Conduce mi dolor

31. Dime que me odias.

Tharir

Han pasado cuatro días desde que volví a probar lo que tanto daño me hace, estos días me he acabado más de tres cajetillas de cigarros, he tratado de no volver a recaer de verdad lo estoy intentando, no puedo seguir así tengo que dejarla, tengo que dejar todo. Estos días he hecho mis ejercicios de respiración, me he tratado de concentrar en la escuela y en arreglar mi moto, pero la maldita tentación sigue ahí. Había jurado dejarla a un lado, le había hecho una promesa a Zacarias y la estoy rompiendo.

Me remuevo entre mi banca nerviosa, alzó y subo mi pierna nerviosamente, aún no he tenido todos los síntomas, pero sé que si vuelvo a consumir no vuelvo a salir de ese mundo. Miro al profesor que explica y explica solo que no logro escuchar nada de lo que dice siento que alguien está zumbando en mi oído. Necesito que se calle ese ruidito o explotare. Hago palitos y bolitas en mi cuaderno, tengo que relajarme hoy vería a Zacarias para contarle sobre mi papá y para que el me dijera algo sobre Caleb y si el me ve así rápidamente puede deducir que he vuelto a probarla. Así que respiro hondo, noto varias miradas sobre mí, pero no me importa, necesito relajarme yo.

Después de un rato logro controlar los nervios y la campana suena dando a entender que la clase ha terminado, así que no dudo nada y salgo corriendo, choco con unos cuantos chicos que me gritan solo que me dan igual y los ignoro. Entro al baño, abro el grifo y me mojo la cara para que no se note tanto mi cara demacrada. Salgo corriendo hacia la salida, este día estoy muy energética, tal vez sea por las ansias. Me subo a mi moto y me voy en marcha hacia el mirador donde vi por última vez a Zacarias.

Estacionó la moto y me siento en el césped, saco un cigarro que no dudo en prender y darle caladas. Unos cinco minutos después escuchó el motor de otra moto, no hace falta girarme para saber quién es.

—Hola, odia todos.

Abro mucho los ojos cuando al qué veo es a Raven parado justo enfrente de mí.

—¿Que ...? ¿Qué haces aquí? —Suelto mientras me levanto de mi lugar para estar cara a cara con él. Estos días no lo había visto, bueno si, pero no nos habíamos hablado —. ¿Me seguiste?

Raven tiene una sonrisa ladeada en su rostro.

—El mirado es público, odia todos — comenta—. Y si, si te seguí — admite.

Hago cara de indignada.

—¿Por qué me seguiste? —Fruncí el ceño, él me dijo que se iba alejar de mí, no entiendo que hace.

—Te vi salir como bala de la escuela, te veías demasiado nerviosa, así que bueno ... te seguí.

—Ya puedes irte. Yo estoy bien —dije bruscamente—. No te necesito aquí. — A parte Zacarias no tardará en llegar y no quiero que se encuentren.

—Como te dije es un mirador público. — Miro a su alrededor con una sonrisa maliciosa—. Así que me quedaré, tú puedes irte o ... quedarte.

Me crucé de brazos y enarqué una ceja. Yo había llegado primero, siempre el primero se queda.

—No me iré a ninguna parte, tú puedes irte o ... quedarte, como te apetezca. — Me volví a sentar—. Solo que aléjate, porque en unos momentos tendré compañía y hablaremos de cosas de nosotros.

Raven borro su sonrisa, pero luego volvió a sonreír. Apagué mi cigarro y lo tiré.

—¿Vas a ver a tu papá? —Pregunto con una sonrisa ladeada.

—No, vendrá Zacarias el chico de la gasolinera por si no lo recuerdas — informe. Raven borro su risa completamente.

—¿Se besarán?

—Si nos besamos o no a ti no te interesa — asevere—. Cada uno hace su vida y no me habías dicho que superara mi miedo.

—Tienes razón a mí no me interesa, pero es bueno saber que mínimo has superado tu miedo. Me alegro por ti, aunque me hubiera gustado que fuera yo el que te ayudara — confesó.

Su palabras me llegaron no quería hacerlo sentir mal, a parte yo no sentí nada por Zacarías al contrario por Raven sentía mucho.

—No, espera. — Lo detuve antes de que se fuera—. Era broma, ¿sí? Él y yo solo somos amigos.

—¿Son amigos? ¿Tú no tienes nada con él? —Había esperanza en su mirada.

—No claro que no, él es como mi hermano, a parte tu eres el ...— Me calle antes de decir una estupidez.

—¿Soy el que? —Camino hacia mí y tomo mi rostro. Quedamos demasiado cerca, sintió mi respiración acelerarse y mi corazón palpitar como si estuviera a punto de salirse—. ¿Soy el que, Tharir?

—Mi amigo ...— solté las primeras palabras que me llegaron. Raven me soltó como si le quemara.

—Dime que me odias — pidió, fruncí el ceño al no entender a qué se refería, antes de que pudiera preguntarle el volvió a hablar—: De tú boca jamás saldrá un "me gustas" o un "te quiero", porque tú no eres así, pero si lo haces de la manera en que solo sabes puedes arreglar mi maldito corazón que lo estás empezando a destrozar, Tharir Davis.

Mierda.

Y yo estoy destrozando el mío solita.

¿Y si él tenía razón? Tal vez nunca decía mis sentimientos porque yo no sé expresarme como todo adolescente normal suelen hacerlo. Definitivamente si soy alguien anormal.

Me giré hacia el mirador, podía sentir la mirada de Raven, solo que el ya no dijo nada más.

Otro motor de moto se escuchó y giré para ver a Zacarías bajarse junto con su casco. Raven resoplo y me dio una mirada que claramente me pedía que fuera con él y le confesara lo que sentía.

Pero no lo hice.

Zacarías nos observó a los dos frunciendo el ceño, antes de que preguntara me le adelanté.

—Solo hablábamos de un proyecto escolar, pero creo que Raven se quedará aquí, ¿podemos ir a otro lado? —Espete. Raven volvió a resoplar y levantó su casco que no me había dado cuenta de que estaba en el suelo.

—No se preocupen, yo me voy — dijo Raven con desdén. Quería decirle algo, pero ya lo había lastimado lo suficiente como para que me escuchara. Subió a su moto sin darme una mirada y se fue.




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