Cómo obligar a un dragón multimillonario a pagar impuestos

Capítulo 23. ¿Y dónde está la mía?

Capítulo 23. ¿Y dónde está la mía?

La novia chillaba como una loca, forcejeaba y golpeaba a Overlord. El dragón volaba tan rápido como podía para que nadie lograra alcanzarlos.

En cuanto Overlord aterrizó cerca de su palacio, puso a la novia en el suelo con delicadeza. El dragón no quería posponer más su confesión, pues comprendía que pronto aparecería por allí, como mínimo, el odiado Arrivederci con todo su séquito. No le temía al dragón filósofo, sino que temía que Maniella lo rechazara.

— Amor mío, mi mejor y más bella mujer del mundo, te amo sinceramente. Cásate conmigo —dijo Overlord y cerró los ojos, pues estaba demasiado nervioso esperando una respuesta positiva, pero temiendo el rechazo. Sin embargo, la respuesta de la novia lo dejó atónito y desconcertado.

— ¡Maldita sabandija voladora! ¡¿Para qué te querría yo a ti?! ¡Devuélveme ahora mismo con mi Arrivederci, o te contaré cada cuerno y te los trenzaré! —empezó a gritar la chica del vestido blanco y velo tan fuerte que todos los pájaros en un radio de dos kilómetros alzaron el vuelo.

— Maniella, amada mía, ¿pero cómo...? —balbuceó el multimillonario, confundido y desesperanzado.

— ¡¿Qué Maniella ni qué ocho cuartos?! —exclamó la novia indignada con voz chillona mientras se levantaba el velo.

Frente a Overlord estaba una joven de blanco que se parecía un poco a Maniella, pero NO era ella. ¡A Overlord se le cortó la respiración! Solo en ese momento comprendió que su querida tesorera no podía ser la novia porque lo amaba a él; que su hermosa Maniella era mucho más bella que su escuálida hermana y que la voz de su amada era mucho más agradable que ese chillido que rozaba el ultrasonido.

Tras recuperarse un poco del impacto, Overlord, loco de felicidad al saber que Maniella no iba a casarse con aquel Arrivederci (que, después de todo, no era tan malo, ¡que viva feliz con esta histérica!), se lanzó a abrazar a la chica del vestido blanco.

La hermana de Maniella no pensaba rendirse y aporreaba a Overlord con el ramo de novia por donde podía.

¡Qué mal momento eligió el dragón para abrazar a la novia! En el cielo ya había aparecido una bandada de dragones liderada por Arrivederci, quien batía sus alas con todas sus fuerzas y estaba listo para matar.

— ¿Quién eres tú? ¿Y dónde está mi Maniella? —preguntó Overlord, sin mirar al cielo.

— ¡Lo que faltaba! Primero me secuestra de mi boda y luego me pregunta quién soy —chillaba la novia—. No sé dónde está Maniella, ella siempre está hasta las cejas de trabajo. Soy su hermana menor: Valuta.




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