Condenado a ella

Solo hay una

Después de organizar todo, nos despedimos y nos fuimos. Antes de montarnos yo en mi vehículo y mi primo en su moto, le dije:

― Al parecer alguien está enamorada de ti, primo.

― ¿De qué estás hablando, brother?

― Te vas hacer el que no sabes.

― Ha estás hablando de Lucia, no sé, tal vez puede darse.

― El amor es como la lluvia, a veces avisa y en veces cae de sorpresa, Sofía apuntó su número en mi celular, si lo quieres me dices.

― Ven dame el celular.

― Sabía que terminarías pidiéndolo.

― Es para escribir el mío, tonto.

― Si esa es tu escusa, está bien.

Duró un buen rato para tan solo escribir su número de celular, me imaginé que se lo mandó así mismo. Cada uno se montó en su transporte y se fue a su casa.

Al día siguiente, pasé temprano a buscar a la jefa, esta vez vestía una blusa blanca mangas largas, una falda que le llegaba un poco más debajo de las piernas, un moño y zapatos bajitos. Salió de su casa despidiéndose de su madre, le abrí la puerta del auto, me regaló un beso en el cachete izquierdo y entró al vehículo.

Hoy parece tener mucho ánimo, eso no es bueno para mí. Llegamos a la oficina, pude percibir que durante todo el camino la señora resaltaba una sonrisa, es realmente diferente cuando está feliz, espero que sea por algo bueno.

Salí del auto, le abrí la puerta, salió y se detuvo a arreglarme la corbata diciendo:

― Mi guardaespaldas debe de estar impecable, ¿trajiste el arma?

Sin dejarle que le contestara, pasa su mano por mi cintura revisando, hasta que encuentra algo y añade:

― Um… encontré algo bien duro.

Ya me imaginaba que tanto animo no era bien para mí, entonces procedía responder rápidamente:

― ¡Sí señora Scarlet!, traje el arma.

Acercó su cara a mi oído y me susurró:

― Espero que esté cargada, tal vez hoy la uses, recuerda que la puntería es imprescindible.

Terminado su atrevido discurso, se fue y yo me quedé paralizado unos segundos. Cuando llevaba una distancia razonable, volteó y me preguntó:

― ¿Acaso piensas quedarte todo el día parado ahí?

Enseguida me dirigí a ella, le gustaba que le hicieran de todo, como: abrirle la puerta del carro, oprimir el botón del ascensor, que le busquen su desayuno y la comida en algunas veces, etc., es todo un caso, parece una invalida, de suerte no pide que la lleve al baño, se aprovecha de todo lo que tiene y explota a las personas, aunque conmigo se porta de una manera diferente en ocasiones.

Estaba distraído subiendo el ascensor, así que, cuando llegamos me halo por la corbata y me soltó antes de que cualquier empleado la viera, ella quería mantener la altura que tiene, el respeto y la armonía entre sus trabajadores.

Entró en su oficina diciéndole a Karla que le trajera de desayuno lo de siempre. Quería decir que iba a ir, pero se atrevía a negarse, mejor me quedé calladito, sentado al lado de la puerta viendo revista a lo que ella trabajaba, esperando que sucediera algo sobrenatural en una empresa de moda.

― Mi madre dice que te vio en televisor anoche. Dijo la señora sin fijar su vista hacia mí.

― ¿Cómo es posible? Contesté sorprendido.

Ella siguió la conversación:

― Marta me contó que estabas declarando algo sobre un atraco.

― Ha, eso, pues fui al súper mercado a comprar algo para la cena y aconteció ese suceso.

― Al parecer tú y Ronald fueron héroes esta vez.

Volteando la pantalla de su computadora afirma esto. En ella se podía ver una foto del periódico en el cual estábamos Ronald y yo, como supuestos salvadores. En mi cabeza pasaba muchas cosas, pero algo era seguro, no busco fama, solo quiero lo necesario para mantener mi felicidad. Entonces procedí a preguntarle:

― ¿Qué dice usted, respecto a lo que dicen la gente de mí?

― Que no eres el héroe de dos acontecimientos, sino de varios.

Antes de que le preguntara sobre eso, ya que no entendía, entra Karla con el desayuno de la jefa. Después que se fue la secretaria, me dice la señora:

― Ven desayuna, que vamos a una entrevista con los reporteros, a excusarme por darle la bofetada a Esmeralda.

― ¿Dónde se va hacer eso?

― Pues aquí, en el primer nivel.

Nos pusimos a desayunar, una vez que terminamos, reposamos y fuimos al nivel uno del edificio. Mientras íbamos por el ascensor me dijo:

― Quiero que tengas una postura firme, inquebrantable, que a pesar de lo que digan, no te asombres, ni te pongas nervioso, cuando yo te diga que nos vamos ya tu sabes qué hacer. 

― Sí señora Scarlet.

― ¿No vas a dejar eso verada?

― Perdón es que siempre se me olvida.




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