Compilación de Microrrelatos Intrascendentes.

XII. Delirio, Paz, Amor, Hambre, Locura.

Su voz le hablaba pero ella no se sentía bien. Hondo en su cabeza, un dolor agudo le azotaba. Sus ojos, se crispaban por el ardor detrás de ellos. La voz de ella, era un sonido difuminado. Todo se sentía como andar a través de niebla. Un sueño febril. El delirio que ve el que no duerme, en insomnia.

—Ya te dije, el examen saldrá bien, tranquila —Decía ella. Su voz, de pronto ocupaba toda su atención, como si de pronto hubiera salido a flote de algún río o algún otro cuerpo de agua, y esa voz, fuera el aire que de pronto inundaba sus pulmones. De qué hablaba, se decía, ahora en verdad despierta, con la migraña en sus sesos. Se frotó las sienes. El murmullo de los pasillos del instituto se unían de pronto al azote de ruidos, pisadas, voces, risas.

—No, no, no creo —Le dijo, pesimista, apretando los ojos. Siempre pesimista. Mary, Mary, niña intranquila de poca fe, le decía de pronto el recuerdo de su madre.

—Yaa, ajá, no es sano que te preocupes tanto —La chica, su amiga, le ponía una mano al hombro, tranquilizadora. Era una chica de pelo castaño, anteojos, amable, risueña. No se daba cuenta de lo que sentía Mary. Y qué, sentía Mary.

Vómito. El hedor a vómito de pronto le inundó la nariz, el olfato, el sentido del gusto incluso. Allí lo sentía, sobre su lengua. La piel de su rostro se tornó pálida. Soltó un quejido. Su amiga, con el ceño primero recogido, le miró con extrañase, luego preocupación.

—¿Mary? ¿Te encuentras bien? —Preguntó, extendió su brazo, quiso acercársele. Mary, se desplomó.

Horas después, despertaba en enfermería. Allí estaba su amiga, tomándole de la mano, mirándole con ojos preocupados, sentada a un costado de la camilla. Hacía frío, mucho frío.

—Lily —Decía su amiga, apretándole la mano. Tenía miedo, lo veía en sus ojos, temía por ella. La había llamado Lily, ¿quién es, Lily? Mary sonrió, despacio, una sonrisa débil, suave, tranquilizadora, le miró a los ojos. Dios, le dolía tanto verla así, preocupada por ella.

—Tranquila, estoy bien —¿Lo estaba? No, pero por favor, no te preocupes por mí, lo estaré, estaré bien.

—¿Bien? Te desmayaste delante de mí sin motivo alguno, ¡eso es no estar bien! —Espetó, indignada, preocupada. Pero, Mary solo le respondió ensanchando un poco esa sonrisa suya que intentaba parecer tranquilizadora, luego, intentó recostarse contra el blanco muro en la cabecera de la camilla. A duras penas lo logró, con esos ojillos asustados mirándola con preocupación y pena.

—¿Ves? Estoy bien, solo fue un desmayo, no el fin del mundo, ya no te preocupes, tranquila. —Dijo, con más seguridad en su voz, Emy, su amiga, se lanzó a abrazarla, sollozando sobre su hombro, llamándola tonta, tonta.

Sobre el hombro de su amiga, la mariposa le regresaba la mirada. Rojo, era roja, un punto rojizo en el aire, batiendo sus alas despacio, mirándole, con aquella sonrisa, aquella sonrisa humana, de labios finos, boca tan abierta, una sonrisa afilada de perfectos dientes blancos. Su aliento, su aliento apestaba, el hedor, aquel hedor, el intenso hedor del vómito, de allí provenía.



#4751 en Otros
#1137 en Relatos cortos

En el texto hay: detodo, microrelato, microcuento

Editado: 05.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.