Conduce mi dolor

3. Todo un revuelo,

3. Todo un revuelo

 

Esto ya no me estaba gustando en qué momento pensé en golpearlo de esa manera. Creo que ni pensaba en ese momento solo estaba enojada y quería desquitarme por lo que el idiota de Raven me había hecho. No fue la mejor manera me acabo de enfrentar con la persona más cruel que eh conocido, si él era una mierda de persona con Tara que me espera a mí que no tengo su sangre mucho menos somos amigos o algo así solo sé que yo lo repudio y el sentimiento es reciproco. A él nunca le ha gustado que tenga una amistad con Tara. Pero yo también podía llegar a ser demasiado cruel y una persona muy mierda si yo quería.

Raven te has topado con un gran muro y ese muro soy yo.

Mi jodida moto –perdón abuelo- no arrancaba, no prendía. Porqué decide apagarse justo en este momento. Intenté varias veces cuando por fin lo conseguí. sentí unos brazos abrazarme por atrás con mucha fuerza cargándome para bajar de la moto traté de forcejear, pero fue en vano. Raven me giro con brusquedad hacia él, haciéndonos quedar de nuevo muy cerca.

—Acabas de cometer un error nena — me sostenía de los antebrazos para no zafarme de él. Me miraba con odio.

—Suéltame idiota— advertí. Pero a él no le pareció ninguna advertencia, más bien al contrario. Solo tenía esa sonrisa de oreja a oreja que jodidamente era hormo ... no, no. ¿Por qué el idiota tenía hoyuelos? ¿Por qué los malditos diablos tienen rostros de un ángel? —. Suéltame —repetí. Ladeo la cabeza

— Estas jugando con fuego. ¿Acaso te quieres quemar Tharir? —. Pregunto enarcando una ceja. Yo empecé a reír, ¿acaso este idiota quería que jugara este juego?

—Suéltame —volví a advertir. Lo bueno que esta vez sí me hiso caso, pero para mí desgracia me soltó, pero al suelo. Donde solté un chillido de dolor.

—Te solté con esa sonrisa estúpida.

—¡Eres un idiota Raven! —Exclamo Tara que venía hacia mí, pero antes de llegar Raven la jalo del brazo —. Suéltame imbécil —gritaba suplicando.

—Tú no te metas. Este asunto no es tuyo. David ven sujétala—se la entregó a David mientras ella intentaba hacer que la soltara.

Trataba de levantarme, mala idea ponerme un short de seguro mis rodillas se han de haber raspado. Raven se agacho a mi altura.

—Te ayudo -—me dio su mano, se la avente. Me tira y luego quiere ayudarme. Ja.

—Pedazo de mierda —masculle. Me levante y lleve mis manos hacia mis rodillas que estaban sangrando.

—Eso te ganas por hacer lo que hiciste nena— se burla.

—Lo volvería hacer —lo señalo— Eres tan poco hombre que trajiste a tus lamehuevos y después me tiras al suelo para humillarme.

—Me dijiste que te soltara.

—Qué bueno que si captas las cosas. Por un momento pensé que no tenías neuronas — me mira burlón y luego chasquea su lengua.

—Vamos a dejar algo en claro -—me señala —. Tu acá no eres nadie. Eres como tu madre una zorra. —Le solté una bófeta en un abrir de ojos que le hizo girar el rostro. Ni lo pensé solo hice nadie iba hablar de mi madre mucho menos este.

—De mi madre no vas a hablar. Habla mierda de mí, pero no tienes ningún derecho a mencionar a mi madre —advertí. Sus ojos grises estaban oscuros me miraba con desprecio, acababa de golpearlo dos veces y no me arrepiento. Ahora mi mano, está ardiendo su mejilla esta roja.

Sin esperar una respuesta que de seguro solo iba a ser pura mierda me gire hacia mi moto, todos estaban sorprendidos. Vi de reojo a Tara que mi miraba incrédula, me gesticulo un "lo siento".

Antes de subirme a mi moto sentí un jalón en mi brazo que hizo que me mareara. Raven me empezó a girar hacia todos.

—Ella era hija de una de las prostitutas en nuestro pueblo y cree merecer respeto - espeta hacia todos. Me voltea a ver. —Tu madre no tenía respeto ni de ella misma—. Todos empiezan a decir cosas que no alcanzo a entender.

Me sentí como una niña pequeña encerrada en una jaula. Veía todo moverse, no escuchaba nada de lo que decían solo llegaban a mi mente los recuerdos.

Ven acá.

No sirves para nada.

Quítate la camisa.

Eres mi maldita esclava.

Tú y tu madre son unas malditas zorras.

Eres una inútil.

Maldita bastarda.

Cállate.

Vas a ser mía.

Bájate el pantalón.

Me la pagaras.

Deja de llorar.

Levántate.

Maldita puta.

Todo en mi daba vuelta. Esas palabras regresaban a mi mente una y otra vez. Me sentí débil. Mis ojos se cristalizaban.

—Ya, ya por favor— suplicaba—, para, para.

Las palabras que acababa de decir ya las había repetido hace años. Prometí jamás volver a repetirlas y ahora lo estaba haciendo. Me sentí humillada de la misma manera que ese hombre me hacía sentir. Ya no quería. Ya no podía. Solo era dolor.

—Por f-favor y-ya, ya — mi voz se quebró.

Solo podía ver a todos reírse, diciendo cosas que obvio eran insultos.

—Ya está llorando nena. No que muy valiente Tharir —me soltó. — ​​Recuerda. Tú no puedes enfrentarme a mi yo soy tu pesadilla.

Me limpié las lágrimas, no le conteste, corrí hacia mi moto y me marché.

Escuchaba que me hablaban, pero no volteé solo quería desaparecer.

¿Por qué el mi hizo esto? ¿Por qué a mí? No entiendo jamás había hablado con él ni mucho dirigirnos una mirada y ahora todo había explotado.

Había empezado una batalla con Raven y solo uno iba a ganar.

Entre al camper, lo primero que hice fue derrumbarme y llorar. Sacar todo eso que por tanto tiempo me ha aturdido.

Odio a Raven lo odio me hizo recordar cosas que ya estaban en el pasado. Si me humillo es cosa que me da igual. Pensé que ya podía empezar de cero olvidar todo lo que me había sucedido, pero no fue así. No merecía ser feliz merecía ser castigada, merecía ser repudiada, no merezco nada. Raven iba a ser mi pesadilla y mi tortura.




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