Con amor, Jen

Buscando roomie

Acabo de recibir una noticia terrible, podría perder todo por lo que he luchado todos estos años, pero por una extraña razón me siento increíblemente feliz.

No puedo ocultar mi sonrisa de oreja a oreja.

Una postal que jamás creí ver me recibe apenas abro la puerta. Michael tapado con mi manta favorita hasta el cuello, viendo Jujutsu sin mi y comiendo los snacks que tanto criticó ayer.

—¿El desayuno incluía un final feliz o por qué vienes tan contenta? —bromeó.

Eww, que clase de persona cree que soy.

—Creí que no comías chatarra —recalque— ¿Por qué sigues aquí?

—Una papita de vez en cuando no hace daño. Y están muy buenas ¿Quieres?

Estira el paquete hacia mi, las papas de champiñón son muy ricas pero ya comí suficiente.

Niego con la cabeza.

—Creí que te irías cuando me fuera. —dije.

—Te dije que almorzaremos juntos —responde.

Lo decía enserio. Pensé que era solo una parte de su guión.

No puedo ocultar mi sorpresa.

—¿Cómo te fue con tu jefe? —curioseo.

—Bastante bien a decir verdad.

Sus ojos se entrecierran y me analiza de arriba a abajo, con una mirada crítica y curiosa.

—Apuesto que se te acercó mucho más —insinuó.

Se acerca a mí decidido con una mirada profunda y depredadora.

¿Qué les pasa hoy a los hombres? Es el día de no respetar el espacio personal.

—Apuesto que toco tus manos así —dijo.

Sus dedos rozan los míos.

—Y luego subió a tu cuello.

Su mano rodea todo el collar y aparta el cabello de mi cara.

Retrocedí un paso sin darme cuenta.

—Es un lindo collar —dice alejándose.

Vuelvo a respirar, pero mis piernas parecen gelatina. ¿Todo eso lo supo solo con mirarme?

—¿Cómo puedes saber todo eso? —cuestione.

—Soy hombre. Así somos —abrió una gaseosa.

Supongo que la confianza aquí ha llegado a otro nivel. ¿En qué momento? ni idea.

Por su expresión y la forma en que se arroja al sofá pienso que algo le molesta.

—¿Estás enojado? —pregunté.

—Estás loca, por qué estaría molesto —respondió.

Es cierto, porque habría de estarlo si no somos nada realmente.

—Creo que esto —dije señalando el espacio entre ambos— está dando resultados. ¿Entiendes?

Lo miro esperando su respuesta, moviendo mis manos en el aire como explicando algo que no puedo expresar en palabras.

—Si, eso creo —dice copiando mis movimientos.

Se burla de mí y no puede ocultar su cara de confusión.

—No, la verdad no estoy entendiendo nada —soltó.

¡Aargh! no me hagas explicarte por favor.

—Quiero decir que… —intento explicar— Creo que Thomas se está poniendo celoso.

—¿En serio, no te puedo creer? —dijo entre dientes.

—Eres muy molesto —respondi.

—Pensé que esto era para conseguir un mejor puesto de trabajo.

Se levanta y comienza a ponerse sus zapatillas.

—Si, principalmente —respondí— pero podría irnos mucho mejor.

Silencio y una respiración de Michael agotada.

—¿Quieres ser la amante de tu jefe? —respondió— ¿Después de todo lo que hizo... todavía piensas que puede cambiar?

—¡Yo no quiero ser la amante de Thomas!

—No lo parece —increpó— ¿Cómo puede gustarte alguien que te ha ignorado tanto?

¿Aún me gusta Thomas? No estoy segura si eso es lo que mi corazón sigue queriendo. O es un sueño al que me quiero seguir aferrando.

Calle por unos segundos.

—No lo entenderías. —dije.

—Tienes razón.

Toma su mochila y su chaqueta.

—Debo irme —dice molesto.

—Creí que comeriamos juntos —interrumpí.

—Recordé que tengo algo que hacer —dijo— Marta me llamara y tengo que estar en casa.

—¿Tu novia? —murmure.

—Si —dijo— supongo que alguien de todos nosotros debe respetar a la pareja.

Es verdad, a veces olvido que Michael tiene novia, al estar con él me divierto tanto que no pienso en nada más. No quiero que se vaya.

Quiero que se quede.

No lo digas.

No seas tonta.

—¡No te vayas! —solte.

Sus ojos se abrieron de par en par.

—No tengo para que quedarme —dijo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.