Terminaba de hacer su carrera matutina matinal, por lo cual adentró su transpirado cuerpo a la ducha. Tomándose unos veinte minutos para él, salió del baño aun goteando levemente, dejando un vago rastro húmedo en el piso recién pulido. Con pasos lentos se dirigió a su habitación y se dedicó a abrigar su cuerpo con sus típicos trajes de oficina: camisa de botón blanco, pantalón, zapatos y saco negro, y una corbata color vino. La hora en su reloj de muñeca de oro blanco le indicó que se acercaba el momento de su entrada habitual. Decidió saltarse el desayuno y encaminarse al trabajo.
Eran apenas las ocho y media de la mañana cuando se adentró por las puertas de cristal templado del alto edificio de Writers On Duty. Con la cabeza en alto, ignorando rotundamente las miradas puestas sobre él, contoneando sus caderas y con pasos seguros, se dirigió a su oficina.
Se dejó caer en la silla giratoria de cuero detrás del escritorio de madera y aspiró profundamente, llenando sus pulmones del olor común de su oficina de trabajo: madera, aromatizante con olor a lavanda, su olor natural —miel— y uno leve de su ayudante —canela—. El aroma se intensificó cuando el alfa adulto se adentró a la habitación con su mano izquierda ocupada por una caja de cartón que sostenía dos envases de café, y debajo del brazo, cubierto por la tela del saco azul marino, unas carpetas marrón oscuras.
—Louis —saludó el alfa con la voz gruesa. Los ojos brillosos y la cabellera de rizos cortos color chocolate desordenados, probablemente por el viento. Movió su fornido cuerpo despacio hacia su escritorio y, con suaves movimientos, le tendió el envase de plástico—. Tu café —dice y coloca el cartón en la mesa con delicadeza—. Me encargué de leer el borrador de Emilio Banks. Drama, comedia y romance. Tiene potencial. Sin duda deberías leerla —opina extendiéndole la carpeta llena de páginas adjuntas con el guion.
—¿Te comunicaste con Frederick de The People? —evade el comentario profesionalmente mientras lleva el envase a sus labios y da un pequeño sorbo. No pudo evitar cerrar sus ojos por unos breves minutos. El sabor de su café americano triple con una cucharada de azúcar lo deleitó de sobremanera.
—Él aún quiere la entrevista para el día de hoy. A las dos y media —habló el hombre alto, con los hombros cuadrados y levemente inclinado. Su pálido rostro, por su piel clara, estaba levemente fruncido con concentración. Sus manos grandes de uñas cortadas de manera perfecta sostenían firmemente su agenda de trabajo—. ¿Debo confirmar la entrevista?
—No por ahora, tengo otros asuntos —informó mostrándose indiferente.
—Williams estuvo llamando, dice que deben reunirse —sigue sin levantar la vista. Tomó asiento en las sillas individuales frente a él y, aún sin mirarlo, agarró un lápiz de tinta negra y comenzó a escribir cuando Louis inició a hablar.
—Primero, necesito que te comuniques con el reportero de People y le digas que, por cuestiones laborales, no podré asistir a la reunión de la entrevista, que debemos moverla —Louis observaba atentamente mientras el alfa garabateaba distraídamente todo lo que iba diciendo. Disimuló una sonrisa satisfecha llevando nuevamente el vaso a su boca—. Habla con Williams, quiero saber el problema y sus insistentes deseos para reunirnos. Y también, infórmale al chico ese, Robins, que su trabajo fue revisado detalladamente pero que no cumple con lo que estamos buscando —culminó serio.
—Buscaré otras palabras —informa levantando el rostro y posando sus verdosos ojos en los índigos de Louis—. ¿Es todo?
—Sí —murmura el omega removiéndose en su lugar. Aguantó la respiración cuando sintió cómo sus latidos se incrementaban y su olor comenzó a intensificarse por la habitación, incomodando al alfa, que apretó su agarre en la agenda entre sus manos—. Puedes retirarte —dijo con la voz rota.
Inmediatamente Harry se puso de pie e, ignorando el fuerte aroma a miel proveniente de su jefe, salió de la oficina moviendo sus pies tan rápido como pudo y autocelebrándose por no tropezar en el trayecto. Dejando escapar todo el aire de sus pulmones, se recostó en la silla de su cubículo. Posó sus ojos en el marco que cubría una foto de su excéntrica y disparatada familia con una firme sonrisa, pareciendo más una foto para una revista de ejecutivos que una familiar. Pero así son ellos.
Harry ha dedicado unos largos cuatro años a trabajar duramente para poder conseguir su puesto como editor. Es su mayor sueño. Al inicio, trabajar para ese controlador omega que se paseaba lentamente por su oficina con una excesiva cantidad de papeles entre sus manos fue, sinceramente, complicado. No fue por el hecho de que él sea un alfa. En cierto punto, sí. Acostumbrarse al olor característico de Louis no fue para nada fácil, sin contar reconocer sus expresiones y emociones, descifrarlas y saber cómo controlar el asunto. Domar su temperamento pesado y sobrellevar el del omega aún se le sigue haciendo complicado, pero se ha vuelto algo totalmente común en su día a día trabajando para el controlador chico de veintiséis años.
Porque a pesar de que Louis Tomlinson era un simple omega, tenía el carácter pesado de un alfa. Algo realmente bueno, porque demuestra que no es débil. Y aunque en algunas ocasiones pueda llegar a ser un gigantesco grano en el trasero, Harry silenciosamente lo admira, porque él —ese hermoso, vil y mandón omega— es todo lo que él desea ser en un futuro no muy lejano.
Con un suspiro agotado se dedicó a cumplir todas las indicaciones del autoritario omega que tiene como jefe.