Como odio amarte

Capitulo 9

Escucho la discusión de ambos chicos frente a mí; el de ojos azules me mira curioso y luego lanza una mirada molesta al de ojos verdes, que parece estar más moribundo que bien.

—¿Qué mierda haces aquí? —James le pregunta a Ethan, que lo mira sorprendido.

—¿Nos conocemos? ¿Por qué me hablas así, imbécil? —Ethan da un paso al frente, retando a James.

—Porque se me da la puta gana.

James se tambalea cuando también da un paso. Me pongo en medio de ambos, tratando de que se alejen aún más.

—¿Qué les pasa? —Intercambio miradas con ambos y estos se señalan al mismo tiempo.

—Él comenzó.

—Él comenzó.

—Ya déjense de tonterías —digo desesperada—. Ethan, siéntate, en un momento vengo.

Asiente con la cabeza y yo me giro a ver a James, que tiembla; sus labios están pálidos y sus ojos, rojos.

—Te gané, idiota —le enseña la lengua a Ethan, quien niega con la cabeza.

—Vamos, James —lo arrastro conmigo a la cocina, lejos de Ethan—. ¿Qué te pasa?

—No me dejaste hablar cuando te fuiste de mi casa —nuevamente desordena su cabello—. No quería que nos peleáramos, no cuando las cosas van mejor. Lo lamento.

—Ya.

—De verdad no fue mi intención. ¿Puedes ir conmigo a mi casa? —Sus ojos verdes me miran, cansado y enfermo.

Algo dentro de mí quiere decir que sí; una parte de mí, la débil, la que quiere ayudarlo, pero la otra parte me recuerda por qué lo odio, por qué no soporto estar tanto tiempo cerca de él.

—No, James. No iré contigo —respondo con el enojo invadiéndome.

—Por favor —suplica enfermo. Toco su frente y no lo siento con fiebre—. No quiero estar solo en casa.

—James, no puedo ir contigo —mi voz sale apenada.

—¿Por él? ¿Es por él? —Sus ojos buscan los míos y, no voy a mentir, claro que es por Ethan—. No digas nada, se nota que es por él.

—Sí, James, es por él —alzo la voz furiosa—. A ti debería de importarte un comino lo que yo hago con mi vida.

—Pues así es, me importa una mierda lo que hagas —la furia con la que dice aquello me estremece—. Lo decía porque tu hermano me pidió y suplicó que fuera bueno contigo. Veo que no vale la pena intentarlo.

—No todo lo que te dice mi hermano deberías hacer —el nudo en mi garganta crece—. Ahora te pido que te vayas de mi casa.

Se gira furioso y se marcha de la cocina. Escucho la puerta principal cerrarse con fuerza, James se ha ido tan molesto que ni lo débil que está le ha importado. Antes de que todo esto pasara, le pedí al señor Arthur que lo llevara a casa; en su estado no creo que pueda manejar.

Calmo mis emociones, pues el chico de ojos azules me espera.

—Lamento todo lo que pasó —me siento enfrente de él y le sonrío—. No sé qué tiene James en la cabeza. Discúlpalo, por favor.

—No pasa nada —sonríe, cortándome la respiración. Es tan lindo.

—Bien, ¿y a qué debo tu grata visita? —Le sonrío, tanto que siento un pequeño dolor en mis mejillas.

—Solo pasaba por aquí y se me ocurrió visitar —se encoge de hombros—. Es muy linda tu casa.

—Gracias, Ethan —paso un mechón de cabello detrás de mi oreja.

—¿Qué harás después de que nos graduemos? —Aclara la voz, llamando mi atención.

—Iré a Cambridge a estudiar derecho, ¿y tú?

—También, pero estudiaré medicina —despeina un poco su cabello al pasar su mano por él—. No te he visto mucho en la escuela.

—Estoy algo ocupada, tengo asesorías en las tardes —suspiro cansada.

—¿En serio? —Asiento con la cabeza—. Es bueno que te estés preparando.

—No sé si diría eso —arrugo la nariz—. No entiendo muchos términos que me enseñan.

—Tranquila —se ríe, y es el sonido más lindo que he escuchado—. Eres de las mejores en la escuela, es obvio que entenderás rápidamente.

—No cuando tengo un maestro tan idiota —respondo, y le causa gracia, pues suelta una sonora carcajada.

—Eres tan divertida —sus ojos azules me recorren y me sonrojo completamente—. ¿Qué harás mañana?

Su pregunta me toma por sorpresa, pero también me acelera el corazón.

—Nada, ¿por qué? —digo muy, muy nerviosa.

—¿Quieres ir conmigo a una fiesta?

Y después de aceptar, Ethan comienza a entablar una conversación conmigo. Me habla de sus amigos y todo lo que hacen en las fiestas a las que él va, de lo que se le dificulta en la escuela y de diversas cosas; le sonrío y asiento emocionada. Después de media hora, cuando nos ponemos de acuerdo sobre a qué hora pasará por mí, cierro la puerta de mi casa con el corazón a mil por hora.

Subo a mi habitación. Al tomar mi móvil, encuentro mensajes del señor Arthur avisando que James llegó bien. En cuanto me meto a su conversación para escribirle un “tenemos que hablar”, veo los mensajes anteriores. No acepté salidas de James, siempre tenía una excusa; mi abuela no tiene mucho que falleció.




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