Mister Kim toma mi mano pasándola por toda su cara, sus labios son suaves y gruesos. Siento su tacto delicado por mi pelo y su mano bajando lentamente por mi rostro. De pronto una cachetada gira mi cabeza.
Despierto de golpe.
A mi lado, un hombre parado, pegándole patadas a mi cama, me levanto gritando asustada.
—¿Qué mierda estás haciendo aquí dentro? —grite.
—Dijiste que viniera a las 10 —expresó Michael.
Tome una sábana y cubrí mi cuerpo caminando sin sentido dentro de la habitación. Aunque estoy en pijama. No quiero que Michael me vea. Llevo sólo la parte de arriba y ropa interior abajo, además, mis pantaletas tienen gatitos con moños.
—¿Cómo entraste? —pregunté.
—Somos novios, recuerdas —ríe.
—Lo digo en serio ¿cómo pudiste entrar? —cuestione— no puedes simplemente entrar a la casa de una persona desconocida.
—No estoy entrando a la casa de cualquier persona. Estoy entrando a la casa de mi novia —respondió con una risilla.
Qué pesado es. Cada cosa me va demostrando más que todo esto es un error, ni siquiera sé si esta persona está bien de la cabeza, podría ser un psicópata y yo simplemente lo dejé entrar a mi casa.
—Hablaré con Anthony.No puedes entrar así de nuevo. Tienes que llamarme antes o esperar abajo.
—Ya relájate, estuve tocando por 15 minutos. Tu puerta no tiene seguro. Agradece que fui yo —plantea— esto te servirá para ser más precavida en el futuro.
Dios mío, realmente no entiende las bases de la convivencia humana. Pero qué más da, ya estoy en esto y no hay vuelta atrás.
Inhalo profundo y eliminó los últimos 10 minutos de mi vida, así estaré mejor. Voy a la ducha, cambio mi ropa y hago toda mi rutina diaria usual pero en velocidad rápida no quiero tener a esta persona durante tanto tiempo solo dentro de mi casa.
Cuando salgo, me encuentro con el recostado muy cómodo, mirando el último capítulo de Jujutsu en el televisor.
—Ven a desayunar —mande.
—No quiero, gracias.
—Debes desayunar, tenemos mucho que hacer y no quiero que te canses a mitad del día.
—Está bien mamá —dijo irónico.
¿Así actúa una mamá? No tengo idea nunca tuve una. Pero mi padre, al menos, nunca me dejó salir sin desayunar.
Le sirvo cuatro tostadas con mermelada y un café.
—¿Cuántos años tienes? —pregunte.
—jajaja —ríe— este mes cumpliré 24.
Claro. Ahora entiendo todo.
Eso me pasa por no investigar y quedarme con el primer candidato que se cruzó. Es un muchacho que apenas está saliendo de la universidad. Trabaja en un café y sigue viviendo en la casa de sus padres, ni siquiera tiene una responsabilidad de pareja, porque su relación es a distancia.
Acuéstate con niños y amanecerás mojado.
—Eres muy joven —puntualize.
—¿A sí, cuántos años tienes tú? —cuestionó.
—28 cumplidos —remarque.
—¿De qué hablas? Son sólo cuatro años de diferencia, tú también eres muy joven —señaló— sólo que te comportas como una abuela.
—¿Primero una madre y ahora una abuela? Ser responsable de uno mismo no significa ser un anciano. Tengo la madurez suficiente y acorde a mi edad. Tú pareces un puberto de 15.
Se larga a reír bruscamente, como burlándose de mí. Qué persona más desagradable, no entiendo cómo tiene pareja. Ni su impresionante belleza podría hacer que me fijara en él.
Alguien llama a mi teléfono, lo escucho tararear la canción. Lo odio, sólo él podría hacerme detestar a Kim Yoongi.
—Aló Jenna —respondí.
—Jennifer —contesta— Sé que hoy no debías venir a la oficina, pero necesito que pases durante la mañana sólo para firmar los documentos pendientes de ayer. Los permisos y el cronograma no fueron firmados. Ya sabes, la brillante organizadora no sabía que debemos tener registro de todo lo que se hace —enfatizó irónica.
—¿Hay alguna forma de hacerlo de manera remota? —pregunte.
—Lo siento, pero no. Necesitamos todo en físico y con firma original.
—Comprendo, estaré ahí en media hora. Muchas gracias Jenna.
Tendré que ir a la oficina antes de ir al centro comercial, Michael tendrá que venir conmigo mientras permanezca afuera no tendremos ningún problema.
Esta vez tendré que ir en mi auto, como no estaba planeado ir a la oficina hoy Charlie no se encuentra disponible. Me carga usar el auto, odio conducir y me incomodan las miradas de la gente en la calle. Thomas me ayudó a escogerlo, un Ferrari descapotable color rojo, extremadamente llamativo para mí. Más que ayudar lo escogió él, según lo que dijo eso me haría más interesante para el resto. No soy capaz de salir con el a la calle, detesto recibir tanta atención.
Michael queda paralizado cuando me ve aparecer.
—¿Qué pasa? —cuestione sentada al volante— ¿es un auto muy anticuado para ti?
—Tienes buen gusto abuelita —reconoció.
La verdad es que no, pero no voy a admitirlo.
—¿Puedo conducir? —pregunta.
—Jamás —respondí— súbete, vamos tarde.
Como un niño pequeño, hace caso a lo que la madre le dice.
Nos estacionamos fuera del edificio, y no es necesario entrar al subterráneo solo firmaré y nos podremos ir.
—Espérame aquí, no hables con nadie —advertí— si alguien se acerca no contestes hazte el sordo, o actúa, eres actor, puedes hacerlo. Nadie puede saber que estás aquí.
—Soy tu amante prohibido —bromea.
Me cuesta acostumbrarme a su tipo de humor por el momento, simplemente lo ignoro, tengo que soportarlo hasta fin de mes, así que no creo que sea un trabajo tan difícil.
Salude a Charlie que estaba en la puerta y se sorprende al verme. Entró de prisa a las oficinas. No quiero toparme con Thomas sé que él está aquí, su horario y bitácora también me llegan al correo. Según mi registro en este momento debería estar en una reunión en la sala principal del último piso.
—¿Jenna tienes los documentos? —pregunté al llegar.
—Si claro, te los imprimo de inmediato.
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Editado: 13.08.2026