Como no enamorar a mi Jefe

♡ Capítulo 11 — Manos a la obra

Camila

Doy la vuelta para salir de su despacho con pasos firmes. Ya no me importa el contrato, no me importa la junta y no me importa si mañana amanezco sin trabajo y en la calle. Me siento completamente humillada, como una basura.

¡¿Hasta dónde podemos ser capaces de llegar por un sueldo?!

Me duele que mi humanidad sea reprimida por el simple hecho de llevar el pan a la mesa y mantener a mi familia desde la distancia para que no mueran de hambruna.

Si James Maxwell quiere un espectáculo, le voy a dar la función de su vida, comenzará en el mismo instante en que se abran las puertas del salón de gala.

Cierro la puerta de la oficina tras de mí con un chasquido seco. Mi respiración es agitada, las lágrimas que amenazaban con salir se han evaporado por completo, sustituidas por una sed de venganza casi poética.

Si el ogro quiere una fiesta impecable, tradicional y sofisticada, le voy a dar una lección que ni cincuenta años de historia corporativa podrán borrar. Además, comenzaré a cumplir la retorcida orden de Thomas: romper su maldita armadura.

En cuanto llego a mi escritorio, me pongo a trabajar como una mujer poseída. Saco una libreta y abro tres hojas de cálculo. Para que el plan logístico no falle, necesito la ayuda de alguien que conozca las entrañas de este lugar. Llamo directamente a mi nuevo amigo por la línea interna, al fin y al cabo, él lleva muchísimo tiempo trabajando aquí ya que se mueve como pez en el agua por los pasillos del poder.

—Christian —digo en cuanto contesta, modulando la voz para sonar profesional—. El señor Maxwell me acaba de encargar la gala del cincuentenario y me dejó con el tiempo en contra. Necesito que me eches una mano con los contactos de inteligencia corporativa, listas de invitados VIP históricos y las bases de datos de relaciones públicas.

—¿El cincuentenario? ¡Te echó a los leones! —responde al otro lado de la línea, soltando un silbido bajo—. James es un dolor de cabeza para los eventos. Cuenta conmigo, querida, te voy a pasar los archivos de protocolo, la lista de excolaboradores, hasta las agendas de prensa. Pero vas a necesitar un milagro y mucho café para organizar eso a su gusto.

—Gracias. Solo pásame toda la información confidencial de logística e invitados que tengas. Me aseguraré de que sea una noche inolvidable —musito con una sonrisa oculta.

—Hecho. Te lo mando a tu correo corporativo en cinco minutos. ¡Ánimo!

Cuelgo el teléfono. El rubio ha caído redondito: me ha dado las llaves del reino sin sospechar ni por un segundo que sus preciados contactos de relaciones públicas serán el arma con la que haré arder la reputación de nuestro jefe.

Para maquinar la verdadera obra de arte, necesito una mente maestra sin filtros. Alguien que no tenga nada que perder con esta empresa.

Marco rápidamente en mi teléfono personal, esperando ansiosa hasta que escucho la voz de Rea, mi amiga india y excompañera de piso.

—¿Camila? —contesta ella, con su característico tono divertido y relajado—. Dime que no me llamas para decirme que tu jefe millonario te hizo trabajar horas extra.

—Rea, necesito que dejes lo que estés haciendo, consigas papel, lápiz, y me ayudes a maquinar la destrucción social de James Maxwell —le indico sin anestesia—. Te compensaré económicamente por esto.

Al otro lado de la línea se escucha un grito ahogado de emoción y el sonido de cosas cayéndose.

—¡Por los mil dioses! Cuéntamelo todo.

Durante los siguientes cuarenta minutos, le detallo la humillación en el despacho y cómo pienso utilizar los archivos corporativos. La morena, con su astucia afilada y su humor negro, empieza a conectar los puntos de la venganza perfecta.

—Escúchame bien —sigue entusiasmada—. Si vas a incluir a sus exnovias formales, no basta con sentarlas juntas. Tenemos que hacer una puesta en escena digna de Bollywood combinada con una tragedia griega. ¿Y la música? Nada de violines aburridos. ¡Ópera dramática sobre traición a todo volumen!

—¡Me encanta! —exclamo, anotando frenéticamente—. ¿Y qué opinas del servicio de catering y las bebidas?

—Cócteles con absenta pura nombrados sutilmente como amenazas de despido, y una escultura de hielo grotesca —sugiere entre carcajadas—. Y por cierto, no me vas a dejar fuera de esto. Necesito ver la cara de ese imbécil en vivo.

—Ni lo sueñes. Estás más que invitada. Te voy a enviar una invitación VIP en primera fila, justo al lado de las exes. Quiero que estés allí para celebrar conmigo cuando el salón arda en llamas.

—Voy a desempolvar mi sari más elegante y escandaloso para la ocasión.

Durante las siguientes dos semanas, me convierto en la asistente más eficiente, sumisa y sonriente del planeta.

Christian me provee de cada lista y cada número que le pido, creyendo ciegamente que estoy armando una gala ejecutiva impecable. Mientras tanto, en las noches, Rea y yo pulimos cada detalle de la trampa.

Cada vez que mi jefe sale de su despacho para soltarme un comentario sarcástico sobre el avance del evento, lo recibo con un dulce: «Todo está bajo control, señor Maxwell. Sigo al pie de la letra sus estándares».




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