Con amor, Jen

Amor triste

Gracias a Charly llegamos a casa sanos y salvos, ni Michael ni yo estamos en condiciones de conducir así que mi auto tendrá que esperar en la oficina hasta el lunes.

Lo ayudo a subir las escaleras, aunque él podría hacerlo solo, lo tome del brazo para evitar un accidente.

Anthony nos ve hacer el ridículo y solo sonríe.

Abro la puerta del apartamento y Michael corre directo al sofá. Se quita los zapatos, tira su chaqueta y toda su ropa superior a un lado y se sienta con sus piernas abiertas.

Tiene un abdomen marcado y brazos fuertes, me pregunto porque oculta todo eso detrás de su ropa holgada y sin forma.

Preparo un café para él y se me hace imposible no mirarlo de reojo.

—Tomate esto —dije pasándole la taza.

—Gracias —respondió.

Me senté a su lado evitando cualquier contacto visual con esos abdominales. Aunque de vez en cuando mirar no es malo.

—Mejor sácame una foto —dice— soy hermoso, lo sé.

¡Aaargh!

—Lo que me sorprende más es la confianza que has tomado —mentí— te ves bastante cómodo.

—Tu querías que viviera contigo.

Es cierto, aún espero una respuesta. Dudé antes de preguntar, pero me arme de valor.

—¿Ya tomaste una decisión?

—Mmm, no. Aún no estoy seguro.

La verdad yo tampoco estoy segura ahora, no sé si pueda soportar verlo todos los días. Convivir con él y luego ver cómo se tiene que ir, olvidó que esto es pasajero.

Convéncete Jennifer.

—Quiero pedirte algo —dije.

Respire profundo y solté las palabras con desesperación.

—¿Podrías hablarme de tu novia?

Ríe nervioso y deja la taza en la mesa para mirarme fijamente.

Es una escena muy atractiva.

—¿Qué quieres saber?

—Tu historia con ella, cómo se conocieron, no sé, algo —explique.

Pienso que sí conozco mejor a la persona que está detrás de Michael podría medir más mis emociones. No quiero causarle daño a una persona que no ha hecho nada malo.

—Marta es… es una chica muy linda, hermosa —dice.

Hermosa… para estar con alguien como él, no esperaba menos.

—Nos conocimos en la universidad. Pero ella se trasladó a otra ciudad el segundo año —continuó.

—¿Eso no te molestó?

—Por supuesto, que la persona que amas se vaya a kilómetros de ti es una mierda. Piensas que hiciste algo malo, te hace pensar que el amor no es tan fuerte como creías —explicó.

Mierda, no debí preguntar.

—Pero está bien, después de todo siguen juntos y su amor fue más fuerte de lo que pensaste —lo animé— ¡Hurra!

Apartó su mirada y dio una sonrisa triste mientras observaba sus manos temblorosas.

—No, el amor no es así —dijo— el amor es felicidad y tristeza. No es perfección. Es cariño y sufrimiento. No existe un amor sin error y las películas son solo eso, una fantasía.

—¿Por qué dices eso?

—Cuando conocí a Marta sabía que ella era muy distinta. Me enamoré porque ella era intensidad, todo se sentía más fuerte con ella. Pero yo no soy así, yo amo… ¿entiendes?

Asentí con la cabeza.

Lo comprendo a la perfección.

—Ella se mudó y al mes conoció a otra persona. —confesó.

Debe ser una broma.

—Lo siento mucho Michael —dije— no debí meterme en tu vida.

—Está bien —ríe— no es culpa tuya, no es culpa de nadie. Jennifer tienes que entender que hay muchas formas de amar.

No para mí. Yo solo puedo amar a una persona.

De hecho solo he amado a una persona.

—¿Qué hiciste para perdonarla? —pregunté.

—Lo acepté.

—¿A qué te refieres?

—Acepté que ella es un corazón libre. Yo sabía que era así y me conformé con eso.

—¿Quieres decir que ella sigue con el otro chico y contigo?

—Algo así. —respondió.

Eso es una mierda yo jamás podría vivir con algo así.

—¿Tú eres feliz? —pregunté.

Larga una carcajada fuerte, se que es solo una máscara para no demostrar lo que le hace daño.

—Nadie es feliz completamente —dice— solo somos un conjunto de muchos momentos que nos dan felicidad. Marta me da eso, mi trabajo, mi familia… tú me das felicidad.

¿Yo lo hago feliz? Soy una persona común, aburrida y para nada agraciada.

Me pregunto si la razón de que Michael aceptara esto es para darle celos a Marta, quizás es su forma de cobrar venganza por lo que ella le hizo.

—¿Por qué aceptaste el contrato? —pregunté.

—Por el dinero. Necesito pagar mi título.

—No, no es por eso —contradije— ¿Por qué lo aceptaste?

Él se queda en silencio y pone sus ojos sobre los míos. Se acerca arrastrando sus rodillas hasta mi lugar y aleja un mechón de pelo poniéndolo tras de mi oreja.

Está demasiado cerca.

Mi respiración se agita y es obvio que él lo nota.

—No lo sé —respondió— Aún sigo averiguándolo.

Me levanté con prisa y él se quedó en la misma posición dominante, riendo y burlándose de mí.

—Me iré a descansar. —dije.

—Voy contigo —dice.

—¡No! —respondí— Tú te quedas aquí, tienes ropa, almohada y tu oso con tutu. No necesitas nada más.

—Pero tu cama es muy cómoda. —suplicó.

—Olvídalo Michael y no intentes entrar, dejaré con seguro.

Él hace una mueca de decepción y me voy hacia mi habitación dejándolo solo.

Me gire para darle las buenas noches y me sorprendo al encontrarlo solo con boxers.

—¡Michael! —grité.

—¿Qué? Sabes que no puedo dormir con ropa.

Su estúpida risita otra vez.

—¡Eres un animal! —dije— Buenas noches.

—Buenas noches abuela. Sueña conmigo.

Cierro la puerta detrás de mí. Me cuestiono si poner o no seguro.

No juegues con fuego Jennifer.

Pongo el seguro.

La imagen de Michael solo en boxers vivirá gratis en mi cabeza durante días.

Espero que mañana recuerde esta noche, aunque sea una parte.




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