Scarlett
Las oportunidades son pocas en las vida, es lo que suele decir la gente mediocre para justificar que no fueron lo suficientemente buenos. Las oportunidades llegaban, solo se tenía que ser lo suficientemente listo para saber cuales tomar y cuales desechar.
Ahora, con la tarjeta bailando en mis manos, esa era justo la pregunta que no abandonaba mi mente.
Ciertamente el ingreso extra no era algo que solía despreciar, no es que me faltará, pero, sería lindo no tener que usar siempre la extensión de la tarjeta de mi padre. Por otro lado, estaría haciendo de niñera a un cavernícola, aunque tampoco dijo que lo corrigiera, solo que le avisara.
Bueno, si había tenido la neutralidad suficiente para presenciar todo el show, era claro que el corregir estaba implícito dentro del contrato, después de todo se trataba de mí, era poco probable que yo me quedará al margen y menos si me provocaban y él, era del tipo que provocaba, demasiado.
La campana había sonado hace poco más de quince minutos, no es que planeará quedarme demasiado tiempo sentada al borde de un balcón, pero, mi padre había mencionado que llegaría un poco tarde a recogerme, lo que significaba que aún tenía media hora libre para pensarlo.
Por un lado tendría el permiso y la autoridad para jugar con su cordura, por el otro, podría librarme de una vez y tener un año tranquilo. Una mueca apareció en el rostro, aunque bueno, no es que creyera que Lincy y Beverly no planearían algo para hacerme pagar.
No es que me preocupara demasiado, pero la noción de tranquilidad era claro que no lo tendría aquí. Aunque si difundía el rumor que había echo que expulsaran definitivamente al tipo problema me daría una especie de inmunidad frente al resto.
Respiré hondo, bueno, no lo decidiría en media hora.
—Hey, tú.
Ignoré el llamado, además, desde la posición en la que me encontraba no es como si tuviera la certeza que era para mí.
—Te estoy hablando.
La mueca regreso a mi rostro.
Bueno al parecer el cavernícola tenía su propia opinión del tema. No es que me importará pero podía ayudarme a decidir.
—Aceptarás el trato de mi padre, dirás que he cambiado y te mantendrás alejada de mí.
Me levanté, quedando frente a él. No es que me gustará la idea, pero si iba a burlarme, al menos quería ver la forma exacta en la que su cara se deformaba.
—Así que, en el frijol que llamas cerebro, para mantenerme alejada de ti tengo que aceptar un trato que me obliga a estar pendiente de ti.
—No lo cumplirás. Le harás creer que todo va bien. Que he cambiado y que soy un hombre nuevo.
Mi ceja de arqueó. La pregunta implícita en mis ojos.
¿Por qué yo le haría un favor?
Si acaso se arrodillará podría pensarlo, pero mentir de a gratis para beneficiar a semejante idiota descerebrado. No. No estaba en mis planes.
—Tu no aprendes ¿verdad? —pregunté, mientras sacaba un pequeño aparato de mi bolsillo, jugué con este entre mis dedos luego de cruzar los brazos.
—¿El que?
Rodé los ojos, dispuesta a borrar la confusión en sus ojos, probablemente luego que escuchará se aventaría sobre mí para quitármelo, perdía el tiempo, cualquier cosa que mi pequeño aparato grabará, iba directo a mi móvil, así que daría lo mismo.
Así que, complacida, presioné el botón.
—<Aceptarás el trato de mi padre, dirás que he cambiado y te mantendrás alejada de mí.> .
Sin duda, esta era mi parte favorita, ver como su expresión aturdida, pasaba a furiosa, como sus facciones se arrugaban hasta el punto de creerse atemorizante. Era tan ridículo que era gracioso.
—No estas en posición de exigirme de nada —aclaré, esquivando cuando trató de abalanzarse sobre mí y quitármelo—, si tú quieres que acepté lo que tu padre me propuso, tendrás que convencerme. No ordenarme.
Fabián lo intentó un par de veces, un par de muchas veces más fracaso, dos de ellas termino en el suelo y una vez termino con un cabezazo mío en su estomago.
Por lo general no me considero una persona violenta, no me mal entiendan, adoro sacar de quiso a las personas que se creen superiores, pero normalmente es mediante el juego de palabras. La cosa de pelear con mi cuerpo, no suele estar en mi lista de preferencias, sin embargo, debo admitir, que brinda cierta satisfacción ver como el cuerpo de persona cae una y otra y otra vez.
—Eres una...
Sonaba cansado, la mirada fija en el objeto en mis dedos, de pronto la cambio a mí, su postura se incorporó, a lo mejor había comprendido que no podría quitarme el objeto.
—Eres...
—Dilo —lo alenté, comprendiendo que estaba masticando el insulto, una sonrisa de oreja a oreja haciéndole frente—. Dilo, amenázame, insúltame —acercaba el objeto a su rostro—. Una palabra es lo único que necesitas para echar todo por la borda.
Fabián no dejaba de verme con odio, aguantando cada insulto en su garganta, sus labios moviéndose sin emitir algún sonido.
—¿Ya te cansaste? ¿Te vas a rendir? —pregunté burlona, pero él no respondía mas que con una mirada asesina—. No es la respuesta que estaba buscando, pero bueno tu vida es la que esta juego no la mía.
—Cuando me liberé no ten...
—Anda... dilo con fuerza, que salga del estomago, grítalo a todo pulmón —lo incite complacida—. Que todo el colegio lo escuche.
El muchacho mantenía su puño cerrado, apretándolo hasta estrellarlo con una de las columnas de la institución, haciéndolo una y otra y otra vez.
—Eso, saca toda la frustración que tienes —dije alejandome.
Fue divertido, lo admito, pero eso no significaba que de pronto iba actuar como su niñera contemplando sus berrinches. Cuando estuve a punto de salir de del pasillo y dejar sola a aquella pobre columna que no dejaba de ser golpeada escuche un bajo murmullo.
—Detente —murmuró, fue bajo, casi un susurró, pero aún así mis oídos lo detectaron. Mis pies se detuvieron, aún sin voltear en su dirección—. ¿Podrías, hm...
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Editado: 05.03.2026