El cielo azul me recibe al entrar a la escuela. Algunas personas ya están acomodando sus libros en su locker, otros hablan en grupo y unos más se pasan un balón de básquetbol.
Eli no ha llegado aún, por lo que me encamino a dejar y sacar mis libros. Suspiro al ver que alguien me ha dejado una nota junto a una rosa roja. Frunzo las cejas con duda y leo la nota:
Me paso la vida buscando la salida de emergencia,
el extintor,
la zona segura,
el objeto para mi triángulo de la vida,
pero cuando llegué a ti,
dejé de hacerlo.
Cuando estás, mi mente se calla,
no hay escenarios apocalípticos,
dejo de vivir en el futuro incierto
para vivirte a ti.
Llámame cuando no te encuentres.
—Gilraen Earfalas
Atte: E.A.
Leo la nota varias veces. Es uno de los poemas de un libro que leímos en la clase de Literatura. Ver la letra pulcra y en cursiva me provoca una emoción que no sentía hace tiempo. Alguien se tomó el tiempo de dedicarme un detalle así, haciéndome sentir cursi nuevamente.
Huelo la rosa. Es linda, sí, pero jamás superará a las orquídeas moradas que me fascina admirar. Guardo la flor junto con el papel dentro de uno de mis libros y cierro el casillero.
—¿Qué está pasando en tu vida, chica? —Eli aparece de la nada, haciéndome saltar del susto y maldecir en voz alta.
—¡Eli, me asustaste! —Pongo la mano sobre mi pecho mientras ella sonríe de oreja a oreja.
—Lo siento, amiga, es que llevo días sin saber de ti. —Me da un abrazo rápido y sus ojos me analizan de pies a cabeza—. ¿Qué pasó?
—No ha pasado nada —digo, mirando hacia otro lado para que no note mi mentira.
—¿Qué pasó? ¿Te besaste con James? ¿Qué pasó en el auto después? —empieza a ametrallarme a preguntas sin dejarme respirar.
—Eli, para —la callo de golpe—. No, no me besé con nadie. Y le dejé claro que no quería más asesorías; no es mi sueño y no creo posible cumplir las expectativas de papá. Además, pasaron muchas cosas más que ni sé por dónde comenzar.
—Pues comienza por el principio —dice, tomándome de los hombros y sacudiéndome levemente.
Abro la boca para hablar, pero el timbre suena. Nos vamos juntas a clase. Aunque quiero contarle todo en el pasillo, la inseguridad de cruzarme con alguien conocido y que esparza un rumor me hace inventarle otra cosa que hice durante el fin de semana.
Después de las decisiones que he tomado al aceptar la salida con James, me siento extraña e inquieta. Sus ojos verdes ahora me provocan un nerviosismo distinto y una urgencia torpe por que terminen las clases, ya sea para salir con él o para escapar de aquí... tal vez sea lo segundo.
Durante las primeras horas intento concentrarme: participo y trato de olvidar lo ocurrido el fin de semana, pero es en vano. Sé que en un par de horas tendré que contárselo todo a Eli. Necesito un consejo, alguien que me diga qué hacer y cómo aclarar este enredo mental.
Al salir del salón, me cruzo con los ojos azules de Ethan. Me dedica una mirada rápida cargada de emoción, me sonríe y asiente a modo de saludo. Alzo la mano y le devuelvo la sonrisa, sintiéndome tonta por ver que alguien con esos ojos tan cautivadores me presta atención.
—No me jodas —la voz de Eli me saca de mi estupor—. Ethan, tu crush de toda la vida, te acaba de ver y no solo eso: ¡te ha sonreído! No puede ser.
Me encojo de hombros, pero no puedo borrar la sonrisa. Se siente tan bien... aunque, de inmediato, el recuerdo de unos ojos verdes se cuela en mi mente y cualquier rastro de emoción por Ethan se esfuma.
—Sí, lo sé.
—¿Qué me estoy perdiendo, Liss? —Mi mejor amiga me conoce a la perfección; sabe de sobra cuándo algo dentro de mí no anda bien, y estos días han sido tan caóticos que no sé ni por dónde empezar.
—Vamos a la cafetería, necesito soltar todo esto.
Nos sentamos en nuestra mesa habitual y le explico cada detalle: desde lo de James, cuando se enfermó y quiso pelearse con Ethan, hasta las conversaciones y todo lo demás.
—Guau —suspira Eli al terminar—. ¿Y qué vas a hacer?
—No lo sé, estoy híper confundida. —Me llevo las manos a la cabeza con frustración—. En un rato veré a James, pero después de la nota que me dejó Ethan, no sé qué se supone que debo hacer.
—Deberías salir con James y ver qué pasa.
—No sé... siento que me estoy confundiendo sola. Además, creo que él solo se comporta así porque mi padre y mi hermano se lo pidieron —admito, mordiéndome el labio inferior.
—Tal vez... pero tal vez también te estés equivocando al pensar eso.
Volvemos a las clases restantes. Los minutos vuelan y siento que me faltará la respiración cuando tenga enfrente a James. No lo he visto desde anoche y no sé cómo reaccionar.