Compromiso De Élite

10

ISABELLA STERLING

Francesco escruta mi rostro con ojos azules que parecen valorarlo todo.

—Una secretaria de gran belleza, no me sorprende viniendo de Alesso — observa Francesco, pasando por alto mi comentario—. Puedes llamarme Frans —añade con una voz suave, casi persuasiva.

—Soy Isabella, un placer, señor Francesco.

—Frans —me recuerda con una sonrisa coqueta—. Encantado de conocerte, Isabella —estira su mano y yo la estrecho, aunque su agarre se alarga más de lo necesario—, sin anillo alguno —examina mi mano—, ¿soltera entonces?

—Uhmm, sí —respondo un tanto incómoda, retirando mi mano.

—Bueno, ya no por mucho —bromea con cierta coquetería.

Estoy atónita. La similitud de Francesco con Alessandro, tanto físicamente como en su actitud, es sorprendente. Parecen sacados del mismo molde.

—No eres de aquí, ¿cierto? —me cuestiona.

—No, soy neoyorquina —confirmo.

—Ah, de Nueva York —él amplía su sonrisa.

De repente, se desplaza hacia mi escritorio y se acomoda en mi silla, inclinándose hacia atrás. Lo miro con cierta extrañeza.

'Es muy arrogante, apenas llega y ya toma el control'.

—¿Tu apellido es… si me permites preguntar? —inquiere él.

—Sterling —quiero mentir, pero me lo pienso mejor y no lo hago.

Francesco saca su teléfono del bolsillo, teclea rápidamente y su semblante se torna sorprendido mientras observa la pantalla iluminada.

—Así que eres esa Sterling.

‘¿Esa? ¿Qué quiere decir con «esa»?’

—¿Por qué estás trabajando como secretaria aquí teniendo semejante fortuna bajo tu apellido?

—Razones personales —respondo, queriendo no profundizar más.

—Te enviaron aquí como castigo, ¿verdad? ¿Qué mejor manera que mandarte con el tío Richie o, peor aún, con el insufrible de Alesso?

De repente, Francesco levanta su teléfono a la altura de mi rostro y suena el ‘clic’ de una fotografía.

—¿Qué haces? —pregunto, alarmada.

—Nada importante —responde con una sonrisa pícara.

'Este hombre no se anda con preámbulos', pienso, notando un rubor subiendo por mis mejillas.

 

ALESSANDRO BELMONTE

Siento la vibración en el bolsillo y al sacar el teléfono, mi mundo se detiene. Lo que se despliega frente a mis ojos me deja sin aliento. Es un mensaje multimedia de Francesco.

'Primo, aquí estoy en tu oficina. Pero relájate, no hay prisa. Me encuentro disfrutando de la vista por aquí.'

Acompañando el mensaje, una imagen de Isabella en su despacho.

—¡Maldición! —mi exhalación abrupta provoca que mi madre dé un brinco en su asiento.

La urgencia por reaccionar me invade, pero contengo la situación. Miro fijamente la imagen de Isabella en su oficina, mi mente comienza a trabajar a toda marcha.

—Mamá, por favor, necesito irme —le pido con apremio, ya en pie y con el pulso acelerado.

—¿Qué sucede, querido? —su preocupación se refleja en sus ojos.

—Es una emergencia en la oficina, tengo que solucionar un asunto urgente. Lamento interrumpir nuestro almuerzo, pero debes entender que es algo crucial. Prometo compensarlo en otra ocasión.

Sin dar tiempo a réplicas, me retiro velozmente del restaurante, sintiendo el peso de la urgencia en cada paso. ¿Qué está haciendo Francesco con ella? Y esa foto de Isabella, ¿qué significa?




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