Cómo perder a tu asistente (y ganarte un alfa)

PARTE DOS.

—Louis, qué bueno verte —habló Felix Gregor, el jefe principal de Writers On Duty. El omega castaño paseó sus ojos por los dos alfas de la habitación y tragó levemente antes de adentrarse por completo en la oficina, aguantando la respiración lo más que pudo cuando el aroma pesado de almizcle y vinagre lo golpeó de manera brutal, casi asfixiándolo. Apretó sus labios en una fina y dura línea en un intento de evitar que el gemido que comenzaba a crecer en su interior disminuyera—. Quiero presentarte al señor Alberth Pears, del departamento de emigrantes.

—Hola, señor Pears, es bueno volver a verlo —dijo Louis suavemente y seguro, estrechando la mano con el robusto alfa—. ¿Y a qué debemos su maravillosa visita? —Louis en serio trató de que su sarcasmo no se notara. Sin embargo, el ceño fruncido del hombre canoso le hizo saber que su trabajo fue completamente en vano.

—El señor Pears se comunicó directamente conmigo el día de hoy, y lo hice venir a nuestras oficinas para aclarar este asunto personalmente —comenta su jefe con el rostro neutro, aún de pie, posado detrás del largo e imponente escritorio de madera gruesa y pulida oscura.

—¿Problema?

—Señor Tomlinson, déjeme informarle que su visa ha expirado y debe regresar a su ciudad natal cuanto antes —habló serio Pears.

—Debe ser un error. Exactamente hace un mes me comuniqué con mi abogado personal, y él estaba encargándose de ese papeleo en específico —informó moviéndose ligeramente en su lugar.

—Su pedido de visado no ha sido aprobado, Louis. Debes dejar el país cuanto antes.

—No puedo dejar Estados Unidos. Mi trabajo está aquí, no puedo trabajar a distancia —el miedo y la desesperación se palpó en su voz, sacándole una sonrisa al hombre de servicios de inmigrantes—. Felix, no puedo irme. Además, ¿quién quedará en mi puesto?

—Frank —dijo simplemente el alfa.

—¿Frank? —preguntó irónico—. ¿El mismo Frank que acabo de despedir y se fue maldiciéndonos a todos? ¿Ese Frank? —Louis no pudo evitar reír cuando el hombre asintió con su cabeza con el rostro ilegible—. Esto debe ser...

La puerta siendo tocada y abierta interrumpió sus intentos de hacer entender al hombre déspota que tiene como jefe. El aroma característico de Harry llenó la habitación, haciendo que Louis respirara profundamente, intentando relajarse con el olor conocido y soportable en su organismo.

—Louis, lo siento, debo informarte que Frederick Baker, el reportero de People, está viniendo para acá en estos instantes —Louis abrió sus ojos y le hizo señas al hombre mostrando su mejor sonrisa de dientes blancos.

—Oh, Harry —murmuró suave, y atrajo el cuarto del alfa que lo miraba con el ceño fruncido, sorprendido por el drástico cambio del pequeño omega—. Chicos, les decía que es una broma, porque dentro de poco voy a casarme —siguió Louis como si fuera la cosa más trivial. Escuchó cómo el alfa se atragantó con su saliva y lo disimuló pasando una mano llena de anillos por sus rojizos labios—. Harry y yo estamos comprometidos.

—¿Cuándo sucedió eso exactamente? —inquirió el alfa mayor con los ojos entrecerrados, observando el cuerpo tenso de Harry y Louis sosteniéndose levemente uno cerca del otro.

—Bueno, Felix, cuando pasas veinticuatro horas trabajando con una misma persona, y entre los dos hay una química indescriptible, puede salir a relucir una bonita relación —respondió con un deje de sarcasmo e ironía en su voz el omega, con una suave sonrisa plasmada en su rostro. Afincó levemente su cabeza en el hombro de Harry, haciendo que él moviera sus ojos hacia su rostro—. Harry es un gran chico. Y bueno, se dio lo que tenía que darse —culminó.

—Si es una mentira, ambos tendrán cargos por mentir. Y tú terminarás siendo deportado a Londres —soltó tosco el alfa Pears, con los ojos entrecerrados y apuntando a la pareja con el dedo índice.

—Jamás podría mentir sobre mi compañero —fue lo último que dijo antes de tomar la muñeca del alfa y jalarlo para que lo siguiera.

Cuando puso ambos pies fuera de la oficina, respiró hondo y liberó el agarre en la muñeca de Harry. Caminó y sacó su celular, mientras fingía enviar mensajes. Escuchó las pesadas zancadas del alfa siguiéndolo, haciendo que sus latidos se aceleraran y sus pasos también. Salieron del edificio y la voz gruesa de Harry hizo que detuviera sus acciones.

—¿Perdón? —dijo fingiendo que no lo había escuchado.

—¿Qué fue todo eso?

—Nos casaremos, Harry. Tranquilo, dentro de un año nos divorciaremos y cada uno de nosotros seguirá con su vida —dijo simplemente moviendo sus hombros, y volvió a mover sus dedos sobre la pantalla táctil de su celular. Intentó ignorar rotundamente cómo el aroma del alfa se incrementó, casi haciéndolo aullar con miedo.

—No. No voy a casarme contigo —gruñó serio el alfa.

—A ver, ¿qué es lo que quieres? —giró sobre sus talones, mostrándose seguro—. Piénsalo bien, Styles, porque será la única oportunidad.

—Acepto casarme contigo —habló luego de un largo rato de silencio entre ellos—. Pero tengo condiciones.

—Dilas —demandó.

—Número uno: me ascenderás a editor, y —enfatizó cuando notó que Louis iba a replicar— no hay cambios. Número dos —eleva su mano derecha cerrando tres dedos, haciendo un dos con sus extensiones—: viajarás conmigo a Alaska este mismo fin de semana.




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