Cuando entro a la sala de estar, las personas ahora son menos y mis ojos viajan por lo lujosa que es la casa de los Pembroke, quienes son una familia que goza de muchos privilegios, mis padres están hablando con los padres de James; no se dan cuenta de que estoy aquí, por lo cual opto por acercarme a uno de los sillones. Me siento en uno de ellos y desde aquí veo a cada una de las personas que pasan de un lado a otro; todos los presentes son personas que invierten en empresas y que son socios de mis padres, todos siendo unos millonarios que se creen los dioses del mundo.
La música en vivo de piano y violín me hace cerrar los ojos; siento el cuerpo pesado y tengo ganas de quedarme dormida aquí mismo, al abrir los ojos, veo que James está sentado a mi lado, con una copa de champán en su mano y con mi cabeza recostada en su hombro. No me ve, su vista está puesta enfrente, sigo la dirección de sus ojos y noto que una chica de ojos verdes le sonríe coquetamente, suspiro, hastiada de la situación, y me pongo de pie, dejando a James con la hermosa vista que tiene.
Busco a mis padres entre las pocas personas que quedan; ambos me observan en cuanto terminan de hablar con Christopher, uno de los socios más importantes del bufete.
—¿Qué pasa, cariño? —pregunta mi madre abrazándome por los hombros, viéndome con preocupación.
—Estoy demasiado cansada, mamá —respondo bostezando y señalando mis zapatos—. Estoy cansada de andar con plataformas. ¿Podemos irnos a casa?
—Claro, cariño —mi padre responde besando mi frente—. En seguida nos vamos a casa.
—Gracias, pa —lo abrazo, sintiendo ese amor protector que siempre me da.
A pesar de que continúan hablando con las personas, mi padre se excusa diciendo que estoy cansada y que volveremos a casa, después de media hora, encontramos a la tía Chiara viendo una enorme pintura que está en la entrada de su casa, es sobre un paisaje y una pequeña casa rústica en medio; sale humo por la chimenea y hay algunos animales en el bosque que está pintado.
Transmite paz, transmite calma y transmite esa sensación de querer vivir ahí.
—Es hermosa, ¿no es así? —habla, tomando de la mano a mi madre—. Te he preguntado a ti, linda.
Sus ojos me analizan un momento, es un poco más alta que mi madre, su cabello negro azabache cae como cascada más abajo de su cintura y sus facciones finas la hacen ver muy hermosa para tener cuarenta y ocho años.
—Me parece hermosa —respondo sonriéndole amablemente.
—Qué grande estás, nena hermosa —me besa la mejilla y me abraza, dándome un abrazo que me hace sentir cálida—. ¿Cómo se portó James contigo? —me pregunta cuando se separa.
—Bien —le sonrío para no preocuparla.
—Me alegra oírlo —acaricia mi mejilla—. Últimamente ha tenido algunos problemas y ha estado un poco irritable.
—No te preocupes, Chiara lo entendemos, están pasado por una etapa difícil, son jóvenes. Hay que darles su espacio —mi madre la abraza—. Nos tenemos que ir, pero ten por seguro que vendré pronto a visitarlos.
—Me encantaría que vinieran —me une a su abrazo—. Lis, estás enorme, no puedo creer que ya vayas a entrar a la universidad.
—Ni yo —respondo cansada.
Ambas se ríen de lo que digo y, después de despedirnos, subimos al auto de mi padre. En el camino, ambos van hablando sobre la agradable cena que tuvieron. veo las luces de las calles pasar, recuerdo a James borracho y todo se revuelve en mi interior; no comprendo lo que él trata de hacer, pero me rehúso a verme involucrada con él.
Cierro mis ojos y el cansancio se apodera de mí, mi madre me despierta y camino somnolienta a mi habitación, en cuanto llego, me pongo la pijama, me tumbo en mi cama envolviéndome en el cálido edredón y me sumerjo en el sueño.
Los rayos del sol se cuelan por mi ventana, algunas aves cantan en el balcón de mi habitación, abro los ojos lentamente; la habitación no es la mía. Observo todo a mi alrededor: trofeos perfectamente acomodados en una vitrina, un escritorio perfectamente ordenado y la entrada a un vestidor, el edredón es de color negro, las paredes son azul grisáceas y en ellas alcanzo a distinguir algunas fotos.
Es un chico con dos personas más, me intento poner de pie, pero el brazo de alguien hace presión en mi cintura, reteniéndome a su lado.
Con aire somnoliento, habla:
—Aún no te levantes, Lissi, quiero quedarme más tiempo así —su voz ronca hace que mi cuerpo se estremezca completamente.
Y aunque sé que no he hecho nada con el chico que está conmigo, puedo sentir esa sensación de comodidad, esa voz me resulta familiar, me recuerda a alguien, pero no sé a quién, intento girarme para descubrir la cara de la persona que está a mi lado, causando en mí sensaciones nuevas y extrañas.
Una mata de cabello castaño aparece en mi campo de visión, pero esa mata se transforma en cabello rubio, aclaro mis ojos viendo cómo vuelve al mismo color castaño, suspiro con pesadez y cierro los ojos.
El chico se incorpora levemente dejando un beso en mi frente, lleno de cariño y amor.
—Ojalá esto sea eterno —susurra en voz baja en mi oído.