Compromiso De Élite

18

ALESSANDRO BELMONTE

—¿Qué diablos está sucediendo aquí? —exclama Robert Sterling, irrumpiendo en la suite con pasos decididos y clavando su mirada en mí—. Sería pertinente que me brindaras una explicación razonable, ahora mismo.

—Por favor, les ruego que mantengan la calma —retrocedo, ajustando la colcha alrededor de mis caderas, sumido en la consternación y la vergüenza por la situación. Busco la complicidad de mi padre con la mirada, pero él simplemente encoge los hombros. ¡Mierda!

—Robert, cariño. Siento que me voy a desvanecer en cualquier momento —Catherine Sterling se lleva la mano al pecho, su marido acude presuroso a su lado, abrazándola.

La situación se torna más seria. Necesito encontrar una salida rápida para apaciguar los ánimos.

—Señor Sterling, no hay razón para enfadarse. En realidad, esto es un secreto entre Isabella y yo, pero... uhm... —hago una pausa, inhalando profundamente—. Supongo a llegado el momento que lo sepan, y es que amo profundamente a su hija y que estamos planeando casarnos, no por un acuerdo, sino por amor.

La sorpresa se refleja en todos los rostros ante mi confesión.

—¿En serio? —la faz de Catherine se ilumina.

—Sí, señora Sterling —hago el esfuerzo por sonreír.

—¡Dios mío! ¡Esta es la mejor noticia! —Catherine Sterling se recupera de inmediato y me abraza con fuerza—. ¡Felicitaciones Alessandro!

Robert posa su mano en mi hombro.

—Más que una buena noticia. Estamos encantados de tenerte como parte de nuestra familia ahora. Acaban de cumplirnos un sueño como no tienen idea ¿verdad, Richard?

Mi padre asiente, notablemente contento.

—Es una sorpresa, Alesso —mi padre sonríe—, pero muy grata.

Todos ríen, excepto yo, que sudo por la amalgama de emociones. Al principio, estaba muy nervioso por haber sido ser sorprendido en la suite de Isabella. Luego, el sentimiento de alivio se asentó en mi sistema al haber encontrado una excusa, pero ahora la ansiedad se ciñe sobre mí por las futuras consecuencias, ya que esta no era ni de chiste, la ocasión apropiada para desvelar una noticia como esa.

Me paso la mano por la cabeza, pensando en Isabella. ¿Cómo reaccionará al descubrir lo que acabo de hacer?

‘Nunca me perdonará’.

 

ISABELLA STERLING

Despierto entre la neblina de la somnolencia, anhelando el calor de Alessandro, solo para descubrir que su lado de la cama está frío y vacío. De pronto, voces llenan mi habitación, lo que me sume en desconcierto. Entonces reconozco sus voces y la somnolencia me abandona de golpe.

Mi madre, mi padre y el señor Belmonte están aquí, ¡están aquí! Me paro de un salto.

Rápidamente, me sumerjo bajo la lluvia artificial, tratando de eliminar el rastro de sudor y el notorio olor a sexo, para luego vestirme con premura. Al salir, mi madre me recibe con un estallido de júbilo.

—¡Cariño! ¡Felicidades! Estamos encantados con la noticia.

—¿Qué? —mi ceño se frunce en confusión.

—Alessandro nos ha contado sobre sus planes de boda.

Mis ojos se agrandan como platos, y al dirigir la mirada hacia Alessandro, lo encuentro cubierto –escasamente– con una colcha que apenas preserva su dignidad. Él, con una despreocupación insultante, encoge los hombros al cruzar nuestras miradas.

—¡Ese canalla! ¡No se librará de esto!

Quedo petrificada, sorprendida por la revelación.

El recuerdo fugaz de alguien llamando a la puerta y Alessandro abriéndola cobra sentido. ‘¡Qué absurdo fue abrir la puerta con tan poca ropa! Era evidente lo que pensarían al vernos, ¿acaso creyó que podríamos disimular lo que pasó?’

‘¡Dios mío! ¿Y su mejor explicación fue que nos vamos a casar? ¡Qué idiota! En verdad haré que pague por esto’.

Mis ojos viajan por el desordenado ingreso, la camisa y chaqueta de Alessandro y mi blusa desperdigada por doquier. ¡Mierda, mierda, mierda!

Alessandro al notar mi incomodidad, rápidamente recoge sus cosas y las mías, acto seguido, se disculpa con todos y en segundos se retira al dormitorio.  

—No tienes ni idea de cómo esta noticia nos llena de alegría y orgullo, Isabella — expresa mi padre conmovido, ajeno a la mentira.

‘¿Qué sucedería si descubriera la farsa? Necesito hablar con Alessandro, urgirle a retractarse’.

—Esto merece una celebración —comenta Richard.

—Por supuesto, esta vez yo invito —responde mi padre.

Minutos más tarde, Alessandro emerge de mi dormitorio, pulcro y bien vestido.

—¿Cuándo se llevará a cabo la boda? ¿Ya tienen fecha? —indaga mi madre, sus ojos alternan entre Alessandro y yo.

Estoy perpleja, no sé qué decir, pero Alessandro interviene rápidamente.

—Tan pronto como sea posible —responde.




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