Complicado

Capítulo 61: Perdida

Scarlett:

Esperaremos a tu padre, tranquila.

Es lo que había dicho luego de llevarme hasta su auto. Durante el trayecto guarde silencio, ignorado las pocas preguntas que el señor Brown me había echo, no me importaba ser grosera en esos momentos, el único foco que podía permitirme eran las voces resonando en mi cabeza, las mentiras que había dicho Briggitte.

¿Eran mentiras?

El hecho de ni siquiera estar segura de eso estaba aniquilando mi seguridad.

¿Realmente quería esperar a mi padre?

Las palabras que uso con Briggitte, su tono, su actitud. Nada cuadraba.

Pero tampoco habría otra cosa que pudiera hacer. No iría con Briggitte, implicaría darle la razón, decirle que gano, darle la satisfacción, no es algo que estaba dentro de mi rango de acción, aún así, las voces no se detenían, se repetían una y otra vez, un eco resonando en el fondo de mi mente.

Respire hondo, sabía que era inútil, pero al menos, me brindaba una sensación de relajación por unos segundos.

Odiaba esto. Odiaba no haber reaccionado a tiempo. Odiaba haberme comportado como una niña insegura frente a ella. Ni siquiera tuve el valor para hacerle frente y se suponía que yo iba a hacer que se fuera de nuestras vidas.

Fui patética. Mi comportamiento fue patético.

—Tu padre estará acá en quince minutos, envió un texto —la voz del señor Brown trató de sonar reconfortante.

Fracaso. Nada podía ser reconfortante en estos momentos. Bueno, quizá si alguien decidía contarme la maldita verdad ayudaría a deshacerme de la maraña en mi cabeza.

Mis ojos se fijaron en él, sentado en el asiento del conductor. Con los dedos sosteniendo tu teléfono, la mirada fija en la pantalla.

¿Estaría esperando otro mensaje? ¿Otra indicación? ¿Qué tanto le habría informado a mi padre?

Conociendo lo cercano que eran, mi padre debía estar al tanto de todo lo ocurrido. No es que eso jugará en contra mía, pero era un punto que tampoco comprendía al igual que todo lo que dijo Briggitte. Era cierto que el sentido de lealtad que tenía con mi padre era extraño. Incluso más que el mío. Según entendía él estaba al tanto del modo de trabajo de mi padre, la mayoría de personas jamás se acercarían a alguien que mantiene tratos con el tipo de clientes que maneja mi padre.

Quizá él tiene algo que esconder. Una deuda pendiente. ¿Mi padre lo habría ayudado a esconder algún negocio turbio en el pasado y habría derivado en lealtad ciega?

Mi padre no era muy abierto a los lambiscones, ni meter a extraños a sus problemas personales, sin embargo él y Briggitte parecían conocerme muy, de hecho, demasiado bien, ella sabía como provocarlo.

¿Desde cuando conocía a Briggitte? ¿Cómo la conoció? ¿Qué estaría ocultando? ¿Y si todo era un engaño y el señor Brown estaba aliado con Briggitte?

Me di una cachetada mental.

Basta.

Esto era justo lo que Briggitte buscaba. Quería que desconfiara de todos a mi alrededor, quería confundirme, desorientarme, dudar de mi padre y de todo lo que me conectaba con él. No se lo dejaría tan fácil.

Mi padre estaba por llegar, el respondería, le gustará o no.

Puede mentirte, como lo ha hecho desde que tuviste uso de razón.

Un nudo en mi estomago se apretó. No, no lo haría. No podría. Briggitte estaba a unos pasos.

¿Entonces confías en su palabra?

Un revoltijo más fuerte se acentúo. Respire hondo, tratando de limpiar mis pensamientos, enfocarme en lo importante.

Lo que yo sabía, lo único de lo que estaba segura es que ninguno de los dos se daría ventaja sobre el otro. Si mi padre sentía cerca a Briggitte, el tendría que hablar con la verdad, no se arriesgaría a que ella lo desmintiera y, más importante, no se atrevería perderme.

Traté de regularizar mi respiración, acariciando mis dedos, sí, tenía sentido.

Podía con esto.

Podía.

El sonido del motor del auto me alerto, mis ojos fijos en las manos del señor Brown, quien acaba de introducir las llaves y arrancar, la incomodidad tocó mi piel, aterrizándome a la realidad. El plan, hasta donde yo sabía, era esperarlo en el auto, sin embargo, el señor Brown acaba de encender el auto. Saltaba a la vista que ordenes estaba siguiendo, una vez que mi padre subiera me llevarían lejos de aquí. Lejos de este hotel, lejos Briggitte, lejos de lo único que me daba cierta ventaja.

Maldición.

Mis ojos viajaron hasta la ventana del auto, viendo a través de él, buscando alguna luz prendida en las suite residenciales. La encontré, con mucha facilidad, probablemente porque los otros residentes distinguidos aún se encontraban disfrutando la velada en la sala principal. Briggitte estaría ahí, probablemente, esperando confiada a que mis pasos me llevarán hasta ella, a que me alejará de mi padre solo para escuchar sus tretas laboradas.

Mis labios se fruncieron.

¿Qué hago?

La única forma de obtener la verdad era tenerlos frente a frente. Pero mi padre jamás aceptaría de buena gana, incluso ahora, planeaba llevarme con él, sin importar lo que tuviera que decir.

Podría manipularlo con eso, decirle que si no tenía nada que esconder...

No. No daría resultado. Las ultimas semanas mi padre había sido todo menos razonable, justo ahora, sabiendo que estuve a pocos metros de Briggitte, en definitiva no escucharía.

Maldición. ¿Acaso todo esto lo había visto venir?

Los minutos pasaban, mis ojos se alejaron de aquella ventana, pero mis pensamientos seguían retumbando sin cesar. En cualquier momento mi padre abriría la puerta, sino cedía pelearíamos.

¿En que momento nos habíamos convertido en ese tipo de relación?

Desde el momento en que no quisiste creer ciegamente en lo que te decía.

Mi ceño se frunció.

Si no podía manipular a mi padre, quizá podría probar con Briggitte. Era consiente de la basura mental que acababa de generar, pero, ¿era tan descabellado? Después de todo, sin importar lo que Briggitte dijera, si eran mentiras, terminaría traicionando el escenario ficticio que inventó, se ahogaría con sus propias palabras y yo podría volver a los brazos de mi padre, pero, quería saber, que tan lejos y profundo podría mentir.




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