Hace una semana James se fue, y desde entonces he estado saliendo con Ethan, quien resultó ser el chico que siempre soñé conocer. Ethan me trajo rosas al día siguiente de venir a mi casa. Le conté que James no volvería y que ahora tendríamos más tiempo para conocernos. Después de invitarlo a pasar y hablar sobre el colegio, pusimos una película.
Al parecer, el universo Marvel es de sus favoritos, pues comenzamos a ver la saga completa desde ese día. Todos los días me trae de regreso a casa. El señor Arthur se ha mostrado un poco incómodo con su presencia tan repentina, pero le he asegurado que el hecho de que Ethan me lleve y me traiga no afectará en nada su trabajo. Aun así, mi chófer siempre lo vigila con cautela y trata de estar al pendiente cuando nos quedamos a solas en la propiedad.
Ethan me ha regalado más ramos de rosas de los que alguna vez imaginé recibir. Es encantador: su forma de hablar y de contarme aspectos de su vida resultan fascinantes. Me encanta escucharlo decir cuánto adora a su hermano menor, aunque admita lo difícil que es bregar con un preadolescente.
Me platica sobre lo que hace después de los entrenamientos y me ha invitado a que este miércoles vaya a verlo a uno de sus partidos. Aunque no entiendo demasiado de básquetbol, me hace ilusión verlo jugar, sobre todo ahora, con el título implícito de la chica con la que está saliendo.
Todas las mañanas, desde hace una semana, encuentro notas acompañadas de rosas en mi casillero. Guardo cada una con entusiasmo y, a la hora del almuerzo, Ethan se acerca a mi mesa con esa sonrisa encantadora que lo caracteriza, me da un beso en la mejilla y se sienta a comer conmigo. Sus amigos suelen burlarse de él y, aunque él niega con la cabeza algo apenado, tenerlo tan cerca sigue haciendo que se me acelere el corazón.
A Eli le ha parecido de lo más extraño que empiece a salir con él tan pronto, en especial después de haberle confesado lo confundida que me sentía con James. Pero, a decir verdad, creo que lo mío con James fue simplemente un profundo agradecimiento por lo que hizo por mí durante el funeral de mi abuela. Aunque me estaba acostumbrando a su compañía, creo que su partida fue lo mejor que pudo pasar.
—¿Podemos hablar más tarde? —Eli acomoda su cabello y me observa con sus intensos ojos azules.
—Sí, claro. ¿Sobre qué? —Guardo mis libros en el casillero y la miro con las cejas fruncidas.
—Sobre Ethan y tú. —Eli siempre ha sido directa, por lo que no me sorprende su tono.
—Claro, hablamos más tarde.
Cierro la puerta de metal y caminamos juntas en silencio hacia la salida, hasta que Ethan me intercepta a mitad del pasillo. Su chaqueta azul con la inicial del equipo escolar hace resaltar aún más el azul de sus ojos.
—Hola, chica guapa —saluda, besando mi mejilla—. ¿Puedo llevarte a casa?
—Está bien —respondo, encogiéndome de hombros.
—¿Quieres que te dejemos en tu casa? —le pregunta a mi amiga, quien me dirige una mirada de franca molestia.
—Liss no podrá irse contigo —interviene Eli en tono hosco, tomando mi mochila para cargarla ella misma—. Tenemos cosas que hacer.
—Lo siento, Ethan, lo olvidé por completo —digo, mirándolo apenada—. Nos vemos otro día, ¿vale?
Él asiente, pero Eli no le da margen para responder. Me toma del brazo y me arrastra hacia la salida principal, donde el señor Arthur ya nos aguarda. Mi amiga saluda respetuosamente al chófer, quien le devuelve la sonrisa; yo subo tras ella y, en cuanto el auto se aleja de la escuela, explota.
—No sé qué mierda tengas en la cabeza, pero salir con Ethan es la peor estupidez que vas a cometer en tu vida —suelta furiosa, con el rostro enrojecido de rabia—. No puedo creer que de la noche a la mañana empezara a hablarte y que ahora esté pegado a ti como una garrapata. ¿Qué le pasa a ese tipo?
La vena de su frente resalta de lo alterada que está.
—¿De qué hablas? —pregunto confundida, lo cual solo aviva su enojo.
—Lissette, ¿es que no te das cuenta? —Niego con la cabeza y ella suspira con desesperación—. ¿Soy la única a la que le parece turbio? Tan pronto como James y tú empezaron a pasar tiempo juntos, a él le dio por acercarse. Ethan siempre supo que te gustaba y ahora que te tiene comiendo de su mano, ¡no hace otra cosa que presumirte como un trofeo! ¿No lo ves?
Me quedo perpleja. No sé qué responder ni cómo explicarle que está equivocada.
—Eli, no sé de qué hablas —suspiro con pesadez—. Él no sabe nada de eso, y tampoco le estoy dejando el camino fácil. Sabes perfectamente lo mucho que me gustaba Ethan.
—Sí, lo sé, y precisamente por eso veo que ustedes no encajan. No les veo esa chispa...
—¿Qué chispa?
—La que tenías cuando estabas con James.
—Él se fue, Eli. Siempre se termina yendo. ¿Por qué crees que me alejo? ¿Por qué crees que no lo tolero?
—Pero se te veía feliz con él.
—No, Eli. Lo que hice con James fue una tregua por el tiempo que le tocaba estar aquí. Ahora se ha ido, está haciendo su vida a kilómetros de distancia y no voy a ponerme a revisar el pasado —digo esto último con un hilo de voz, sintiendo lo difícil que es asumir que la historia se repite.