Vivo condenado a muerte en el coliseo,
pagando por todo lo que sacrificé por seguir adelante.
Me quedaré aquí, en la orilla del mar,
esperando mi final.
¿Será esta mi carta de rendición,
o una nota de suicidio?
Y si es así, ¿quién la leerá?
Aquél que llore por mí unos días,
pero con el pasar de los meses
se olvidará de mí y seguirá con su vida por delante.
El mundo no se detiene porque alguien se vaya;
no seas tan convencido:
a todos nos llegará el momento,
solo que hay otros como tú y yo
que elegimos acelerar el proceso,
o ya lo hemos pensado de todas maneras.
¿Para qué luchar contra Cronos,
si al final nos ganará?
Lo que hagamos en vida el tiempo se lo llevará:
del polvo venimos, al polvo seremos.
Hoy quiero una cosa, mañana otra;
así de incierto es el futuro.
Hoy me miro al espejo y veo más viejo que ayer,
con nostalgia recuerdo cuando era niño
y no tenía que preocuparme por tanta mierda,
solo disfrutar mi infancia,
adaptarme a la rebeldía de la adolescencia.
El tiempo se me fue de largo,
no me di cuenta de cuánto perdí.
Tengo tantas ganas de volver al pasado,
sabiendo que no puedo...
Y tampoco quiero seguir con esta vida.
Daré media vuelta,
miraré hacia otro horizonte,
para equilibrar mi salud mental.