna de esas cosas que mencionaste, cuando mucho me haría bien hablar con el psicólogo, pero tampoco tengo intenciones de ir a Japón y… Bueno, pensándolo bien, sería buena idea ir a Japón y vacacionar.

—Te llevo a donde tú me pidas.

—A casa. El poco tiempo que pasé con la abuela me ha ayudado mucho, pero... quiero irme. Quiero ver a mamá, a Verónica y… Lo quiero ver a él.

—Él te contestó el teléfono, ¿verdad?

—¿Se ha quedado en casa?

—Desde que tú te fuiste, Kevin duerme todas las noches en tu cuarto.

—¿Y su mamá?

—Al parecer se queda con una vecina.

—¿Cuánto tiempo me fui?

—El suficiente como para que sucedieran muchas cosas.

—Quiero irme. Necesito regresar.

—Olivia, por supuesto que vamos a regresar a casa, pero por el momento, nos quedaremos en España. Tú madre y tu hermana han tomado un vuelo, y llegarán por la tarde. Aún tengo muchas cosas pendientes, y una de ellas es destruir a James.

—Esto que voy a decirte, tal vez suene patético, y quiero aclararte que no lo estoy defendiendo, pero yo también tuve parte de la culpa. Sí, es verdad que James me mantuvo encerrada por, mucho tiempo, me amarraba y gritaba que me callara, intentó golpearme, y yo desesperada me arrojé a la alberca para intentar huir de él, pero al final de cuentas, yo acepté el viaje. Condénalo sólo por lo justo.

—James no solo irá preso por secuestro, Olivia, sino también por extorsión. Le ofreció dinero a Adriana y a Kevin a cambio de que se alejaran de ti. Amenazó a Kevin en su casa con hacerle daño a su madre, y también los boletos con los que te sacó del país, fueron boletos fantasmas.

—James está obsesionado, y lo único que quiero, es que no se me acerque, ni a mí, ni a mi familia, a mis amigos y tampoco a Kevin. Lo quiero lejos de Kevin lo más que se pueda.

—No será nada fácil, Olivia, recuerda cuál es su familia de procedencia, y estoy seguro de que Alphonse moverá cielo, mar y tierra para evitar que su apellido se revuelque en el escándalo. Pero, eso debieron haberlo pensado antes de meterse con una de mis hijas.

—Te amo, papá —concluyó.




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