—Entonces, ¿James Pembroke te está dando clases? —Eli grita emocionada.
—Cállate —digo tapándole la boca—, no sabes cómo odio que justamente haya sido él.
—Liss, no tiene nada de malo —Eli sonríe, botando casi corazones—. James es muy guapo e inteligente, además de que siempre ha sido muy codiciado por muchas chicas de la escuela.
—No me interesa, Eli. Él no es un buen chico y entre más lejos esté de él, mucho mejor —ruedo los ojos cuando ella vuelve a sonreír.
—Si yo tuviera la oportunidad que tú tienes con él, no perdería tiempo y me lo ligaría —suelta un suspiro y sus mejillas se tornan de color carmesí.
—¿Qué te imaginaste? Sucia —suelto una carcajada cuando se encoge de hombros y el color se intensifica—. Qué asco, Eli, no vuelvo a mencionarlo jamás.
Terminamos de almorzar y nos vamos a nuestro salón, en donde ya están varios de mis compañeros. Matías, el encargado de representar a nuestro salón, se pone de pie cuando nos ve entrar.
—Así que la señorita Liss se irá a estudiar a Cambridge —pasa un brazo por mi hombro. Mat es un chico alto, de alrededor de un metro y ochenta y cinco centímetros, sonriente y muy amable, pero siempre tratando de ligar conmigo—. Es una pena que pronto dejaré de ver a esta belleza.
—Sí, sí, sí —Eli se mete entre los dos—, pero nosotras no te extrañaremos, cabezota.
—No estoy hablando contigo, Elizabeth —rueda los ojos—. Bueno, aunque sí extrañare ver tu hermoso cabello ondulado por las mañanas al entrar a la escuela.
Pasa un mechón de cabello detrás de su oreja y mi mejor amiga se pone el doble de roja que en la cafetería.
—No me toques, imbécil —manotea su mano, pero es demasiado tarde; he notado que causó mucho en ella.
—Liss —me habla cuando camino a sentarme en mi lugar—, ¿estás saliendo con James Pembroke?
Frunzo las cejas, confundida.
—No, no somos nada —respondo negando con la cabeza—. ¿Por qué la pregunta?
—Ha venido hace media hora a preguntar por ti. Me pidió que te dijera que en la salida te irás con él.
La bulla que todos tenían ha parado. Ojos curiosos me observan, y otros con enojo y resentimiento.
—Si no son nada, ¿por qué te va a esperar? —Lía, una chica bajita de ojos café miel, se pone de pie mirándome molesta.
—No tengo por qué darle explicaciones a nadie —respondo enojada, sentándome en mi asiento.
Las chicas comienzan a cuchichear entre ellas y los chicos me miran con curiosidad en los ojos, aunque en ellos el sentimiento se va rápidamente; pero en mis compañeras dura el resto de la clase de Economía.
Eli a momentos me susurra que no pasa nada y a otros chilla de felicidad por ver en vivo y en directo a su crush de toda la vida. Aunque intento concentrarme en la clase, no comprendo nada. James no tiene nada que hacer aquí, y menos interrumpir a mis compañeros con algo tan estúpido como eso.
Desde que James apareció en mi vida, no dejo de tener inconvenientes, de pensar y pensar en que la vida no deja de jugarme malas pasadas.
El timbre suena, Eli entrelaza su mano con la mía para irnos juntas y que le presente al más idiota de los hombres; quiero escabullirme por otro lado y que él no sepa cuándo me fui, pero la fuerza de Eli me gana y termino siendo arrastrada por ella.
Mis ojos se concentran en el auto más increíble que he visto, pero esta vista se va al chico de ojos verdes y cabello rubio alborotado que está recargado viendo su celular, luce un pantalón de vestir café con una básica blanca y un suéter sobre sus hombros; los lentes de sol cuelgan en la abertura de su playera y, cuando alza la vista, me percato de un brillo lleno de burla en sus ojos.
—Es demasiado guapo —susurra mi amiga, dándome un leve apretón de emoción.
—Con lo imbécil se le quita —respondo soltando un suspiro.
—Tardaste mucho, estaba a punto de irme —comenta cuando estamos a un metro de distancia.
—Te hubieras ido, no te necesito —respondo rodando los ojos.
—Tu padre me lo pidió —voltea a ver a mi amiga, a quien parece que se le cae la baba por él—. ¿Y tú eres?
—Elizabeth Sinclair, encantada de conocerte —estira su mano y espero el desplante de parte de él, pero hace todo lo contrario: le sonríe y estrechan sus manos.
—El placer es todo mío —responde con coquetería.
Mi amiga comienza a hablar, haciendo que se ría. Pasamos un gran rato así, hasta que veo a Ethan pasar y mi corazón se acelera; siento el nerviosismo aunque estamos a unos metros de distancia. Su mirada conecta con la mía; sonrío, pero él rápidamente la cambia.
Su cabello castaño está levemente acomodado de lado y sus ojos me hipnotizan tanto que siento que el corazón se sale de mi pecho. Saluda a una chica que se acerca a él dándole un abrazo; le corresponde y veo la sonrisa más preciosa que he visto.
Ethan me gusta tanto que no dejo de imaginarme siendo esa chica.
—Deja de verlo como una loca obsesiva —la voz de James me hace volver a mi realidad—. Pobre chico, lo asustas.