Cómo perder a tu asistente (y ganarte un alfa)

PARTE SEIS

El picnic en el lago se extendió durante horas. Annie, con su energía inagotable, insistió en que todos participaran en una competencia de lanzamiento de piedras planas sobre el agua. Louis, que nunca había hecho algo tan campestre en su vida, falló estrepitosamente en sus primeros intentos, lo que provocó las risas de Anne y las burlas cariñosas de Harry.

—No es tan difícil —dijo el alfa, colocándose detrás de Louis y guiando su mano con la suya—. Tienes que inclinar la muñeca así, y lanzar con un movimiento suave.

El contacto de su piel, el calor de su cuerpo contra su espalda, hicieron que Louis olvidara por completo la técnica. La piedra cayó al agua con un miserable chapoteo.

—Fue tu culpa —acusó Louis, girándose para enfrentarlo—. Me distrajiste.

Harry sonrió con esa maldita picardía que Louis comenzaba a conocer demasiado bien.

—Claro. Todo es mi culpa.

—Exacto.

Anne los observaba desde la manta del picnic con una sonrisa radiante, y Louis sintió un nudo en el estómago al darse cuenta de que, por un momento, había olvidado que todo era una actuación.

—Bueno, creo que es hora de regresar —anunció Annie, levantándose con la ayuda de su bastón—. El sol se está poniendo y pronto empezará a hacer frío.

El viaje de vuelta fue igual de hermoso que el de ida. El sol se despedía detrás de las montañas, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados que se reflejaban en el agua como un cuadro vivo. Louis se sentó en la proa nuevamente, y esta vez Harry se sentó a su lado sin preguntar.

—Gracias por esto —dijo Louis en voz baja, sin mirarlo—. No esperaba que fuera... tan agradable.

—¿Quieres decir que no esperabas que Alaska fuera un lugar tan terrible como imaginabas? —bromeó Harry.

—Algo así —admitió Louis, esbozando una sonrisa—. Pero no es terrible. Es... diferente.

—¿Diferente en el buen sentido?

Louis finalmente lo miró.

—Sí. En el buen sentido.

Harry sostuvo su mirada, y por un momento, el sonido del motor de la lancha pareció desvanecerse. Louis sintió el impulso de acercarse, de decir algo que rompiera la delgada línea que habían estado cruzando desde que llegaron. Pero antes de que pudiera hacerlo, Anne llamó la atención de Harry para preguntarle algo sobre la cena, y el momento se rompió como un espejo.

Louis respiró hondo y volvió su mirada al horizonte, preguntándose cuándo exactamente se había vuelto tan complicado.

Al llegar a la casa, el aroma a carne asada y verduras horneadas los recibió desde la entrada. Desmond estaba en la cocina, removiendo algo en una olla gigante mientras tarareaba una canción que Louis no reconocía.

—Bueno, bueno —dijo el alfa mayor, girándose al verlos entrar—. Los excursionistas han regresado. Siéntense, la cena está casi lista.

La velada transcurrió en un ambiente cálido y familiar. Anne había invitado a algunos vecinos —una pareja de alfas mayores que regentaban una tienda de artesanías en el pueblo— y la conversación fluyó entre risas y anécdotas. Louis se sorprendió a sí mismo participando con entusiasmo, contando historias divertidas de su trabajo en Nueva York que hicieron reír a todos.

—¿Y entonces qué pasó con el autor que no entregó el manuscrito? —preguntó la vecina, secándose una lágrima de risa.

—Tuve que ir a buscarlo a su casa —respondió Louis, con una sonrisa cómplice—. Estaba en pijama, comiendo helado y viendo series. Dijo que el bloqueo del escritor era su "enemigo íntimo".

—Suena a mi sobrino —comentó el marido de la vecina, negando con la cabeza.

En algún momento, Harry se acercó a Louis y le susurró al oído:

—Estás siendo muy convincente. Casi pareces un humano normal.

—Soy un excelente actor —respondió Louis sin perder la sonrisa—. Además, tu familia es... agradable. Diferente a lo que esperaba.

—¿Y qué esperabas?

Louis se volvió hacia él, y sus miradas se encontraron.

—No lo sé. Algo más... alfa, supongo. Pero tu madre es increíblemente cálida, y tu abuela es todo un personaje. Incluso tu padre —hizo una pausa—, aunque es intimidante, parece querer lo mejor para ti.

Harry parpadeó, sorprendido por la sinceridad de Louis.

—Eso es... muy amable de tu parte.

—No soy amable —respondió Louis rápidamente—. Solo digo lo que veo.

Harry sonrió, y esta vez no había picardía en sus ojos, solo una calidez genuina que hizo que el corazón de Louis diera un vuelco.

—La cena está lista —anunció Anne, interrumpiendo el momento—. Ayúdenme a llevar los platos a la mesa, por favor.

Durante la cena, Louis sintió más que nunca que era parte de la familia. Anne le sirvió dos veces de su plato favorito, Annie le contó historias de Harry cuando era niño, y Desmond, aunque reservado, asentía con aprobación cada vez que Louis hacía un comentario inteligente. Incluso los vecinos lo trataban como si hubiera sido parte del pueblo toda su vida.

Pero en el fondo de su mente, siempre estaba el recordatorio de que todo era falso. Que en un año, todo esto desaparecería. Que nunca volvería a sentarse en esa mesa, a reír con esas personas, a sentir el calor del brazo de Harry alrededor de sus hombros.




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