Conduce mi dolor

12. Si yo hubiera...

Tharir.

Veo los carros pasar mientras me siento en un puente con un cigarro. Esperando que vengan por mí. No sé porque Zacarías me sito aquí, era más fácil ir al casino como siempre lo hago.

Maldita vida.

Ha pasado una semana desde lo qué pasó en Sindy, no volví a escuchar del tema, solo de algo que Tara me contó que salió en las noticias donde reportaron unos tres muertos y varios heridos. Supuestamente la policía se está encargando de clausurar el lugar. En unas semanas se olvidan de eso y regresarán las carreras.

Los días han pasado demasiado lentos, ya no quiero seguir así. Perdimos los diez mil dólares eso significa que no seré libre de la deuda. Solo necesito un respiro. Veo la bolsita transparente que tengo entre mis manos.

Tan solo tantito. Lo necesito.

No, no, no puedo. Aprieto la bolsa con mi puño y maldigo ¿Por qué es tan difícil esto? Nadie sabe lo que se siente tener una adicción y aunque estés limpio por un largo tiempo, la maldita tentación sigue.

—Vámonos — al escuchar esa voz gruesa guardó la bolsita y la meto en mi chaqueta. Me levanto de mi lugar y camino hacia Zacarías que está encima de la moto, me acerco y me ofrece el casco—. Sube.

El maneja, mientras yo trato de ubicar a donde me lleva. No le digo nada, tampoco tengo ganas de hablar con él. Solo cierro mis ojos y me dejo llevar. Se estaciona en el ... lago.

—¿Que ...? ¿Qué hacemos acá? —Pregunto bajándome de la moto—. No se supone que íbamos con Abdón.

—Tu y yo tenemos una plática pendiente y Abdón me importa una mierda como para preocuparme por sus asuntos — dice seco.

—Entonces habla — digo. Me recargo en la moto y él se sienta en una piedra grande.

—Te bese porque me gustas.

Directo.

—No solo fue un arrebato y tú sabes muy bien que yo no me ando con esas estupideces de una sola noche o solo un beso. No es lo que quiero contigo.

Demasiado directo.

—Eres valiente, tienes agallas, eres linda sin llamar tanto la atención, te preocupa tu abuela, haces todo lo necesario para sobrevivir. Eres ... como yo. Los dos crecimos en este mundo, tú quieres irte al igual que yo, pero el problema es que sé que tú no lo harás, no dejarás a tu familia sola por escaparte conmigo — se levanta de la piedra y camina hacia mi—. Sigo trabajando para Abdón ... solo por ti. No quiero dejarte sola con él.

» Me enojé demasiado cuando te vi irte con ese idiota. No entendí porque decidiste irte con él. Estaba preocupado por ti cuando escuche el disparo, te busque por un rato, tuve que irme cuando escuche las sirenas de la policía. Llegué a la gasolinera donde te encontré con esos imbéciles y que te fueras con el me encabrono —me toma del rostro—. No hagas eso, no me pongas celoso o no podré controlarme.

Sus labios van a los míos y los junta con un beso. Lo dejo seguir y solo cierro mis ojos. No tengo palabras para decir cómo me siento porque ni yo lo sé. No puedo estar con nadie, no quiero estar con nadie. Zacarías es bueno él no se merece que lo engañe fingiendo sentir algo que tal vez nunca podré.

Lo tomo del pecho y lo separo. Zacarías frunce el ceño. No se esperaba esta reacción.

—No—sentencio—, sabemos muy bien que las cosas entre nosotros no pueden pasar, estamos rodeados de mierda. De una jodida mierda de la cual tal vez nunca salgamos. Yo no te gusto Zacarías, tú solo quieres cuidarme, sientes lástima por mí.

—Eso no es cierto, te estoy siendo sincero y ...

—No te engañes, te sientes culpable por lo que me pasó, y quiero decirte que no lo eres. Nunca te lo he dicho, pero gracias por defenderme, no necesito que me quieras de esta manera, solo se mi compañero de trabajo y si quieres un amigo. Es todo lo que te ofrezco, no puedo corresponder a algo que ninguno de los dos siente.

Es cierto, tal vez le guste y el a me atraiga, sin embargo, jamás vamos a llegar a querernos de otra manera. Zacarías solo siente culpa y quiere cuidarme, protegerme y quiere hacerlo de otra manera que no es la correcta.

Después de unos largos minutos de silencio hablo:

—Llévame a mi casa por favor — me coloco el casco de nuevo y Zacarías sin decir nada lo hace.

Llegamos al puente y me bajo dándole el casco.

—Perdóname — dice en un susurro—. Si yo hubiera ...

—Él hubiera no existe Zac. No tengo nada que perdonarte tú me ayudaste en muchas ocasiones. Un día encontrarás a alguien que, si te corresponda y los dos saldremos de esta mierda, seremos felices — creo que eso lo digo más para mí que para él. Se vale soñar. Le doy un pequeño abrazo y me voy a casa.

Zacarías es un gran hombre, lo conozco de años y a veces me cae mal. Solo de verdad espero que un día termine esta pesadilla.

Entró a casa, mi abuela está despierta viendo la televisión. Hago algo de comer rápido y me pongo a ver el programa de televisión junto con mi abuela, le cuento lo qué pasó con Zacarías. Mientras le hablo ella hace unas muecas divertidas e unas raras señas con su manos.

Como amo a mi abuela.

Aunque ella no pueda hablar o mover sus piernas. Ella es una guerrera para mí.

—Jamás me dejes abuela — susurro, le doy un beso en la frente—. Se terca y quédate más tiempo conmigo — ella me sonríe y también me da un beso—. Perdóname — pido—. No debiste meterte ese día — me aprieta el hombro y sé que quiere que ya no diga nada.

Me limpio las pocas lagrimas que me salieron, también limpio las de mi abuela.

Como odio a Caleb, lo odio tanto. El arruinó mi vida y la de mi abuela. El arruinó mi ... familia. Solo quiero que pague por todo lo que nos hizo.

***

Regreso a la aburrida escuela, me siento en la gradas, saco a mi mejor amigo, lo enciendo y veo el amanecer.

Últimamente he llegado temprano a la escuela, veo como el sol se coloca en su lugar para iluminar el día.




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