Scarlett
Sea como fuera, no demoró mucho para que su voz se quebrará—. Se lo diré —escupió, entre tosidos—. Lo haré, lo haré. Detente.
La piedad era algo que había abandonado mis ojos para este momento, aún así lo hice, solo luego que el liquido hubiera terminado de verterse sobre él.
—Hazlo.
Quité mi agarré, haciéndolo caer contra los pies de Adelaida, ella retrocedió un par de pasos, aún estupefacta de la imagen grotesca a sus pies.
Fabián tosió un par de veces más, antes de comenzar—. Te... te grabamos desnuda.
Los ojos de Adelaida se agrandaron. Antes que aquella mirada borrosa se convirtieran en lagrimas, me apresuré a intervenir—. Tranquila, el video ya esta eliminado.
La mirada de la castaña se calmo, no demasiado, sentía sus ganas de salir de este lugar, se lo permitiría, luego de hacer sufrir un poco más al saco de huesos a sus pies.
—Ahora, este animal tiene algo más que decirte.
Cuando Fabián no abrió la boca, una patada en su espalda lo alentó—. Vamos.
—Perdón.
—¿Qué?—lo volví a levantar por la cabeza—. Creí que te había enseñado algo mejor que eso. ¿Quieres hacerme quedar en ridículo?
—Yo —tartamudeó, sus labios abriéndose y cerrándose, la mandíbula tensa, luchando contra la idea—, lo siento mucho —salió por fin—, perdóname. Por favor.
Yo no podía hablar por Adelaida, de hecho, ella ni siquiera estaba mirándolo, estaba perdida en alguna cosa, no importaba, no era necesario que ella mirara, lo importante era que el saco de huesos que tenía sujeto se quebrará.
—Quizá lo que necesitas es estimulación.
Con la mano libre, sostuve el pedazo de tela en su cuello. Él lo sintió, sacudiéndose al instante. El miedo calando en su piel, de lo contrario no me explicaba que se hubiera agachado la cabeza contra las piernas de Adelaida tan voluntariosamente.
—Disculpa, discúlpame, por favor, te lo suplico, no quise hacerlo —murmuró una y otra vez, su voz volviéndose frágil con cada palabra, débil, tragando su orgullo.
—¿Te sientes satisfecha?
Adelaida, temblando, no supo que responder.
Sin alejarme demasiado, cogí otra lata, la abrí, al instante note como el cuerpo de Fabián se tenso ante el sonido. Fue en cuestión de segundos lo que me tomo verter todo el licor encima suyo, sin darle tiempo a reaccionar. El liquido cayendo sobre su rostro, directo en su nariz, en su boca, empapando su ropa, volviéndolo un desastre.
—Creo que te ves mejor así, ¿no lo crees Adelaida?
Ella no contesto.
Tampoco la obligue.
No tan complacida, ante la poca interacción de mis invitadas, las deje irse con un simple ademán que captaron demasiado bien. Me volví a recoger la tercera lata, esta vez la reacción fue más favorable, el pequeño sonido de la lata abriéndose fue suficiente para hacerlo abrir la boca.
—Perdón, perdóname, no soporto esto. No aguanto más. Para, si fue porque te ahorque, lo lamento, pero suéltame, no lo soporto más.
Mis ojos brillaron, esta vez, no derrame el liquido espeso sobre él, después de todo, lo había pedido tan educadamente, que sería un crimen no ceder. En cambio coloqué mi mano en su mandíbula levantando su rostro hasta que la parte posterior de su cabeza chocaba contra su cuello, me permití admirarlo por un momento. Antes de dejar caer el liquido directo en su boca, obligándolo a tragar, se sacudió al principio, tratando de liberase, pero mi agarré en su mandíbula fue mas profundo, clavándole las uñas con cada movimiento fuera de lugar.
Fabián trago, con fuerza, sino quería ahogarse tenía que tragar y lo hizo, no impidió que el liquido ingresara por su nariz y se escurriendo hasta sus ojos.
—No te creo —fue lo ultimo que dije antes de soltar su mandíbula dejarlo caer sobre el suelo, tosiendo.
Fabián, tardo un poco en incorporarse. Sus fosas nasales completamente extendidas tratando de absorber la mayor cantidad de aire, probablemente sin saber cuando vendría el siguiente ataque.
—Por favor, detente —pidió arrastrándose hacía mi, buscándome como un gusano, colocando su rostro al lado de mis piernas cuando las encontró—. Por favor.
Mi mirada se poso en el sujeto. Por un momento, hubiera sido fácil creerle, creer que por fin se había vuelto dócil ante mí. Pero no sería tan ingenua. Si esto había sido funcionado aparentemente, solo fue porque tome la idea prestada de uno de los videos que encontré en la laptop, al parecer era algo que él mismo le había hecho a una mujer no hace más de cinco meses. No tenía intención de detenerme, pero la incertidumbre era un elemento valioso. El elemento sorpresa. No podía hacer que eso acaba como aquel video por muy provocadora que fuera la idea. Así que, decidí darle una oportunidad.
Deslice mis dedos por su cabello, esta vez, solo una ligera caricia, antes de deslizar mis dedos por su rostro hasta llegar a su mandíbula, lo subí, apreciando su rostro, empapado, gomoso, era un fiasco.
—¿Serás obediente?
—Sí —respondió, un tono demasiado entusiasta, desesperado—. Lo seré, pero por favor, desátame.
La sonrisa se extendió en mi rostro cuando vi como acababa de desperdiciarla. Puede que no comprará el acto, pero si él había decido jugar, podría ver que tan capaz era de continuar.
Pesé a lo que él hubiese creído no era una idiota que se dejaba llevar por un par de palabras, así que cuando bajamos a la primera planta. Él aún permanecía atado, sus brazos firmes contra su espalda. Sus ojos aún con la venda encima. La mordaza había sido necesaria cuando le dije que si quería que lo liberará tendríamos que bajar. Y la nueva adición era el pedazo de tela que colgaba de su cuello, ahora sí era un collar a carta cabal, un firme nudo en su cuello que evitaba que el idiota pudiera escapar, pero también impedía que presionará demasiado fuerte.
Servía.
Sinceramente para cuando llegamos al final de las escaleras, creí que aún La Bienvenida continuaría.
#78 en Joven Adulto
#258 en Detective
#235 en Novela negra
amor odio, misterio comedia verdades y mentiras, manipulacion mental
Editado: 02.03.2026