Condenados [saint Seiya]

Capítulo 18 | Confesiones

Mis manos, que acunaban las mejillas de Milo—Cuando lo acerqué a mí para besarlo—, cayeron a los lados de su cuerpo cuando se alejó como si mi simple toque le quemara. Y, por como se quejó, supe que sí.

Mi toque lo quemó.

¿Qué mierda?

—¿Estás bien?

Asintió levemente y tomó un poco de distancia de mí.

—Te aseguro que no quería alejarme así—Dijo inmediatamente, pero no se atrevía a mirarme, sus zafiros divagaban en el paisaje frente a nosotros—. Quería besarte, pero...

—¿Qué sentiste?

Milo soltó un suspiro antes de sacudir la cabeza en una negativa.

—No es relevante—Zanjó.

Los instantes siguientes que pasamos en absoluto silencio, fueron realmente incómodos. Yo no sabía que decir y él parecía no querer cruzar palabras conmigo.

Suspiré.

—Creo que debo irme—Anuncié—. Camus me dijo que no tardara demasiado, ya sabes, no es seguro. Al menos para mí.

Milo sonrió tenuemente.

—¿Sigue siendo tan sobreprotector?

Asentí.

—No tienes ni idea.

Me levanté y sacudí el polvo de mis pantalones de algodón dispuesta a marcharme, sin embargo, la voz del caballero ganó mi atención, por lo que me obligué a permanecer allí unos instantes más.

—Sigo creyendo que no me tolera, pero es muy educado como para mandarme a la mierda—Confesó—. Digo, si tuviese una hermana y viniera un imbécil a romperle el corazón, yo también me pondría furioso porque nadie tiene el derecho de jugar con ella.

Mi corazón se arrugó ante sus palabras.

Después de que supiera que me había engañado, no habíamos hablado del tema. Y creí que seguiría así por mucho tiempo más.

Que equivocada estaba.

—¿Por qué? —Demandé— ¿Por qué, entonces, tú si lo hiciste?

Por primera vez desde que había especulado que lo quemé, me miró. Y me odié cuando todas las sensaciones que nublaban mi sentido común se hicieron presentes en mi sistema.

Ira, traición, enojo, cariño, decepción.

Tenía tantas emociones encontradas, que me era imposible mantener la cabeza fría y pensar en algo coherente.

—Yo no te engañé, Grett. Nunca lo haría—Aseguró—. Tú asumiste eso y no me dejaste explicarte.

Mi ceño se frunció inconscientemente, mis labios apretándose en una línea.

—Shina me lo confirmó, Milo—Bramé—. ¿Cómo pretendes que te crea ahora?

Él se levantó de la roca, con lo que pude presenciar la diferencia tan notoria de estatura entre ambos y como ahora estaba a escasos centímetros de mí.

Unos cuantos cabellos se movían con el viento y sus ojos se tornaron más cristalinos con la luz de luna que lo iluminaba. Esa combinación de luces y sombras solo resaltaba más sus facciones angulosas, así como el bronceado natural de su piel.

Su aroma inundó mis fosas nasales mientras que luchaba por no hacerle caso a mis impulsos hormonales y lanzármele de nuevo para besarlo.

—¿Sabes que estaba haciendo ese día en el que Jabú supuso cosas que no eran? —Inquirió—. Estaba tratando de conseguir una jodida rosa a Afrodita de su jardín para dártela. Ese día iba a hablar con Camus ¿Lo recuerdas?

Solté un jadeo, sorprendida.

—¿Qué?

Milo elevó una de sus comisuras.

—Que no era yo, Grett—Reiteró—. Yo no estaba en Escorpio ese día, mucho menos te engañé.

 

 

🌠🌠🌠

¡Hola! ¿Cómo están? ¿Qué les está pareciendo la historia?

Hoy solo diré que se vienen cosas grandes que desencadenarán el desenlace de esto...

¡Los amo! ¡Nos vemos en la siguiente actualización!

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