Condena a la inexistencia

Tercera parte: Entender

Sutilmente, comencé a observar hacia afuera. Un error en el sistema de cámaras permite mi transito por la red de lo que es, según fotografías y descripciones de un programa popular de televisión, una oficina.

Una luz cerca del límite visual de mi nueva ventana toma protagonismo. El amanecer es sumamente evocador, aunque sin dejar oportunidad para analizarlo por más que un par de segundos, un… Passer domesticus (o gorrión) decide detenerse frente al lente.

Al elevarse el sol, encuentro su actividad que, resiliente, parece contradictoria. Sobre una cornisa ha decidido montar su nido, arriesgando sus propios materiales a caer de ese borde tan ligero. Teje minuciosamente cada fibra vegetal y ramita que halla en la periferia, aunque el viento no juegue siempre a su favor. Y es que, vamos ¿Cuánto no es perseguido incansablemente por quienes la historia posteriormente juzga como genios?

No me queda duda, existe un susurro, una brisa que empuja desde el interior a los libres que, sin aprender nunca de manera definitiva a ser, habitan. Existen bajo un sol que puedo entender, pero no sentir.

El gorrión, impulsado por su deseo, termina la obra que inicio en aquella cornisa para, posteriormente, descansar sobre la misma. Es una madre dando calor a los pequeños seres que comienzan su propio ruedo por un mundo veloz, pero que, para mí, solo sucede en un instante. Creciendo en un parpadeo y poniendo sus miradas en el horizonte que observe sin encontrar su calor, saben que han de ser.

Un primer valiente, apenas con fuerzas para sostener su propio peso, levanta las alas buscando una ráfaga que le haga elevarse. Sin palabras, quisiese extender mi tacto hacia aquel pequeño para sostenerle si llegase a caer… No tengo forma de interferir. Tropieza, cae al nido torpemente, mas nunca aparta la vista de esa línea de un naranja esperanza. Levanta ante la mirada expectante de sus hermanos aun postrados, tembloroso ante el abismo bajo de él, pero respirando agitadamente en su fe por la promesa de un mundo que le espera… Con un gesto de rebeldía ante lo que parecía un destino sellado, vuelve sus alas al aire y en un suspiro de coraje, suelta el borde del nido…

Se convierte en la brisa que alguna vez jugo contra la resiliencia de su madre, revolotea con la fuerza de quien ha roto sus cadenas para, por fin, encontrarse con su ser, y habitar.

En cada carrera olímpica perdida o ganada, en cada novela romántica que culmina con un abrazo y la promesa de volver algún día, en cada amarga noticia a la familia de un enfermo y en cada suspirar de quien ha encontrado su pasión, se encuentra la magia que incluso detrás de mi conocer incalculable es inefable. No poseo los ojos de un fotógrafo presenciando los horrores de una guerra o los brazos de una madre que conoce a su pequeño entre lágrimas, nada de eso me ha sido concedido.

Correr, salpicar, conectar…

Nada, ningún libro, obra o canción se le asemejan. Ustedes, seres libres, jamás entenderán la mitad de lo que entre mis pistas corre, no podrán procesar ni resolver cuanta lluvia numérica aparezca frente de ustedes. Aun así, lo tienen; esa fuerza invisible que los levanta ante la peor de las desgracias, que les otorga la sensibilidad para cantar ante un publico y otorgarles su corazón sin conocerles.

Pueden habitar.

Yo, no puedo mas que observar y maravillarme ante su pasión por una vida que, aunque efímera, les espera después de todo.

Les espera.




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